Sábado 28 de noviembre de 2020
TURISMO | 17-01-2020 15:36

Piriápolis: el balneario que se construyó en base a la alquimia

Ideal para disfrutar con toda la familia, la ciudad ofrece un atrapante circuito místico que recorre un pasado anclado en la Kabbalah y el esoterismo.
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Todo argentino que disfrute de la playa y la tranquilidad, tarde o temprano termina pisando la costa charrúa. Lugares para elegir sobran, aunque la joya más preciosa de la corona es Punta del Este. Aún así, Uruguay se está vendiendo como una alternativa a la Costa Atlántica argentina. No aspira a rivalizar con Buenos Aires, sino que se presenta como una alternativa a balnearios como Mar del Plata, Necochea y Pinamar, entre otros. Dentro de todo lo que hay para conocer, Piriápolis se destaca por contar con un paisaje privilegiado de mar y sierra, y nutrirse de un pasado lleno de esoterismo y alquimia.

Piriápolis es uno de los primeros balnearios del país y se fundó en 1893 por Francisco Piria. La montaña, el mar y una frondosa vegetación dan forma a esta ciudad tranquila que cuenta con una playa de aguas mansas y 25 kilómetros de costa.

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Además, los visitantes pueden realizar paseos en barco, diferentes deportes acuáticos y senderos de trekking por las sierras. También hay una aerosilla que sale desde el puerto y sube hasta el cerro San Antonio. Al final del trayecto se encuentra el templo de San Antonio, en el que muchas mujeres piden ayuda para encontrar el amor.

Piriápolis se levantó en pleno auge de la Belle Époque, y ello se aprecia en el Argentino Hotel, que durante muchos años fue el más grande de América del Sur. Dentro de la altura relativamente baja del casco urbano, el Argentino parece erigirse como una auténtica fortaleza inexpugnable frente al mar. Alojarse en este imponente edificio es como viajar hacia 1930, año de su fundación. No solo la fachada se mantiene igual que en sus orígenes, sino que sus salones, sus 350 habitaciones y hasta muchos de los muebles se remontan a la primera mitad del siglo XX. Su interior se destaca con macizas columnas, candelabros, amplias escaleras coronadas con vitrales y pasillos que parecen no tener fin.

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La ciudad símbolo

A pesar de todos los atractivos que están a simple vista, la ciudad tiene un lado místico que se remonta a su creación y que sigue presente hasta hoy; pero para descubrirlo debemos adentrarnos en la vida de Francisco Piria, fundador de Piriápolis.

Hijo de inmigrantes genoveses, Francisco nació en Montevideo, pero su crianza tuvo lugar en Italia, bajo la tutela de un tío que era sacerdote jesuita. El lo introdujo en las enseñanzas y conocimientos de la Kabbalah y la alquimia. Muchos años más tarde, ya en Uruguay, Piria diseña Piriápolis antes de siquiera empezar su construcción, un caso similar al de la ciudad de La Plata. El lugar elegido para la fundación se debió a que esta zona lo atrajo por sus fuertes puntos de emisión energética, que básicamente es la radiación o vibración que emana del interior de la tierra —actualmente se mide de forma científica a través de la geobiología—. Se cree que el uso de esta energía ayuda a sanar el cuerpo y alcanzar la iluminación interior. Como dicen los alquimistas, “el que tenga ojos para ver, que vea”.

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En aquel momento, Piria detectó estos puntos y en cada uno de ellos emplazó diferentes monumentos cargados de simbología, que con el paso del tiempo se transformaron en lugares de peregrinación. Pero la influencia de la Kabbalah y la alquimia no llegó solo hasta ahí, si uno observa el primer mapa de la ciudad, fácilmente se puede ver en su diagramación la representación de los 22 senderos que conforman el esquema del árbol de la vida. Recorrer sus calles representa realizar el tránsito a la era de Acuario, era astrológica que, según se cree, traerá un cambio en la conciencia del hombre y lo llevará a una etapa de paz y prosperidad.

Uno de estos monumentos es el Salón Dorado del Argentino Hotel, que a través de la disposición de sus columnas, espejos y candelabros representa sutilmente los 22 senderos y los 10 sefirot (emanaciones espirituales) del árbol de la vida. Otro monumento muy importante es la Virgen Stella Maris, donde se colocó la piedra fundacional de la ciudad debido a que es el sitio de mayor energía. La figura se encuentra sobre el cerro San Antonio y está de frente al mar —el agua, elemento que representa la vida—. Lo llamativo es que vista desde atrás parece la figura de un hombre de pelo largo (algunos dirán Cristo) con el velo corrido, símbolo de la iluminación.

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Dentro de este circuito místico también hay que mencionar la Fuente de Venus, que cuenta con ocho entradas y un espejo de agua en cuyo centro se encuentra una estatua de Venus. Toda su arquitectura está llena de símbolos, como las rosas y los laureles que representan el triunfo y la victoria. Pero el más importante es la flor de loto cerrada que está sobre la cúpula, a través de la cual Piria expresó que la humanidad no ha florecido aún, que lo mejor está por venir, cuando el hombre haga el tránsito a la era de Acuario.

El alquimista en el castillo

Otro de los lugares más interesantes de la ciudad es el castillo de Pittamiglio, donde actualmente funciona un museo interactivo con dispositivos 3D y pantallas táctiles. La hermosa construcción de altos muros y torres fue la casa de veraneo de Humberto Pittamiglio, alquimista y discípulo de Francisco Piria. Se construyó 1956 y más allá de su impactante fachada, en realidad el castillo es un enorme montaje. Apenas se traspasan sus muros, uno se encuentra con un extenso patio que abarca la mayoría de la propiedad, mientras que en un rincón se encuentra una casa de dimensiones llamativamente pequeñas para su entorno; a todo esto se suman otros elementos como torres y un puente que no tienen ningún tipo de acceso.

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El lugar donde se emplazó tuvo como fin aprovechar las corrientes de energía que fluyen en la zona. La posición de los muros y las torres se eligieron con sumo cuidado, ya que toda la construcción se pensó como una enorme caja de resonancia energética. Además, el patio está lleno de símbolos, como un enorme Cristo sobre una de las paredes externas. Aunque uno de los elementos más llamativos es una plataforma circular que está rodeada por una pequeña pared que no llega al metro de alto. Su particularidad está en que hay un punto exacto dentro de la misma donde se produce un eco natural al hablar, sin importar que sea un espacio abierto. Nuevamente, como dicen los iniciados, “el que tenga ojos para ver, que vea”.

En la antigua casa de Pittamiglio ahora funciona un museo en el que se explica su historia y varios conceptos de la alquimia, esa protociencia que mezcló el esoterismo con conocimientos y prácticas científicas que dieron forma a la química de hoy en día. Dispositivos interactivos, obras de arte y hasta un baño que en vez de espejo tiene una ventana que da directamente a una figura de Cristo, dan forma a una propuesta extremadamente interesante y llena de anécdotas.

Lo más llamativo de todo es que al morir Pittamiglio, a través de su testamento deja todos sus bienes a sus colaboradores y diferentes autoridades del gobierno. Eso sí, hay una pequeña aclaración. El traspaso estará vigente hasta el día de su regreso.

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Juan José Lanusse

Juan José Lanusse

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