Colosos de las rías

Una temporada inolvidable nos permitió batallar con inmensas corvinas negras a tiro de caña, como hacía rato no se veían. Nota con video.

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Esta temporada 2017 será recordada como aquella en la que volvieron las grandes corvinas negras a la ría de General Lavalle. Porque después de más de un lustro sin pescarlas de manera firme, desde la primavera pasada y lo que va de este inicio de
año, corvinas de 5 a 25 kilos premiaron a los viejos nostálgicos de la especie y a los debutantes con las black drums (tambores negros).
La corvina negra (Pogonias cromis) es notablemente menos abundante que su pariente la corvina rubia, pero alcanza portes muy superiores, llegando a pasar los 40 kilos. Las rías de Lavalle son la cancha de pesca ideal para esta especie, pues en grandes cardúmenes se arriman a alimentarse de sus nutridos cangrejales y el pescador tiene a estos verdaderos colosos a tiro de caña. La emoción se inicia al sentir el ronquido típico de la especie, audible a gran distancia.

Una pesca con matices

La dificultad de acceso a las buenas zonas de pesca –islas inundables con marea alta donde hay que llevarse todo– hace menester contar con un servicio de transporte mediante un guía autorizado. La jornada clásica va desde el ocaso de una jornada hasta el amanecer de la otra, dado que “normalmente” la especie se activa por las noches.
Y decimos “normalmente” porque este año se dieron muchísimas capturas de día. Como le ocurriera a Nicolás Lucca, amigo pescador de Dolores, quien en su primer intento llegó al mediodía y tuvo suerte de lograr un pique de inmediato. Pero lo que sobrevino fue una marea extraordinaria (de 1,50 iniciales a 2,50 metros) que obligó a una evacuación de pescadores por orden de Prefectura, y así la fiesta terminó prematuramente a las 17 horas, cuando el agua ya le había llegado a la media caña de la bota a nuestros amigos en esta zona de cangrejales, muy inundable, donde para que arrime la corvina es clave que el agua marina predomine sobre la dulce (no como en años anteriores cuando ocurrió lo inverso y la corvina brilló por su ausencia).

Molestos con la situación, enseguida decidieron la revancha volviendo 24 horas después. Nuevamente las ilusiones embarcaron junto con los posacañas, la carpa, los bidones de bebida, la leña y los equipos de pesca, compuestos por cañas de 2 metros de 20 a 40 libras (1 libra = 0,453592 kilo) de resistencia, con otras de 4,20 m, reeles rotativos tipo 6500 y otros frontales de la vieja guardia. Los reeles pueden cargarse con monofilamento del 0,40 al 0,50 con salida del 0,70 y armar la línea del 0,90, o bien podemos usar multifilamento de 30 libras en la carga del reel tipo 6500, empalmando esa multifibra con una salida de monofilamento del 0,70 y línea armada en la misma salida. Las plomadas satélite son efectivas, y si hay mucha marejada, modelos pera con ganchos.

La revancha

Como dijimos, se buscó revancha en la segunda jornada, embarcando a las 16. Y con el campamento instalado a las 17:30, la primera hora de pesca fue gloriosa porque las cañas empezaron a dar señales de vida de inmediato: bastaba tirar a 50 metros con dos cangrejos encarnados para que se produjera la bajada de caña clásica y se iniciara una lucha titánica entre pescador y coloso del mar. Y todo en el marco donde las negras roncaban con ganas antes del ocaso.
El pique tiene dos formas clásicas: con el cabeceo cortito y el aflojón que indica que se vino para la orilla, o con el cabeceo fuerte que no nos permite ni sacar la vara del posacaña.

Esto tiene que ver con los hábitos alimenticios de las negras, especie que viene hociqueando el fondo y engullendo cangrejos a su paso, a los que tritura con placas óseas en el fondo de su cavidad bucal. Lo mejor es encarnar con cangrejo hembra, que son por lo general más chicas que el macho, reconocibles por su color rosado y –dependiendo la época– porque tienen huevas, manifiestas en un vientre inflado y un polvillo violáceo a negruzco muy característico. Estos cangrejos se recogen tirando un mediomundo a la ría con un trozo de carne o grasa y levantándolo a los pocos minutos. Se juntan los cangrejos en un tacho y luego se los encarna de diversos modos.
Uno clásico es el de quitarle las pinzas y enhebrarlos de cuerpo entero pinchados de lomo a panza, sin quitarle las patas. Algunos practican un encarne llamado “caramelo”, que consiste en sacarle todas las patas al cangrejo y sumar los que cargue un anzuelo 5/0. Y una tercera variante es el encarne “arañita”: se le saca la carcasa superior y las pinzas, dejando las patitas, en la convicción de que este encarne ceba la zona al exponer la carne del cangrejo. El hilo elástico siempre ayuda a fijar el cebo para una buena presentación.

Con lances cortos

A principio de temporada entran las hembras y luego lo hacen los machos, más grandes, jorobados y cabezones “lomos negros” que desvelan al pescador de mar. Guías y pescadores consagrados como Omar Morelli, Diego Araujo y Leandro Ponce se reencontraron también en esta temporada con portes superlativos de la especie, que fueron de 17 a 25 kilos.
Claro que si bien el premio es grande, hay que decir que la pesca no es constante: a jornadas de 4 a 6 ejemplares por grupo le sucedieron días de 20 corvinas entre 200 pescadores. Es cuestión de “hacerle el aguante” a la especie, llevar abundante repelente y estar atento a cada pique para no perder oportunidades, cosa que a veces se dificulta cuando el pescador atiende muchas cañas.

Por último –y he aquí un atractivo de la especie en esta zona–, los lanzamientos no tienen que ser muy largos ya que la corvina se acerca al veril a comer. Las plomadas pueden ser satélites o con ganchos de destrabe según la correntada, y las mejores horas de pique se dan en creciente casi al llegar a la máxima, y en bajante a no más de 3 horas de la plea. Luego se corta la cosa hasta el otro ciclo de creciente y bajante.
El tardío desove de enero alienta esperanzas de una temporada prolongada este mes, donde las grandes corvinas negras están recuperando fuerzas. Será cuestión de aprovechar el “alargue” y darse el gusto.

Nota completa publicada en revista Weekend 533, febrero 2017.

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