Friday 17 de May de 2024
TURISMO | 20-04-2024 19:00

Mendoza: atractivos de la Ruta 7, camino al Cristo Redentor

Relevamos el trayecto desde Mendoza capital hasta este ícono que convoca gran cantidad de turistas: puntos de interés y todos los detalles para sacarle el máximo provecho a este hermoso recorrido.
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De altas cumbres, profundos añadones, ríos correntosos, tierras aptas para el buen vino, historias sanmartinianas y limpias urbes con acequias cargadas de aguas. Así es Mendoza, una postal a cada paso, en cada región, en cada circuito que reluce en esta fantástica provincia. Ponemos marcha entonces e iniciamos una travesía que cubre unos 200 km partiendo desde la capital mendocina hasta el Monumento al Cristo Redentor en plena cordillera andina, zona limítrofe con Chile en las más altas cumbres.   

En la ciudad capital transitamos por la avenida San Martín regada de numerosos locales comerciales, bares y restaurantes con sus mesas y sombrillas en las anchas veredas. La peatonal Sarmiento desemboca en la plaza Independencia, principal de la ciudad. Ocupa cuatro manzanas y en ella resalta el escudo luminoso de la provincia, la fuente de agua, el Teatro Municipal y el Museo de Arte Moderno.

Detrás, el majestuoso Park Hyatt, histórico edificio donde funcionó hasta 1999 el Plaza Hotel del cual se conserva su espléndida fachada. Allí nace la avenida Sarmiento, por donde vamos hasta los imponentes portones de entrada del Parque General San Martín. Son dos hojas artísticamente talladas en cada lado, coronadas por un cóndor con las alas desplegadas y el escudo mendocino. 

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El predio abarca 354 ha y en su interior sobresale un amplio lago, el rosedal, el ecoparque, el estadio mundialista de fútbol, la ciudad universitaria, el anfiteatro griego donde cada año se celebra la Fiesta de la Vendimia y, en lo más alto, el Cerro de la Gloria, al cual se puede ascender en vehículo y donde además de espléndidos miradores con vistas magníficas de la ciudad se encuentra el majestuoso Monumento al Ejército de los Andes, inaugurado en 1914 para conmemorar la gran hazaña libertadora.

Visita a las bodegas 

Tras la recorrida por la capital mendocina retomamos por la avenida San Martín para enfilar por la turística RN 40 (o “ruta del vino” en estos lares) con variados establecimientos bodegueros para visitar. Nosotros elegimos ir hasta Maipú, tras sólo 15 km. Nos espera una visita guiada por Bodegas López, una de las emblemáticas fincas alusivas a la industria vitivinícola.

Desde su fundación en 1898, sigue en manos de la familia y en el circuito Analía –nuestra guía– realiza una reseña histórica, explica las distintas formas de cosecha, el proceso de elaboración, añejamiento y embotellado de sus vinos. La recorrida lleva por los lagares, sectores de molienda, tanques de fermentación y salas de añejamiento. El circuito concluye con una visita al museo y una degustación con distintos vinos de la firma.

El periplo continúa hasta la cercana Luján de Cuyo (3 km) donde se destaca la añeja iglesia de La Carrodilla (protectora de los viñedos), construida en 1840. La vecina población de Chacras de Coria atesora distintos barrios residenciales y countries privados. Es famosa además por su nutrida vida nocturna con bares y paradores gastronómicos alrededor de la plaza y en sus calles aledañas. 

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Desde aquí dejamos la RN 40 para continuar hasta el final del recorrido por la RN 7. Seguimos hacia las termas de Cacheuta, distantes 20 km. Empiezan las primeras ondulaciones del terreno y aparecen algunos túneles vehiculares sobre la montaña. Un puente cruza el río Mendoza y, allí nomás, el arribo a esta villa termal situada junto a la primera central hidroeléctrica de la provincia y enclavada en una abrupta cañada. Fue una de las estaciones ferroviarias del tren al Pacífico, y cuyos rieles, túneles y demás vestigios aún pueden verse enclavados sobre las laderas montañosas. 

