miércoles 19 de diciembre de 2018
22-11-2018 06:15 | PESCA

Batallas con salmones a 60 metros de profundidad

En Mar del Plata, embarcado con jigging y carnadas, obtuvimos espectaculares piezas de 20 kilos. Además, chernias y meros.

Gestioné con Mariano de la Rúa la búsqueda de grandes salmones de mar, de esos que empiezan a llegar en octubre. Un domingo aún de noche nos cruzamos en el Club Motonáutico de Mar de Plata, y en su embarcación Sin Apuro,  una vez cumplido el rol en Prefectura, partimos junto a la tripulación y otros pescadores, mientras disfrutábamos de un buen desayuno y contemplábamos la otra cara de la ciudad.

Tras analizar las condiciones climáticas, Mariano trazó la estrategia a seguir. En primer lugar, iríamos en busca de los salmones de mar en el punto más lejano de la excursión. Luego, mientras nos acercábamos de regreso a la costa y las condiciones empeoraran, buscaríamos meros, chernias y besugos.

La acción se realiza en profundidades entre los 40 m y 60 m, al garete o deriva. La navegación es larga pero las comodidades de la embarcación la hacen muy amena. El barco  posee doble motorización con 450 HP, dos camarotes, baño, cocina, aire acondicionado y una capacidad de 12 personas más la tripulación.

Llegando al point, los ansiosos pescadores nos agrupamos en la cubierta para recibir una charla técnica sobre el funcionamiento de los equipos y el sistema a seguir. Se debe estar posicionado con el equipo en una mano, el reel con el pick-up liberado y la línea ya encarnada en la otra mano. Al escuchar la señal sonora, se dejan caer al agua los plomos; no hay que hacer ningún lanzamiento. De la manera indicada el aparejo desciende hasta tocar el fondo, mientras con el dedo pulgar se controla la caída para que no se produzca una galleta en el reel.

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Como la embarcación no está quieta, sino que va derivando sobre el banco de piedras, cada cinco segundos soltamos un poco más de nylon para asegurarnos de que la carnada pase lo más cerca posible del fondo. Tampoco hay que dejarla reposar demasiado, porque se corre el riesgo de quedar enganchado.

Para la pesca con carnada nos proveyeron de cañas de 20-40 libras (1 lb = 453.592 g) con reeles rotativos de relación 4/0 cargados con nylon del 0,70. Líneas reforzadas armadas con madre del 120 y dos brazoladas del 100, con sus respectivos anzuelos salmoneros cada una. Dependiendo de la deriva del momento, se utilizaron plomos de entre 500 g y 1 kilo.

En cambio, para hacer pirking (golpeteo sobre las piedras) utilizamos cañas de grafito de 50-100 lb con reeles rotativos o frontales, cargados con multifilamento de 80 lb que finaliza en dos metros de líder de monofilamento del 120, donde se atan los jigs.

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Ya en la primera pasada
La ansiedad tocó fondo y no pasaron dos segundos cuando se escuchó el grito de “¡clavalo fuerte que es una torta!”, dando comienzo a una ardua lucha por subir el primer salmón a la embarcación. Pero no fue el único, prácticamente todos los pescadores obtuvieron una o múltiples capturas. Enseguida fotografiamos el momento, las sonrisas abundaron. ¡Iba a ser una jornada para el recuerdo!

Nuevamente Mariano posicionó la embarcación para realizar la segunda pasada. Abandoné la cámara y tomé uno de los equipos que estaba listo para ser utilizado. Al escuchar la sirena, dejamos todos juntos caer los plomos. Nuevamente la respuesta fue espontánea: el pique firme y el cabeceo feroz de un gran salmón arquearon mi caña de manera que tuve que afirmarme muy bien, sostenerla con fuerza y balancearme hacia atrás para contenerlo. “¡Despegalo del fondo! –me gritó Felipe, uno de los asistentes–, si no te va a ganar metiéndose en la cueva”. Enseguida comencé a recoger mientras bajaba la caña y traté de trabajarlo lo mejor posible, ya que el movimiento del barco y los tremendos portes del salmón me hacían perder el equilibrio enseguida. Afirmado contra el guardamancebo, luché ese salmón durante un buen rato. Nunca aflojando línea, trayéndolo con la caña y recogiendo mientras se baja. Cuando la pieza se comenzaba a ver en la profundidad como una gran mancha blanca, Felipe, que se había posicionado al lado mío para asistirme, me dijo: “Ya está blanqueando”.  Sobre la superficie el salmón quedó flotando para ser izado a la embarcación. En ese preciso instante no podría afirmar si estaba más feliz por el trofeo conseguido o ¡por haber terminado la pelea para descansar!

A buen ritmo se fue desarrollando la pesca, siempre el equipo a la orden del capitán, bajando y subiendo las líneas al mismo tiempo para intentar evitar los enredos. Mariano alternó su posición con otro marinero para poder pescar y tomó un equipo de jigging. No pude resistir la tentación, pues ya había pescado uno gigante y ahora quería hacerlo con artificiales. A la par de él, dejamos todos caer los engaños y nuevamente la respuesta fue inmediata, tanto con jigs como con carnada. Una vez en el lugar indicado, el pique se dio de igual manera. Es así que Mariano clavó un precioso salmón con un jig color cardenal, que le curvaba la caña hasta el mango.

Es impresionante lo que resisten estos modernos equipos. El ruido del multifilamento rozando las anillas, el silbido que produce al cortar el viento, el chillido del reel cediendo ante semejante fuerza... Todo es tan adictivo que incluso a sólo instantes de haber capturado uno de estos salmones que rondaban los 20 kilos, ¡queremos ir por más!

Como Mariano había anticipado, el viento se intensificó y cambió de cuadrante. Pero ya todos habíamos pescado nuestro salmón soñado.

1122_Batallas con salmones a 60 metros de profundidad

Camino a otro point
Mientras descansábamos un rato en la cabina tomando algún refrigerio, navegábamos en búsqueda de otro punto de pesca más cercano a la orilla. La metodología fue la misma, pero los peces obtenidos, otros: variedad y tamaño de meros, exquisitas chernias y alguna castañeta que sirvió de filete para pescar más salmones. Incluso el salmón de mejor porte fue pescado en una de las últimas pasadas, por lo que nunca hay que bajar los brazos.

Si bien se pueden capturar estas especies durante todo el año, en esta época se dan las mejores condiciones climáticas para disfrutar a pleno de la excursión. A fines de noviembre se suman el pez limón, la anchoa de banco y el bonito.
Y en diciembre las excursiones exclusivas de tiburón bacota con devolución obligatoria, completando así una rica oferta para planear nuestra próxima salida. ¡Y las vacaciones!


Nota completa en Revista Weekend del mes Noviembre de 2018 (edicion 554)

Por: Rodrigo Cobas

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