El majestuoso Sucundurí

El río amazónico es uno de los pesqueros más ricos del mundo. Galería de imágenes.

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Decimos que un pesquero es muy bueno, cuando obtenemos muchos o grandes peces en condiciones normales. ¿Cómo denominarlo cuando eso sucede en una situación inesperada, contraria, lejana a lo habitual? “Otimo (óptimo)” es la palabra portuguesa que más me gusta. Y la que usé para dar mi opinión de cómo nos había ido al grupo de seis argentinos que visitamos el campamento sobre el río Sucundurí, en el estado brasileño de Amazonas.

Viajamos en avión hasta Manaos, vía San Pablo, e hicimos noche en el excelente hotel Tropical para esperar el hidroavión al mediodía del día siguiente. La experiencia de posar y despegar en el agua es maravillosa. ¡Increíble cómo corcovea para salir del río! En poco más de una hora ya estábamos, con nuestra habitual carga de ansiedad, en el campamento, al que también había visitado en 2007 y 2011.

El río tenía un nivel altísimo totalmente fuera de época y, por ende, dificultaba la pesca. Rubinho nos había avisado pero quisimos arriesgar. Sus guías salieron a pelearla: con las dificultades típicas de la región, abrieron caminos entre la selva amazónica para alcanzar algunas lagunas desconectadas del río y, por tanto, con un nivel normal de agua. Para pescarlas llevó a cada espejo un par de botes chicos a remo o kakays dobles. El kayak permite realizar una pesca espectacular, porque el pescador se encuentra a nivel del agua, lo que facilita los tiros rasantes para colocar el señuelo o la mosca bajo las copas de los árboles, guiado por el baquiano que rema a sus espaldas.

En el río, la extraña creciente nos dio la oportunidad de sacar especies nada comunes para este curso, como bicudas de muy buen porte, velocísimas y peleadoras, que tomaron minnows de paleta corta, y las gigantescas piraíbas, con carnada natural.

El tucunaré siempre da pelea

En los lagos cerrados o cuya comunicación es muy remota (hasta una hora de navegación en los botes de aluminio, mientras los guías macheteaban ramas y se bajaban a empujar para pasar sobre grandes troncos) se destacó la pesca en baitcast de gran cantidad de tucunarés chicos y medianos. Como queríamos ejemplares más grandes, con mi compañero de pesca, Juan Pablo Gozio, fuimos a un pequeño ojo de agua subiendo una barranca del río y caminando entre el barro y el colchón de hojas.

Mientras Juan ataba la mosca, en el segundo tiro clavé un tucunaré de seis kilos con un jig, cuyas plumas y protector de la punta fueron atados por Rubinho en el campamento en un intercambio de ideas con Juan y Roberto Bermúdez, otro de la barra criolla. La potencia del tucunaré es tremenda. El reel tenía el freno bien ajustado, con poco margen para permitirme sacarlo entre los palos costeros y pelearlo en aguas más abiertas, donde la caña de 10-20 libras absorbió la lucha hasta cansarlo para tomarlo con el boga grip y devolverlo. Todo se retorna a su medio, salvo algún tucunaré chico (muy abundantes) que el guía prepara asado al mediodía, mientras los pescadores disfrutamos del descanso en una hamaca paraguaya a la sombra. ¡Qué más pedir para la pausa del momento de más calor!

Nota publicada en la edición 497 de Weekend, febrero de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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