Aguas termales

En Cacheuta se encuentra un hotel termal construido en 1986, dotado con piletas de agua caliente, duchas escocesas, hidromasajes y una gruta natural. Lindero, un amplísimo playón para estacionar, algunos locales comerciales y restaurantes; y el ingreso a las piletas termales (entrada: $ 6.000. Informes: Tel.: 0261-5191676 o www.termascacheuta.com). El complejo se asienta sobre una gran olla natural donde en los piletones de piedra del nivel superior el agua ronda los 43 °C. pero a medida que descendemos se va enfriando hasta los 18 °C, al igual que en la gran pileta central redonda, rodeada de un curioso río lento de 270 m. 
Siguiendo camino, encontramos a mano derecha un colosal puente colgante peatonal que cruza el río. La ruta zigzaguea y atraviesa más puentes hasta que al final de un túnel aparece el lago Potrerillos con sus aguas intensamente azules. A lo lejos, el dique de igual nombre inaugurado en 2001 y la central hidroeléctrica que produce cerca del 70 % de la energía provincial y abastece también a buena parte del país. Todo el camino del perilago va costeando el cauce hasta llegar al poblado homónimo dotado de casas de fin de semana, espléndidas alamedas, playas, campings y sitios ideales para el descanso.

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El próximo tramo comprende unos 50 km en el que el río Mendoza bordea permanentemente la ruta hasta llegar a Uspallata, conocido como el portal de la cordillera. Aquí convergen las rutas 7, 159 y 52; y este pueblo de ancha avenida de ingreso es un punto estratégico y de descanso para quienes se dirigen hacia las cumbres andinas.    

Rumbo al Cristo 

Desde Uspallata, siempre por la RN,7 cruzamos el río homónimo y vamos hacia la cordillera. En toda su amplitud, la ruta es pavimentada, ancha y bien señalizada. Atravesamos la quebrada Seca y los paredones ribereños del río son tan perfectos que parecen hechos por la mano del hombre. A la altura del Km 1.172 encontramos a la derecha una corta senda de ripio que lleva al pequeño puente Picheuta. Allí está, solitario sobre el cauce del arroyo homónimo. Histórico paso de piedras por donde cruzó el Ejército de los Andes y bien cerca las ruinas del fortín que fuera el sitio de la primera acción de armas de la victoriosa gesta. 
De nuevo en ruta, se vislumbra un abra espectacular. Estamos a 2.100 msnm y nos sorprenden varios túneles de montaña. En el mojón 1.180 observamos a lo lejos antiguas casuchas de piedra que, en otros tiempos, servían de protección a chasquis y correos que atravesaban el Camino Real. Cerca de la ruta, unas ruinas arqueológicas a la vera del arroyo Tambillito presumen haber pertenecido a un tambo incaico cuya data se remonta al año 1551. La 7 se angosta y los altos paredones se meten en el camino. Un par de túneles y el arribo a Polvaredas, a 2.400 msnm en el Km 1.188.

La travesía continúa y se observa un importante puente ferroviario de acero, espléndida obra de ingeniería que hoy se encuentra inactiva. Cruzamos el puente vehicular sobre el río Mendoza, que acompaña siempre y, de inmediato, la llegada a Punta de Vacas junto al río homónimo, donde se suceden apenas un par de moradas y el puesto de gendarmería. El mojón 1.203 nos entrega las primeras vistas del cerro Aconcagua, al que en breve nos iremos acercando mucho más. Sobre un costado, el curioso Museo Mundo Perdido y a corta distancia (Km 1.211) llegamos a Los Penitentes.

Este ex centro de esquí (cerrado desde 2016 y a la espera de una nueva concesión) cuenta con algunas hosterías –hoy inactivas– en ambos lados del camino, y un par de sitios para comer donde se puede almorzar o comprar algunas exquisiteces, dulces y regionales. El cerro Penitentes se divisa magníficamente y las aerosillas aguardan la llegada, algún día, de una reapertura. Su nombre proviene de las curiosas formaciones rocosas que se esparcen en sus laderas, semejando una procesión de monjes subiendo. La cumbre alcanza los 3.194 m y en toda su extensión posee pistas de distinta dificultad.

