Sábado 31 de julio de 2021
TURISMO | 28-03-2021 19:00

En Villa La Angostura: aventuras por tierra y agua

Un viaje al bosque andino de Neuquén para recorrer en bicicleta el Bosque de Arrayanes, navegar en kayak y en motovelero, y cabalgar hasta la desembocadura del río Bonito.
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La prevención obliga: hoy todo debe ser al aire libre. Y hemos llegado a Villa La Angustura en su busca, en la quietud del bosque. Lo abordamos primero por agua con una excursión en kayak guiados por el experimentado Pablo Beherán, quien nos cita en el balneario a orillas del lago Espejo, a 12 kilómetros de la ciudad. Nos colocamos chalecos –estamos en el Parque Nacional Nahuel Huapi– y comenzamos a remar poco después del amanecer. La proa del kayak corta el espejo de agua, abriéndose paso por una bruma sugestiva que vela el bosque. No corre viento y apenas se oye el plaf de los remos y el suave fluir del kayak sobre la transparencia, trasluciendo el lecho de rocas. Antes que navegar, esto es como ir levitando en una alfombra mágica a dos metros del suelo. En el fondo veo proyectadas la sombra del kayak y mi silueta. Cada tanto pasa una trucha arco iris como una flecha. Sobre la costa camina una pareja de cauquenes y los arroyos cristalinos bajan de la montaña al lago. Pablo sabe leer el fondo del lago: según el color de la ceniza reconoce las distintas erupciones de los volcanes que nos rodean. Allí donde el fondo es arena muy clara –de la erupción del volcán Puyehue en 2011– el efecto visual es el de una playa caribeña. 
Las aves acompañan el paseo: gaviotas, golondrinas, jotes y patos vapor. La montaña cae a pique al lago salvo en las playas: el bosque denso nace en la orilla. Navegamos 4 km con rumbo oeste a una bahía muy calma y atracamos en la playa para colocarnos un traje de neoprene y máscara para hacer snorkel en el lago. Al fondo veo decenas de grandes árboles caídos. Volvemos a la arena y Pablo nos sorprende con un té, un blend de frambuesa, chocolate blanco y lavanda con medialunas que saboreamos frente a los Andes nevados, incluso en verano. 
Al regreso cruzamos a la margen opuesta para no repetir trayecto, completando un circuito de cuatro horas. Justo antes de desembarcar, Pablo  descubre a 100 m una refinada pareja de cisnes de cuello negro cruzando el lago con su nado de apariencia inmóvil: su suave estela fractura el espejo por la mitad.

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Al bosque zen

El segundo día lo dedicamos a las bicicletas. Alquilamos dos y partimos hacia uno de los rincones más románticos de la Patagonia: el Parque Nacional Bosque de Arrayanes. Desde el centro de la ciudad tomamos la avenida Quetrihué por 4 km y entramos al bosque, allí donde un cartel señala la senda de 12 km al parque. La complejidad es intermedia: no es un paseo plano todo el tiempo. El primer kilómetro debemos caminar: hay una escalinata de madera (cada peldaño mide varios metros de largo y la bici rueda a nuestro lado). Hay también subidas y bajadas empinadas por un sendero bien demarcado y no peligroso. En los lugares más complejos, los no expertos caminan y hay bajadas para experimentar alta velocidad. Antes de llegar, un cartel señala un desvío a laguna Patagua con su playa como de césped: aquí habita el huillín, una especie de nutria que es emblema del parque. Casi todo el trayecto es por un cerrado bosque de coihues de 40 m donde aparecen pájaros carpinteros. 

Arrayanes

Llegamos a este pequeño parque nacional, una angosta península que entra al lago Nahuel Huapi, hiperpoblada de arrayanes: es la comunidad de esa especie más densa que existe en el mundo, un árbol de belleza singular con tallo muy ramificado de superficie suave y fría al tacto. Su color canela parece la piel de Bambi y alcanza los 650 años de vida. Entramos al bosque por una pasarela de madera sobreelevada y debemos dejar las bicicletas para sortear los escalones. Ocupa 12 hectáreas y la densidad de arrayanes hace que se filtren apenas los rayos de sol, un juego de luces y sombras creando la ilusión de un bosque encantado. La opción de la bicicleta tiene una ventaja, comparada con la excursión clásica en catamarán: cuando la embarcación se va, el bosque queda desierto. Y uno tiene todo el tiempo del mundo para explorarlo en silencio. Una opción es llegar en catamarán con las bicicletas en el techo y regresar pedaleando. Hay que llevar agua y candado.

