Thursday 25 de April de 2024
TURISMO | 23-03-2024 19:00

Viaje a lo profundo de Tierra del Fuego

Un recorrido en vehículo cruzando el Estrecho de Magallanes para atravesar la Isla Grande hasta Tolhuin, Puerto Almanza y Cabo San Pablo, entre naufragios y estancias patagónicas históricas.
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Cruzamos la Patagonia completa en vehículo hasta Río Gallegos y dejamos atrás la capital santacruceña para salir a la nada esteparia por la RN 3, cortando a la mitad una planicie sin árboles. Hacemos migraciones para pasar a Chile y, en Punta Delgada, nos embarcamos con el auto en una barcaza para navegar el estrecho de Magallanes –descubierto en 1520–, después del cual la cartografía antigua ubicaba a la Terra Incognita Australis, aquel continente imaginario prefigurado por Aristóteles: la antípoda del Polo Norte. Atravesamos el canal en 20 minutos acompañados por una pareja de toninas blanquinegras dando saltos paralelos. Y desembarcamos en la Bahía Azul de la región chilena de Tierra del Fuego.

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Rodamos hora y media sobre pavimento para cruzar a territorio argentino en el paso fronterizo San Sebastián. Y la RN 3 nos lleva a la ciudad de Río Grande por una estepa de pastos ralos. Al llegar nos detenemos en el Cabo Domingo, un ventoso promontorio que ingresa al mar y termina en un recto acantilado. Y visitamos la Misión Salesiana, donde se instaló en 1893 esa congregación para evangelizar a los aborígenes. Hoy funcionan aquí un colegio y un museo de historia y ciencias naturales con la réplica de un refugio selk´nam y puntas de flecha.

Hacia Tolhuin 

Pasamos una noche en Río Grande y volvemos a la ruta rumbo al Municipio de Tolhuin. Hay dos opciones: la RN 3 o desviarnos por un camino más largo y de ripio, más interesante: la Ruta F. Aún. Al igual que lo realiza Mainumby4x4 en sus travesías (la próxima la realiza del 8 al 14 de abril), optamos por la segunda por lo que se gana en paisajes. A la vera de la ruta hay campos de antiguas estancias laneras con techos de chapa roja y galpones de esquila. Vamos hacia el centro de la isla: el terreno se va ondulando y aparecen los bosques andinos. Un harén de guanacos con su macho al frente cruza de un salto un alambrado con sus hembras detrás. Un zorro se escabulle entre los pastizales y remontan vuelo las bandurrias. Nuestro desvío fue para llegar a orillas del lago Yehuin, donde dejamos el auto para caminar su costa con un bosque de lengas y ñires.

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Dejamos atrás el lago. La Ruta F se convierte en H y pasamos junto a la estancia Rivadavia de 10.000 hectáreas y los bosques se vuelven más frondosos. Salimos otra vez a la RN 3, a 20 kilómetros de Tolhuin –160 km en total– para llegar a la hostería Kaikén a pasar la noche. Tolhuin tiene 6.039 habitantes –a 100 km de Ushuaia y Río Grande–, creado en 1972 junto al lago Fagnano: habían 150 familias madereras. Aquí viven descendientes de la etnia selk´nam. A la mañana siguiente salimos a bordear el lago en auto por la RP 1 hacia la Reserva Provincial Río Valdez. 

Camino a la turbera

Nos detenemos en el estacionamiento de la reserva, a los pies del puente sobre el río Turbio, a contemplar el salto grácil y plateado de centenares de truchas arco iris y fontinalis que nadan río arriba a desovar. Allí se forma una cascadita que los peces saltan como flechas elevándose un metro de alto, uno tras otro, junto a la orilla. Me siento a fotografiarlos sin trípode, a pulso: las fotos son fáciles y no difieren tanto de las de National Geographic (esto sucede todo el año, en especial en septiembre, octubre y noviembre).  
Regresamos a la RN 3 a visitar una turbera, una depresión del terreno que acumula agua de lluvia: por las bajas temperaturas, la materia orgánica casi no se descompone. Crecen juncos, gramíneas y musgo, convirtiendo a la zona en un esponjoso terreno inundable. Del turbal bajamos a la playa entre lengas retorcidas y dos árboles bandera: tienen todas sus ramas inclinadas por el viento hacia un mismo lado, como una larga cabellera petrificada. Almorzanos y cenamos en el restaurante de la Posada de los Ramírez y en el Bar Estudio, donde saboreamos el célebre cordero fueguino en modo hamburguesa, guiso estofado y a la estaca, adonde vienen a comer quienes toman una excursión en el día a Tolhuin desde Ushuaia.

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El último día hacemos un trekking sencillo y agradable. Nos acercamos en auto por un camino que caracolea entre un denso bosque de lengas centenarias de 30 m y estacionamos para caminar. Al rato nos estimula un toc toc que no sabemos de dónde viene, pero sí de quién: divisamos un carpintero cabeza roja que va testeando maderos  en bsuca de un gusanito. Anda con su pareja a los saltos de tronco en tronco. Y comienza la persecución de la foto perfecta.  