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Continuamos viaje atravesando un largo túnel de montaña para observar luego el llamado Cementerio del Andinista, donde reposan los restos de quienes fallecieron en el Aconcagua, como Nicolás Plantamura, el primer argentino que hizo cumbre en 1934. De inmediato arribamos a la curiosa formación geológica de Puente del Inca, imponente arco natural que fuera paso obligado del sendero incaico que se extendía paralelo al dorado cauce del río Las Cuevas.

Sus aguas termominerales otorgan una coloración amarillo-rojiza que cubre todo el entorno. Aún se conservan las ruinas de un hotel termal que fue demolido por un alud en 1965. En los alrededores hay locales de artesanías, lugares de comida, una capilla y el tendido de las vías que se pierden bajo tierra, producto de aquel tren trasandino, ya citado, que dejó de pasar en 1984 y que unía Mendoza con Chile. 

De nuevo en marcha, cruzamos el río Los Horcones y divisamos a mano derecha el Parque Provincial Aconcagua, declarado reserva en el año 1983. Las vistas del cerro son increíbles. En el mojón 1.221 está el ingreso vehicular que lleva hasta el cercano sitio donde hay que presentar la entrada, previamente adquirida por la web (ticket desde $ 2.000 para el circuito corto). Informes: Tel.: (0261 - 4258751 o sitio web: www.mendoza.gov.ar). Luego se transita unos 1.000 m hasta un playón para estacionar. Allí arranca la senda peatonal que en una caminata de hora y media nos lleva hasta la laguna glaciaria de Los Horcones, ubicada a 2.950 m de altura. Es un trekking de escasa dificultad en el que, a medida que se avanza, hay carteles informativos, miradores y formidables vistas del Aconcagua. Al llegar a la laguna, continúa una senda más pequeña para quienes optan por ir hasta la base del cerro o bien intentar la subida a este coloso de América. El Aconcagua tiene 6.959 m, posee dos rutas de ascenso y es la cumbre más alta del continente.

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Retomando el viaje, pasamos cerca de varios túneles del extinto tren. En el Km 1.231 aparece un extenso túnel vehicular que marca el portal de entrada a la villa de montaña Las Cuevas, último vestigio del lado argentino y paso obligado para el cruce a tierras chilenas. Aquí la cordillera de los Andes muestra todo su esplendor. Las pocas construcciones de la villa se ubican a ambos lados del camino. No hay viviendas, sólo paradores gastronómicos, regionales, la aduana y puestos relativos para efectuar los trámites de salida del país. 

Al dejar atrás esta diminuta villa, la ruta se bifurca. Hacia la derecha lleva al túnel internacional que conduce a Chile; y a la izquierda, tras pasar el simbólico pórtico del lugar y las Casuchas del Rey (refugios de 1770 construidos para los arrieros), el camino asciende durante 8 km y llega hasta la imponente estatua del Cristo Redentor emplazada a 3.870 m de altura. 

Hacia allá fuimos en busca de nuestro último destino. La subida es de ripio y es apta para todo vehículo, pero atención, conducir con cuidado porque va en ascenso permanente y tiene curvas pronunciadas. A medida que ganamos altura, las vistas panorámicas de toda la región regalan impresionantes imágenes. Llegamos a una vasta superficie para estacionar, rodeada de algunos locales de artesanías, puesto de gendarmería del lado argentino, hito de frontera y dependencia de carabineros en tierra chilena. Allí todo está unido en una amplia zona en la que predomina el viento, las altas cumbres circundantes y, por supuesto, el monumental Cristo Redentor entre las banderas de ambos países. Representa en bronce la imagen de Jesús sosteniendo una cruz y está parado sobre un globo terráqueo. Fue inaugurado el 13 de marzo de 1904 y simboliza el final de una pasada etapa de conflictos entre los dos países.

Bajamos despacio, parando donde podíamos para sacar las últimas fotos. Los paisajes cambian de color bajo el poder del atardecer que todo lo vuelve rojizo, anaranjado. Pinceladas que enaltecen aún más el final de este magnífico recorrido.

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Marcelo Ruggieri

Marcelo Ruggieri

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