Wednesday 17 de April de 2024
TURISMO | 30-03-2024 15:00

Uspallata: puerta de entrada a la cordillera

Una opción previa al circuito cordillerano, resulta este poblado de montaña que ofrece una serie de lugares cercanos para descubrir y disfrutar. Galería de fotos.
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Enclavado en un amplio valle que lleva su nombre, el pueblo de Uspallata se encuentra en el camino hacia la alta montaña y el paso fronterizo Cristo Redentor que une la provincia de Mendoza con el territorio chileno. Para muchos, una parada obligada antes de emprender el circuito hacia la cordillera (pasando entre otros por Puente del Inca, el Aconcagua y el Monumento al Cristo; aunque si se dispone de tiempo, es una buena alternativa además para recorrer algunos puntos de interés que se encuentran en sus alrededores y a los que se llega sin ninguna dificultad por caminos de ripio que resultan bien aptos para todo tipo de vehículo.  

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Hay quienes sostienen que el nombre Uspallata proviene del quechua y significa “garganta” o “paso preferido”; otros afirman que alude a un vocablo mapuche derivado de “auv-paylla-tha” cuyo concepto es “vertiente que corre”; pero sea una u otra, ambas interpretaciones refieren al río Mendoza que atraviesa este pintoresco valle. 

Por dónde comenzar

Uspallata se ubica justo en el cruce de las rutas 7, 52 y 149. Allí nace su avenida principal, ancha y plena de alamedas que embellecen el paisaje, junto al pequeño centro comercial. En sus tranquilas calles hay complejos de cabañas, restaurantes y algunos hoteles. Desde aquí parten excursiones, que en su mayoría perfilan hacia el turismo aventura. Caminatas, paseos 4x4, cabalgatas y circuitos que encierran sitios históricos y naturales. 

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Lindero al poblado corre el río Uspallata que más adelante se une al Mendoza, fiel compañero en todo el trayecto hacia la cordillera. Sobre la ruta hay un par de estaciones de servicio, cajero automático y taller mecánico. Resalta además la base del Regimiento de Infantería de Montaña del Ejército, la feria de artesanos situada en el cruce de rutas (allí también la oficina de turismo), el hospital municipal y la pequeña iglesia Nuestra Señora del Carmen de Cuyo, ubicada sobre la avenida. Suele llamarse “pueblo histórico” por su estrecho vínculo con la importante gesta del Cruce de los Andes en las luchas por la Independencia. Fue en este sitio donde se reunieron las tropas del General José de San Martín y las de Juan Gregorio de Las Heras, quienes marcharon por uno de los pasos cordilleranos hacia Chile en el año 1817.

Imperdible poco conocido

Desde la avenida principal que cruza todo el pueblo, se parte hacia el Cerro Siete Colores, el primero de los sitios a recorrer. Una vez que culmina la avenida, se prolonga un firme camino de ripio por el que hay que continuar unos 10 kilómetros. Aquí el trekking es también una buena propuesta. Todo el trayecto va en suave ascenso y las vistas son espectaculares, tanto del pueblo como del propio valle. Cuando se llega a este sistema serrano (de similares características al famoso purmamarqueño de Jujuy, pero de menores dimensiones) se aprecian perfectamente las distintas tonalidades en las laderas rocosas compuestas por la variedad de minerales que forman franjas rojizas, púrpuras, amarillentas y verdes; que cambian según la luz del día. Hasta la base del cerro se puede llegar con el rodado, y luego por la suavidad del relieve es posible realizar caminatas hasta su cima y también a la de los cerros circundantes que se presentan unidos entre sí. Una entretenida aventura sin ninguna dificultad para compartir en familia. 

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Desde el pueblo y hacia el norte por Ruta 52, a sólo dos kilómetros se arriba a una antigua construcción del siglo XVIII que fue erigida por los jesuitas para procesar minerales extraídos de minas cercanas. Son las llamadas Bóvedas de Uspallata, tres curiosas e inmensas cúpulas blancas realizadas en adobe, las que desde la lejanía resaltan por sus llamativas formaciones. Estas cúpulas, todas de idéntico tamaño, funcionaban como chimeneas de los hornos que se encontraban en su interior. Hoy en día sus orificios fueron tapados para protección, y poseían estas formas para preservar la temperatura por más tiempo. El calor se mantenía en la parte superior, al tiempo que el hombre en la base podía trabajar con los crisoles, los fuelles y las fraguas para la fundición de los minerales. Una vez obtenido el fundido, era trasladado a Chile y de allí en barco hacia España. 
Además de estas funciones, durante la época de las luchas por la independencia, las bóvedas y todo el complejo fueron utilizados como cuartel del Ejército comandado por el General San Martín para los preparativos del cruce de los Andes. Actualmente, se puede visitar, la entrada es gratuita y en el lugar se encuentra un museo con un interesante patrimonio arqueológico, sanmartiniano y mineralógico.

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Siguiendo el periplo por la Ruta 52, más al norte y transitando unos seis kilómetros, se llega al camino de acceso que lleva al cerro Tunduqueral. Este corto ingreso de unos mil metros concluye en un amplio lugar donde se deja el vehículo, para luego caminar por una senda marcada con piedras en ambos lados, que demanda apenas unos 600 metros hasta las cercanías de esta particular formación ubicada en pleno valle. 

Sitio de culto a los dioses

En este sitio sagrado, los antiguos habitantes de pueblos originarios realizaban rituales, dejando registros en forma de petroglifos. Para la cultura huarpe fue un gran espacio donde se ofrecían ceremonias, peticiones y agradecimientos a sus dioses: el sol, la tierra y el aire. Su nombre hace referencia al “tunduque”, especie de roedor que habita la zonaa, y en la visita (gratuita) se pueden apreciar varias piedras con distintas figuras (máscaras, animales y humanoides). Estos grupos rupestres fueron descubiertos en 1957 y relevados un año después por el arqueólogo Juan Schobinger, quien investigó el lugar y lo documentó en su libro “Representaciones de máscaras en los petroglifos del Occidente Argentino”. Además de apreciar estos dibujos, desde el cerro se obtienen muy buenas vistas del paisaje que lo rodea, resaltando a lo lejos el cordón montañoso de la Cordillera de los Andes.

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Frente al Tunduqueral, unos pocos metros más allá por la 52, a mano derecha se encuentra el acceso al cerro La Ventana (un pequeño cartel indica el ingreso), ubicado a 2.242 metros de altura. El sendero es de tan sólo 500 metros hasta arribar a un imponente desfiladero donde se estaciona el vehículo. Desde allí se puede realizar una corta caminata entre altas paredes rocosas cortadas a pique. Junto a esta formación nace el cerro La Ventana: en su cima resalta un orificio natural provocado por la acción del agua y el viento en erosión permanente durante miles de años. Este paseo también es gratuito y ofrece muy leve dificultad. Llegar hasta la cumbre es muy sencillo, dado que se asciende por un sendero de escasa pendiente y en línea recta de unos doscientos metros. Al llegar a lo más alto de esta curiosa formación rocosa, desde el mirador natural es muy agradable disfrutar de la paz circundante, y de las magníficas panorámicas del valle cordillerano y los principales cerros de la zona. Si coincide con el atardecer, tal vez la naturaleza exhiba los rayos solares filtrándose por el hueco de la ventana, fantástica postal para culminar la jornada.

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Marcelo Ruggieri

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