jueves 27 de junio de 2019
05-12-2018 14:51 | PESCA

Tras los tigres de las correderas

Dorados de buen porte obtenidos con carnada viva y señuelos de profundidad y media agua en Las Cuevas.

El pueblo de Las Cuevas, también conocido como Puerto Las Cuevas, es un lugar que reúne la más bella naturaleza y todas las condiciones favorables para una jornada inolvidable de pesca. Es un destino único en la provincia de Entre Ríos, donde nos encontramos con paisajes pocas veces vistos. Su puerto es muy visitado por turistas que llegan desde distintos lugares de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, principalmente para realizar excursiones de pesca y otras actividades.

Era temprano por la mañana y la jornada se presentaba muy ventosa, lo que nos hizo pensar que teníamos que buscar lugares con reparo para los primeros lances. Emprendimos rumbo al puerto, en donde Hernán Fiorentini y Alejandro Brondo nos esperaban con la embarcación para comenzar la primera jornada.  Apenas llegamos nos pusieron a tono sobre cómo este ambiente agreste se despierta cada mañana para la pesca deportiva. El plan era recorrer sectores que suelen ser poco visitados: riachos y lagunas de difícil acceso si no se cuenta con la ayuda de un guía. Con esto ya claro, partimos y, durante la navegación, disfrutamos de los paisajes y del canto de las aves selváticas que coronaban el entorno agreste.

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Los equipos y la pesca
Utilizamos cañas de 2,10 m y de 15 a 35 lb (1 lb = 453.592 g), reeles frontales y rotativos cargados con multifilamento de 0,28 mm y nailon de 0,40 mm; líneas con bajadas de acero de 40 lb y anzuelos N° 8/0 y 10/0. Como carnada viva nos decantamos por el cascarudo; mientras que los señuelos elegidos fueron de profundidad y media agua.

La zona seleccionada por Hernán y Alejandro era una corredera que se formó a la salida de una laguna con pozones, de los cuales algunos llegaban a los 15 metros de profundidad. Amarramos en la punta de una isla con la intención de practicar desde la embarcación y la costa, dado que al lugar se podía bajar fácilmente y recorrer gran parte de la zona.

Los lances fueron cortos para dejar derivar la carnada con la correntada. En esta ocasión no usamos plomo en las líneas. Los piques fueron al instante, con dorados muy agresivos que daban saltos para liberarse del aparejo. En esta zona, las piezas oscilaron entre 1,5 y 4,5 kg. Fueron muchísimos los ejemplares obtenidos pero la expectativa era poder pinchar dorados más grandes, por lo que decidimos recorrer la corredera y ponernos bien en la entrada de la laguna, ya que allí habíamos divisado dorados de buenos portes cazando.

Luego de varios lances fallidos, más las carnadas devoradas por las palometas, comenzaron nuevamente los piques de dorados y doradillos, con ejemplares destacables que llegaron hasta los 6 kg. Como es costumbre, foto y rápida devolución a su hábitat.

La pesca siguió de manera sostenida con piques de buena calidad y las infaltables palometas que nos sacaban las carnadas. A la una de la tarde decidimos hacer un alto para descansar y almorzar en una de las islas aledañas.

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Tarde de canales y correderas
Tras la pausa, estuvimos navegando durante unos 30 minutos. Los guías nos llevaron a otro lugar muy rendidor, con correderas no tan profundas donde los dorados estaban cazando. La opción elegida fue pescar tanto con señuelos como con carnadas, así que empezamos con los lances pero, en esta oportunidad, agregamos un pequeño plomo de 20 g a las líneas con carnada. Los piques llegaron de inmediato con doradillos muy activos. La zona era rendidora, con mucha actividad de portes más chicos que rondaron entre los dos y 3,5 kg. Mientras Nicolás Albanese y Abel Arenillas realizaban lances cortos con señuelos bien pegados a la costa, gracias a lo que concretaron piezas de buena calidad y en cantidad, de a poco fuimos dando por finalizada la jornada de nuestro primer día de pesca. Un éxito total.

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Segundo día
A las siete de la mañana siguiente, un sol radiante nos anticipaba otra jornada excelente. Partimos rumbo a la bajada del río, donde nos esperaba la embarcación ya preparada con todo listo para la salida. Navegamos aproximadamente unos 20 minutos hacia otro lugar marcado por los guías. Comenzamos a practicar la modalidad con carnada, arrojando bien a la corredera; obviamente los piques no se hicieron rogar. Mientras que Abel Arenillas fue el gran pescador de ambas jornadas, con portes de dorados de distintos tamaños, los que practicábamos la modalidad al golpe bien pegado a la costa, también obtuvimos muy buenas respuestas de estos tigres del Paraná.

La pesca cada vez se puso más entretenida con muchas piezas de calidad. A medida que el ambiente se entibiaba por el sol, pasamos a hacer trolling con señuelos en una de las lagunas, por lo que a los equipos les sumamos artificiales de media agua y de profundidad. Luego de un par de pasadas por la misma cancha, se activaron los dorados y terminamos concretando piezas que iban de los dos a los seis kilos.

Los piques fueron al unísono, era impresionante la cantidad de dorados y doradillos que comían en esa zona. Volvimos a hacer una pasada más y obtuvimos las mismas respuestas, además de varias palometas que atacaron vorazmente nuestros señuelos. El mediodía se hizo notar con una temperatura en claro aumento, así que nuevamente decidimos ir a una de las islas para almorzar, donde nos esperaba una embarcación que también ofrece hospedaje y pesca a bordo.

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Tarde dorada
Regresamos al agua y esta vez fuimos a buscar una laguna. Recorrimos distintos arroyos y correderas de agua, en las que implementamos la modalidad de fondo con carnada. Anclamos en un lugar elegido por los guías. Estuvimos aguardando un rato por los buenos piques mientras levantábamos varias palometas, hasta que a una de las líneas llegó el tigre de río. Hernán Fiorentini dio la orden de levantar las líneas y de inmediaton vinieron los correspondientes saltos y corridas para buscar los pozones. Le siguió la religiosa foto y rápidamente lo devolvimos al agua.

La tarde se ponía más que interesante. Al ver la cantidad de dorados que se encontraban cazando a la entrada y salida de la corredera de agua, comenzamos también a probar señuelos de media agua, con lances cortos y golpeando la costa, dejando derivar unos pocos metros a través de la correntada. Los piques fueron al instante, con dorados que rondaron entre tres y cinco kilos. Así transcurrió la tarde, dedicados a los dorados y doradillos la jornada tuvo un cierre excelente.

Así pasaron dos días perfectos de pesca. Aquí también se pueden obtener otras especies como bagres, amarillos, mandubíes, patíes, pacúes, apretadores, tarariras o manguruyú. Vale la pena agendar Las Cuevas, un lugar único y soñado, en donde el pescador y la familia podrán disfrutar de unos días más que inolvidables.

 

Nota completa en Revista Weekend del mes Diciembre de 2018 (edicion 555)

Por: Marcelo Albanese

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