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Dedicaremos una mañana a cabalgar con El Tero Bogani, desde su puesto a 100 m del río Bonito, entre Puerto Manzano y Cumelén sobre la RN 40. Salimos con nuestro guía al frente y los mansos caballos a paso lento por un bosque de ñires. Luego se elevan los coihues y cipreses por senderos sin mucha pendiente: por momentos bajamos, en otros subimos. Al rato atravesamos el río Bonito con el agua por debajo de las rodillas de los caballos y entonces bordeamos el lago Nahuel Huapi, oyendo el trompeteo de las bandurrias de pico curvo. 
A partir de la media hora de travesía vemos la panorámica del río Bonito desembocando al azul del lago: al fondo, la península de Quetrihué y la isla Victoria. En una playa junto a la desembocadura del Bonito –sin desensillar– dejamos que los caballos pasten el pastito verde de un mallín como un pequeño campo de golf y después pegamos la vuelta. 

El placer de la lentitud

Para navegar –esta vez sin esfuerzo físico– salimos a surcar el Nahuel Huapi en el motovelero “Impaciente”, una alternativa más íntima que los catamaranes que van de Villa La Angostura al Bosque de Arrayanes e isla Victoria con horario fijo y 80 personas. Si uno arma un grupo de 8, el paseo en motovelero puede costar un precio similar del catamarán pero con muchos agregados. El capitán Gustavo Bruckl y dos marineros lideran esta velada que solo enciende motores a la salida y al regreso al puerto de Bahía Manzano. Después, somos juguete de la brisa. Zarpamos a lo grande con una picada de quesos y fiambres, champagne espumante rose, vino y cerveza. Saboreamos las delicias patagónicas recostados en una gran colchoneta de proa, rodeados de agua y bosque andino. 
El “Impaciente” mide 11 m de eslora y tiene baño, timonera cubierta, cocina, espacio para sentarse bajo techo y camarote. El gran diferencial en tiempos de Covid-19 es que uno puede hacer toda la excursión al aire libre (el máximo es 8 turistas). Desembarcamos para recorrer el bosque de arrayanes sin apuro ni gente, y volvemos a bordo para regresar a Bahía Manzano. El capitán me deja llevar el timón unos instantes. Esta excursión clásica dura tres horas y es la misma del catamarán. Pero hay viajeros que le plantean al capitán “ese bosque ya lo conozco, quisiera ver otros lugares”. Entonces se abren las alternativas. Quizá la estrella sea el día completo con asado en la playa de Piedras Blancas. Otra opción es el medio día con almuerzo en Puerto Radal de la isla Victoria. Navegar, rodar y cabalgar son maneras activas de abordar el paisaje, pero el fin no es tanto el deporte sino un elogio de la lentitud y la contemplación.  

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Villa La Angostura, Neuquén

Salida en motovelero a Bosque de Arrayanes: cuesta $ 3.000 por persona (mínimo 6 y se suelen armar grupos). El paseo por las bahías del brazo Angostura, $ 2.500. Las dos anteriores sumadas duran 5 horas y valen $ 5.500 (todas incluyen picada y bebidas). Un día completo en Piedras Blancas con cordero asado sale $ 10.000 por persona –mínimo  8– Instagram: velero impaciente, www.veleroimpaciente.com.ar (también excusiones por el lago).
Cabalgata al río Bonito: $ 2.500. También ofrecen cabalgata de 7 hs al cerro Quemado. Facebook: Cabalgatas del Tero.  Tel.: 02944 51-0559
Patagonia Infinita sale  en kayak al lago Espejo: $ 5.000 por persona. Esta excursión alargada y con almuerzo cuesta $ 7.800. www.patagoniainfinita.com
Alquiler de Bicicletas: Bayo Abajo, Av. 7 Lagos 94,  Tel.: 2944-154508999.
Secretaría de Turismo Villa La Angostura: www.villalaangostura.gov.ar

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Julián Varsavsky

Julián Varsavsky

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