Los árboles bandera

Bajamos a caminar la playa junto a aguas inmóviles y transparentes del lago. Los árboles bandera en la Península del viento indican que aquí sopla fuerte, pero hoy no corre una gota ni hay una nube. Una pareja de cisnes de cuello negro rasga la piel del agua y el paisaje patagónico nos roza una fibra íntima en un silencioso éxtasis. Por la tarde visitamos el punto máximo de esta gira: el naufragio oxidado del buque Desdémona, fabricado en Hamburgo en 1952. Avanzamos por la ruta complementaria A de ripio y en la lejanía aparece el fantasmal barco varado en la media luna costera de la caleta San Pablo, donde encalló en 1985. Caminamos hasta la mole de acero, alta como un edificio de tres pisos, clavada en la arena húmeda. A sus pies, un pingüino rey, solito e inmóvil en la inmensidad, parece también varado, tan fuera de lugar como el barco: su hábitat usual es la Antártida.

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Al rodear el casco fracturado, pasando la hélice, hay una gran plancha de acero caída en la arena: por esa abertura se entra como al costillar de una ballena llena de algas. Tiene dos mástiles en cruz aún sostenidos por cables de acero, y el ancla yace en la arena a 300 metros, todavía sujeta al casco con su cadena como un cordón umbilical. En el interior del casco está la carga: parte de las 20.000 bolsas de arpillera con cemento, petrificadas por el agua. Y hay un tercer mástil, caído entre fierros retorcidos. En la cubierta ha crecido pasto. 

A Puerto Almanza

Seguimos viaje en dirección a Ushuaia por la Ruta Complementaria J, con una parada en la pequeña localidad de pescadores Puerto Almanza. Veo uno a la vera de la ruta junto a un lago en Bahía Brown y me detengo a conversar. Es Santiago Canosa: “Yo vengo acá todos los días a las 5 AM y esas boyas negras te marcan los sembradíos flotantes de mejillones; de ahí cuelgan unas sogas donde ellos crecen. Levanto un tarro de almejas y los vendo. Salgo en bote con un palo de 4 m y lo arrastro; a veces levanto caracoles. Yo soy de San Luis, no tengo la escuela primaria. Vivo acá hace 40 años y hay gente que me dice ´para qué te fuiste de San Luis si acá hay trabajo´. ¡Por eso me vine! Allá iba a ser empleado cabeza de corcho de uno que tiene campo para cuidarle las vacas; acá yo soy patrón, vengo cuando quiero, pesco y soy libre. En invierno, si metés la mano al agua, está helada, pero prefiero esto y no estar sometido”.

Pescado de otra forma

Puerto Almanza es un destino gastronómico con restaurantes originales. Vamos por la Ruta K –Km 1– y nos detenemos a almorzar en el restaurante A’kum, justo frente a la isla Navarino chilena, que se ve del otro lado del canal Beagle. Es una construcción de madera en el bosque, al pie de un cerro. Sirven merluza negra, trucha, salmón, abadejo y róbalo al limón, a la manteca o al verdeo. Muchos piden crepe de róbalo asado o burritos de pescado. La estrella es la cazuela de mar con centolla, y la centolla natural o gratinada con bechamel. Y fideos papardelles con salsa de centolla. 

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Para bajar la comida salimos a caminar por el sendero Cascada de los Duendes, que atraviesa un bosque hasta una fuerte caída de agua que brota de la montaña como por un túnel. A Puerto Almanza muchos hacen una excursión en el día desde Ushuaia para comer en Puerto Pirata, donde el comensal se embarca para ir a retirar una centolla de una trampa y luego se la preparan. 
Vamos a pasar la noche a la cercana estancia Harberton –90 km de Ushuaia–, creada en 1886 por el misionero anglicano Thomas Bridges, quien hizo un trabajo religioso con los yaganes. Fue el primer establecimiento de este tipo en Tierra del Fuego y se mantiene productivo con su sobria estructura edilicia y un casco con paredes de madera y techos de chapa corrugada, alojando a los descendientes de los Bridges. Es Monumento Histórico Nacional. Cerca están los árboles bandera más fotogénicos de la isla y junto al casco está el increíble Museo Acatushún, con una extraña colección de esqueletos de aves fueguinas y fauna submarina. Antes de entrar, sobre el pasto, hay tres esqueletos gigantes que parecen restos de algún monstruo submarino: son de dos ballenas y un cachalote. 
Este ha sido un viaje costero que luego se internó isla adentro, donde las imágenes más intensas fueron las de unas pequeñas penínsulas rocosas donde brotan arbolitos que parecen bonsái, pero son retoños de lengas y ñires. Y así pasamos una semana muy fueguina, respirando Patagonia, ejercitando muslos con caminatas de antología, casi siempre junto a aguas muy calmas y silenciosas, como en un viaje de purificación para limpiarnos de tanta civilización. Parte de este trayecto lo realizará Mainumby4x4 (11 6036 1111) en abril, buena oportunidad para recrearlo.

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Julián Varsavsky

Julián Varsavsky

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