Lunes 30 de noviembre de 2020
PESCA | 19-11-2020 10:47

¿Cuál es la mejor hora del día para salir a pescar?

Cómo influye la luna en los ríos, lagos y lagunas. ¿Hay más o menos pesca? ¿Las tablas solunares sirven para estos ámbitos? ¿Qué datos tener en cuenta para no fallar en la captura de pejerreyes, tarariras y dorados, entre otras especies?

“La luna influye en las mareas del mar, pero ¿también en la de ríos, lagos y lagunas? No digo en cuanto a que crezca o baje el agua sino a los horarios del pique. Porque leo algunas tablas solunares que dicen que tal día el pique es mejor a la tarde o tal otro, peor en el mismo horario. ¿Cómo puedo saberlo?” Días atrás nos llegó un comentario en las redes, por privado, que consultaba un tema que ya nos habían preguntado y, por eso, sospechando que puede haber más dudas, lo transformamos en una nota. 

A finales del año pasado reflexionamos sobre la utilidad de las tablas solunares. Cerramos el artículo indicando que eran importantes para conocer la altura de las mareas en el Río de la Plata y el mar, pero que “lo considerés como el último factor de una larga lista de temas que tomar en cuenta previamente; si no querés que la suerte sea lo único que esté de tu lado”. Este consejo es mucho más claro en ambientes cerrados o que desemboquen en el mar, pero en los que pesquemos lejos de la zona de influencia de las crecientes y bajantes regulares diarias.

La pregunta que engarza ambas notas es cuáles son esos factores que se anteponen a la tabla solunar, sea que esta sea “el último” o que ni siquiera tenga influencia en la elección, por ejemplo, del día u horario de pesca. Para responderla tenemos que pensar en los peces, sus hábitos y la influencia del medio en que viven. Por ejemplo, el pejerrey es un gran consumidor de oxígeno: está nadando constantemente y con gran movimiento. Durante mucho tiempo seguimos un viejo adagio: “los días ventosos son óptimos para pescarlo en superficie con las clásicas tres boyas”. Por lo tanto, elegíamos los horarios de viento”. Sin embargo, no hemos cuestionado las razones de este “mandato tradicional”. Por ejemplo, si el viento paraba alargábamos las brazoladas, aunque, en realidad, cuando a un cuerpo de agua le falta oxígeno, los peces suben a la superficie, porque existe más disolución de este gas, como lo hacen las mojarras en el balde que llevamos para pescar pejerreyes.

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“El agua tiene la capacidad de disolver oxígeno de la atmósfera y el viento facilita ese proceso. Lo que no estoy tan seguro es si la activación del pejerrey relacionada con el viento tiene que ver con la oxigenación del agua. Pienso que hay otras condiciones físicas que la favorecen, como cambios en la visibilidad o el movimiento que el oleaje les imprime a las carnadas. Otra posible explicación hipotética es que puede incidir la amenaza de predadores: imaginemos que en la superficie de una laguna haya buena oxigenación, buen plancton para comer, pero para los pejerreyes sea peligroso subir, pues existe el riesgo de ser cazados por algunas aves, que son predadoras importantes del pejerrey. Uno podría imaginar que, cuando hay viento, cambia la visibilidad y los peces se sienten más seguros de arrimarse a la superficie que cuando está planchada, y corren más riesgo de ser vistos y cazados.” Esto nos comentaba el especialista en pejerreyes, Pablo Hualde, técnico en acuicultura, a cargo de la Dirección de Ecosistemas Acuáticos del Cean. 

Otro ejemplo, casi en la otra punta: la tararira. Consume poco oxígeno y sus hábitos son lentos, pues caza al acecho. La oxigenación molesta a su metabolismo y, por lo tanto, es mucho mejor pescarla los días sin viento o muy al reparo. En ese caso, hay que elegir de forma diametralmente opuesta al anterior. Los días pesados, cálidos y sin viento son ideales, pero también me pasado que si el agua está excesivamente caliente no pican tanto como en los extremos de la temporada, digamos, grosso modo, octubre-noviembre y marzo-abril. En esos meses, incluso, me ha resultado mucho más productiva la tarde que la mañana temprano.  
Algunos peces presentan mayor actividad en los horarios extremos del día. Es común, por ejemplo, que esto suceda con el dorado: bien temprano y en el ocaso. Ignoro las causas, pero suele darse así, especialmente en días cálidos o de media estación. Obviamente, entonces, son las horas en que sería oportuno estar pescando. 

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En el área de las truchas, el biólogo, guía y director de la Expo Flyfishing Patagonia, Javier Urbansky, nos indica que “hay muchas variables para determinar un horario y un día, pues a veces existe mayor actividad a la mañana, a la tarde o a la noche, de acuerdo con el grupo de insectos. Por ejemplo, cuando se usan moscas que imitan insectos terrestres que caen accidentalmente al agua se buscan las horas de más calor (del mediodía a la tarde). En cambio cuando se aprovechan las eclosiones de insectos, como efemerópteras y tricópteras, varía, pues en el inicio de temporada, el buen momento se ubica al mediodía, pero ya en el verano suele darse cuando baja la temperatura y la superficie del agua no está tan caliente, es decir, la última  hora de luz solar.”

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En Amazonas, por ejemplo, los tucunarés, en general, pican mucho más de mañana que de tarde. Es difícil que en una misma zona, con los mismos señuelos o moscas, superes después del mediodía la cantidad de peces que sacaste desde que amaneció. En cambio, como pasa con los peces de cuero de la cuenca del Plata, para pescar piraíbas, pirararas y todos los bagres grandes, las horas de la noche son más productivas. En este caso también incide un curioso factor trófico: las palometas están mucho más activas durante el día y no perdonan la carnada que lanzamos a la espera de esos récords con bigotes. Sin embargo, no es tan tajante la afirmación, no es un decreto, un DNU, diríamos en terminología de estos días: he pescado muchas y grandes pirararas de día, por ejemplo, en el río Guaporé, afluente del Madera y del Amazonas. 

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Como verán, entonces, no hay una regla fija. Muchas veces creí que las tarariras picaban menos al mediodía y, sin embargo, saqué muchas y grandes a esa hora. Recuerdo hermosas pescas de dorados, de día y con luna llena, aunque tantas veces oí que “con luna grande se pesca mal”.  El consejo: tratar de estar pescando la mayor cantidad de horas que sea posible sin hacer de las excepciones una regla ni despreciar lo que la práctica nos enseñe. 

Néstor Saavedra

Néstor Saavedra

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