Thursday 25 de April de 2024
TURISMO | 05-03-2024 07:00

España: 10 experiencias imperdibles al visitar Ourense

La ciudad gallega y sus alrededores forma un compendio de historia, naturaleza y termas gratuitas a las que incluso se puede acceder de noche. A esto se suman suculentos platos típicos, entre los que se destaca el pulpo, para matizar unos días inolvidables.
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La populosa ciudad de Ourense, referente urbano de la Galicia interior, actúa por su emplazamiento como un eje de comunicaciones que conecta el noroeste atlántico con el resto del país. Es de esas ciudades que no basta con ver, hay que vivirla. Con sus aguas termales gratuitas y al alcance de la mano, su historia, su gastronomía y sus ríos, es un destino diferente que vale la pena disfrutar.
En la ciudad de los puentes se usa el traje de baño todo el año, se saborea el pulpo no sólo los domingos, se toman tapas vigilando las torres de la Catedral, se aprovecha cualquier oportunidad para disfrazarse y se apasionan por la velocidad. Experiencias de todo tipo y aquí diez más sobresalientes:

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  • Conocer a las ninfas de As Burgas: se dice que quien toca el agua de estas fuentes, a más de 60º de temperatura, acabará celebrando su boda en Ourense. Y es que pocos lugares hay en la ciudad con más leyenda que As Burgas. Unos misterios que se remontan a épocas de romanos, cuando fue su centro social y religioso. Con estas temperaturas, no es difícil imaginar los usos terapéuticos, casi milagrosos, que tuvieron a lo largo del tiempo, junto a otros de carácter más práctico. Su historia se remonta a tiempos de los romanos que, como demuestran los restos arqueológicos encontrados, se asentaron aquí, dando lugar al origen de la ciudad.
  • Descubrir los colores del paraíso: el detalle y colorido de las decenas de figuras de este pórtico iluminan la Catedral de Ourense. Es una imagen que se fija en la memoria. Su impresionante policromía le ha valido el título de Pórtico del Paraíso, por oposición al gris del de la Gloria en Santiago, del que tomó inspiración. Siguiendo la pauta de Santiago y las iglesias de peregrinación, el Pórtico del Paraíso ocupa los pies del templo ouresanos, en su fachada oeste. Este conjunto escultórico es una de las grandes joyas de la Catedral. Deslumbra por su sugerente, casi hipnótica, policromía, que recientemente ha recuperado gran parte de su esplendor gracias a las labores de restauración.

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  • Contar los puentes sobre el Miño: el padre de los ríos gallegos es el que ha modelado la ciudad desde sus orígenes y atravesarlo ha sido siempre el reto de sus habitantes. Desde los arcos del Puente Mayor, con fundación romana y corte medieval, hasta las líneas casi imposibles del Puente del Milenio, estas construcciones son el decorado indispensable de la ciudad y los testigos mudos del paso del tiempo. Cruces cuantos cruces, apostamos a que siempre se te escapará uno. La construcción de este puente en tiempos de los romanos fue todo un hito en la historia de la zona, ligada directamente a sus orígenes.
  • Perderse en un laberinto de piedra e historia: sobre el mapa, la ciudad vieja parece un gran corredor norte-sur, apenas una línea recta. Nada más lejos de la realidad. Adentrarse en el corazón de Auria es un desafío a la orientación, un ir y venir de calles estrechas donde la piedra cambia su color según las distintas luces del día… El truco para recorrer este túnel del tiempo es saltar de plaza en plaza: la del Hierro, la del Trigo, Santa Eufemia, la Magdalena, San Marcial, la Plaza Mayor.
  • Ver el atardecer desde un poblado castreño: hay muchos lugares para ver una puesta de sol, pero pocos con la magia de Santomé. 2.000 años de historia en piedras que evocan a los antepasados de la ciudad: los celtas, castreños y romanos. Todo enmarcado por un bosque de robles y alcornoques centenarios y el murmullo sordo del río Loña. A escasos tres kilómetros del centro urbano se encuentra este complejo arqueológico, imprescindible para conocer una parte fundamental del pasado de la ciudad.

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  • Bañarse a la luz de las estrellas: imaginen que es noche cerrada, que hace frío, quizás llueve, quizás incluso nieva. Y uno en sandalias, traje de baño y con una toalla, mojando las puntas de los pies en el agua más caliente que la de cualquier bañera. A las espaldas el sonido del río y las hojas de los árboles meciéndose con el viento. Y brillando sobre la cabeza, entre el vapor, las estrellas. Están en A Chavasqueira, en Muíño da Veiga o en Outariz, y nunca se han dado un baño igual. Bienvenidos a las orillas termales del Miño. Las riberas de este cauce constituyen la gran arteria verde de la ciudad: varios kilómetros de exuberante vegetación por los que pasear, correr o ir en bicicleta mientras admiramos la naturaleza y el paisaje.
  • Brindar con uno de los vinos más antiguos del mundo: el historiador romano Estrabón dejó escrito que ya en el siglo III a.C., por estas tierras se producía vino de "o Ribeiro". Este valle sigue cultivando unos vinos de altura y es sólo una de las cuatro denominaciones de origen que se concentran en la provincia de Ourense. Quizás por eso, a la zona de tapeo de la ciudad la conocemos como Os Viños.
  • Probar el auténtico (y mejor) pulpo a la gallega: que no tenga playa no es impedimento para que uno de sus pilares gastronómicos sea un producto de mar, el pulpo. De antiguo vienen la tradición y el secreto que ha hecho de su preparación todo un arte y el comerlo, un auténtico rito social para compartir con amigos y familia. Los días 7 y 17 de cada mes (excepto si coincide en domingo, que se pasaría al lunes) se celebra feria en la ciudad, por lo que al mediodía es recomendable peregrinar hasta el Campo de la Feria (situado al lado de las Termas de A Chavasqueira) para probar una de las tradiciones gastronómicas más antiguas y asentadas en la zona.
  • Dar rienda suelta a la imaginación en el Entroido: si están por aquí en su particular Carnaval, habrá que disfrazarse y tendrán la oportunidad de participar en una celebración antigua como pocas, un homenaje al descaro y al buen humor que inunda de color las calles. No sólo disfrutarán del ambiente de la capital, sino que estarán a un paso del triángulo mágico de los Entroidos de Xinzo, Verín y Laza.

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  • Sacar el lado más roquero: la música y letras de una banda como Los Suaves, y de su factótum Yosi Domínguez, han hecho de Orense uno de los santuarios del rock estatal. De espíritu creativo y rebelde, la ciudad ha tenido siempre una excelente cantera musical que hoy sigue sonando por todos los rincones. Y el propio Yosi, hijo dilecto, sigue viviendo allí.
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