miércoles 19 de diciembre de 2018
29-11-2018 18:41 | PESCA

Tarariras en los bajos

La pesca en este ámbito del corredor de Ruta 2 es muy efectiva con artificiales, porque en las zonas de desbordes el agua se calienta rápido.

Es un clásico del corredor de Ruta 2. Y hay que aprovecharlo en su mejor momento, que es cuando está un poco crecido y presenta algunos desbordes que son canchas increíbles para pescar tarariras. La Salada de Monasterio, de ella hablamos, es una atípica laguna del corredor por no pertenecer al sistema de Las Encadenadas, aunque en tiempos de lluvias intensas termina conectada mediante un arroyuelo a El Burro-Adela.

La laguna cuenta con aguas surgentes que mantienen su nivel, y su virtual aislamiento en tiempos de lluvia, que impiden el tránsito por los siete kilómetros de camino de tierra que la separan de la Ruta 2, hacen que siempre tenga una presión de pesca muy limitada, hecho que redunda en sus saludables poblaciones de tarariras y pejerreyes.

Laguna escuela que será usada como testigo para un programa de siembra (se ven los jaulones de cría de alevinos en el espejo de mayor cercanía del embarcadero). Allí constantemente se mide su PH y sus variables para garantizar la aptitud para tal fin.

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Con testeo previo
El camping cuenta con frondosa arboleda y toda la laguna ofrece un entorno agreste y lleno de vida. Nuestra inquietud por visitarla surgió del contacto con un grupo de pescadores señueleros que son habitués de ese espejo, y que nos venían dando cuenta de los excelentes rindes de tarariras con artificiales.

Combinamos una salida entonces con dos amigos de este grupo, el Cebolla Moyano y Leo Cejas, quienes nos esperaron en el embarcadero, con bote propio para recorrer los bajos más rendidores de la laguna, que ellos tenían perfectamente testeados, ahorrándonos horas de ensayo y error. La primera sorpresa fue verlos clavar una tararira a la derecha del embarcadero, en un bajito rendidor, mientras nosotros armábamos las cañas. Allí supimos de entrada que estábamos en las mejores manos, con verdaderos deportistas que enseguida procuraron devolver el ejemplar, de unos dos kilos.

Ya con todo listo, arrancamos la aventura en diagonal y hacia la derecha del embarcadero, cruzando la alguna hasta un bajo amplio donde podíamos pescar tanto al vadeo como caminando por la costa. En este ámbito que tenía todo para darnos un festival de tarariras, sin embargo, no tuvimos un pique. Pasamos a otro ámbito  similar –hablamos de lenguas de agua que ganan los campos– conocido por nuestros anfitriones como el “bajo de los duraznillos”. Allí probamos con ranas antienganche y señuelos crankbaits, pero lo que me dio suerte fue una combinación de señuelo blando Yum tipo cangrejo, con una cuchara adelante. Con las primeras tarus –y fotos– calmando los nervios, pasamos a dividirnos en tres para cubrir todo el ámbito. Leo tuvo un ataque en superficie con una rana antienganche y cobró un magnífico ejemplar de 2,5 kg a unos 100 m. Caminando al vadeo con el agua a la rodilla, con Cebolla pateamos algunos ejemplares que nos dieron menudo susto. Es que las tarus han comenzado a anidar, quedándose quietas incluso hasta tener la amenaza encima, momento en el cual salen disparadas y a veces nos golpean los tobillos, generando una sensación de sorpresa difícil de describir. Así, pateando una franja de agua entre la costa y la primera línea de juncos, fuimos levantando varias de tamaños intermedios, de uno a dos kilos. Fue uno de los momentos más divertidos del día.

Satisfechos con haber peinado a conciencia la zona, nos movimos a otro punto clásico del espejo, fácilmente ubicable desde el embarcadero: el bajo del Molino. Tomando como referencia el punto de partida de las embarcaciones, se ubica enfrente a éste y hacia la izquierda. Un molino en el campo de enfrente fue la referencia visual a seguir. Este es el ámbito principal a destinar los esfuerzos en esta pesca, donde siempre se recomienda aprovechar las últimas horas de sol que son aquellas donde la especie se muestra más activa.

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Al vadeo y descendiendo
Allí llegamos a la hora indicada, comenzando con los intentos. Tiré también una boya, con la que obtuve algunos bagres laguneros, especie que también suele –ocasionalmente– tomar señuelos si se los pasamos cerca, ya que no es un gran cazador.

La cancha de pesca en este bajo sería del tamaño de un campo de fútbol siempre con el agua hasta la rodilla. Vimos muchas carpas moverse en este sector, tanto haciendo tailing como crucereando, señal de que puede ser un magnífico ámbito para probarlas en fly cast. Pero ese no era nuestro objetivo del día y volvimos a las tarus. Nuevamente clavamos algunas medianas, y el ejemplar mayor volvió a caer en la caña de Leo Cejas, quien disfrutó de la captura con un equipo similar a los nuestros: caña de grafito de 1,80 a 1,90 m, de 6-17 lb (1 lb = 453,592 g), reel de perfil bajo con multifilamento de 40 libras y leaderes cortos y livianos para facilitar las tareas de los señuelos de superficie.

Tener en cuenta que una pesca al vadeo y descendiendo en los bajos es activa: uno buscará la presa. No obstante, si se quiere tomar un descanso de las caminatas para almorzar o simplemente gusta pasar de señuelos a carnadas, tirar algunas boyas comunes o boyas plop encarnadas con filet de carpa coloreado (lo conseguimos en el puesto El Repollo) será una buena opción para lograr ejemplares en pescas de espera.

En conclusión, la Salada de Monasterio es una gran opción cercana a los grandes centros urbanos como Capital Federal y La Plata, donde hay muy buena población de taruchas y grandes ejemplares. Sólo elija cómo quiere divertirse, vaya y disfrute. Pero no se olvide de apuntarle a los bajos, que allí tendrá las mejores recompensas.

Nota completa en Revista Weekend del mes de Diciembre, 2018 (edicion 555)

Por: Wilmar Merino

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