miércoles 29 de enero de 2020
09-01-2020 18:54 | TURISMO

Más allá de las comparsas, nuevos circuitos se suman a Gualeguaychú

Además de termas y playa, la ciudad ofrece recorrido por viñedos, astroturismo y una costanera renovada. Ver galería de imágenes

Apenas uno llega a Gualeguaychú, Entre Ríos, lo primero es pensar, “¿por dónde empiezo?”. Porque, claro, las opciones son muchas y variadas. ¿Visito áreas protegidas? ¿Doy una vuelta por el río? ¿En kayak, lancha o catamarán? ¿De noche tomo cerveza o miro estrellas? Y a esto se le suma la nueva costanera, con más de 1.000 metros de recorrido y que pasa por el centro cultural Gualeguaychú, anfiteatro y el exfrigorífico; el Paseo La Delfina, un remodelado recorrido en el Parque Unzué junto al río para picnics, asado y pesca deportiva; y el Paseo Av. Parque, que suma dos kilómetros de trayecto peatonal con bicisendas. En esta nota, algunas opciones de circuitos.

Cielo rutero

Nos resultó raro, quizás porque era la primera vez. El bus nos dejó en la ruta, no en una terminal. Bueno, mejor dicho, nos dejó en el conocido parador El Tagüé, sobre la Ruta Nacional 14 y a 12 km del centro de Gualeguaychú. Anochecía y sobre el cielo rosado se recortaba un cartel titilante que decía “Hotel”. Nos miramos y fue inevitable: bus más calor, más bolsos, más hotel de ruta componían una típica escena cinematográfica yanqui. Allí fue cuando de la nada (y eso fortaleció la idea de ficción) se materializó Samuel, quien sería nuestro guía por el resto del viaje (¿de dónde había salido si no se veía nadie segundos antes?).

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“Bienvenidos, síganme”, nos dijo, mientras caminaba hacia el hotel. Subimos unas escaleras, nos mostró las habitaciones y nos dijo que en media hora nos esperaba abajo. Obedecimos. Cuando lo volvimos a ver, tenía el auto en marcha, un telescopio y un largavista. Anduvimos unos quince minutos, nos detuvimos y Samuel bajó todo el equipo. Con el perfume de la noche litoraleña todas las cosas se veían más hermosas. Sam (a esta altura ya era Sam) nos mostró estrellas solas y agrupadas. También otros cuerpos celestes que andan vagando por el cielo como almas en pena. “Hay otra forma de mirar las constelaciones”, dijo. Se hizo un silencio que no interrumpimos. “Desde la óptica de los pueblos originarios, con su propio sistema de imágenes”. Y así nos asomamos a otra forma de astroturismo, donde los nombres griegos eran reemplazados por otros guaraníes y chanás y los animales tenían formas más cercanas, más conocidas. Técnicamente habremos estado poco más de una hora pero fue un momento sin tiempo. Al principio todos tomábamos nota pero con el correr de los minutos nos dedicamos simplemente a mirar. Alguien prendió un cigarrillo y seguimos los arabescos con la mirada, que se perdieron en la noche, en el total silencio de la primavera.

Noche en la ciudad

¿Vamos al centro a tomar unas cervezas?, propuso. Como saliendo de un sueño dijimos que sí y ahí fue como aparecer en otro planeta, ahora habitado. Fuimos a caminar por la costanera nueva, cruzamos el puente naranja y recorrimos todo el nuevo paseo del otro lado del río, donde la gente hacía gimnasia (sí, aún de noche) tomaba mate y escuchaba música en un entorno tranquilo y lleno de verde. Ya de nuevo en la ciudad, nos dejamos llevar por el circuito cervecero de Gualeguaychú, donde se destaca la marca Siris, elaborada por tres hermanos de la zona y que apuestan fuerte a ser los reyes de la birra (y tienen con qué).

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La mañana siguiente nos encontró en una caminata por un pequeño monte con arroyo y selva en galería en el predio de las Termas del Guaychú. Nuestras pisadas hacían crujir la hojarasca del suelo y de vez en cuando un pájaro parecía alertar a los otros sobre nuestra presencia. Es que además de las piletas tibias, los servicios de spa y el parque acuático para los chicos, el lugar tiene unas hectáreas de naturaleza agreste donde se realizan caminatas guiadas para conocer las especies vegetales y la fauna asociada. Además, se puede hacer un paseo en balsa con avistaje de aves o uno en kayak; todo depende del tiempo y las ganas. Gualeguaychú tiene reservas públicas y privadas que se pueden visitar todo el año y donde se ofrecen diversas actividades relacionadas al ecoturismo y a la educación ambiental.

“Nos esperan para almorzar”, advirtió Sam, mientras nos arreaba hacia el restaurante del complejo termal donde nos habían preparado boga, pacú y papas varias. ¿Postre? Higos de la zona con queso. Luego del almuerzo nos propusieron dos opciones: termas, masajes o siesta. Cada uno eligió su camino.

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Volvieron los vinos a Entre Ríos

La última visita fue bastante sorpresiva: degustación de vinos locales. Y no para autoconsumo, sino vinos con todas las etiquetas de la ley y con sabores muy logrados. Néstor y Vilma nos esperaban con gran hospitalidad; era evidente que les gusta recibir gente y que están acostumbrados. La chacra se ubicaba a unos ocho kilómetros del centro de la ciudad y nos contaron que eran muy felices viviendo “en el campo” (antes residían en un pueblo de Santa Fe) a pesar de que tenían mucho trabajo. Y no era para menos ya que tienen animales, algo de cultivo y, por supuesto, los viñedos con cuyas uvas elaboran sus vinos Altos del Gualeguaychú que venden en la zona, en ferias y en Buenos Aires. ¡Ah!, y además de todo lo productivo también hacen turismo: reciben gente, les dan de comer y los atienden todo el día en un jardín prolijamente cuidado y pensado para tomar una copa bajo los árboles. “Recibimos al turista con unas bruschettas elaboradas con nuestros propios productos”, nos contaban mientras llegaban las bandejas. “La idea es pasar un día en un campo entrerriano conociendo lo que hacemos, descansando y, por supuesto, tomando vino”, concluyeron mientras descorchaban la primera botella y pensábamos todo lo que se puede hacer a solo 220 km de la Capital Federal, lejos del famoso carnaval.

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Etiquetas: Entre Rios Gualeguaychu Turismo Recorridos Viñedos Kayak Playa Museos
Lorena López

Lorena López

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