Lunes 3 de agosto de 2020
PESCA | 07-06-2020 07:30

Mojarras: cómo funciona el negocio de la carnada para el pejerrey

Su venta parece una cuestión sencilla, pero exige muchos requisitos para criarlas sin enfermedades ni lastimaduras. Quien pretenda emprender este negocio por hobby o necesidad económica puede seguir los pasos que señala el acuicultor entrevistado.
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Variedades de mojarras en la Argentina hay decenas. Si nos ajustamos a Buenos Aires, la variedad más común es la Astyamax fasciatus, que se ubica en el área párano platense, en aguas mansas de arroyos y ríos, y en ambientes cerrados (lagunares). Sumamente voraz, es un carnicero implacable como los dientudos, que ataca a especies menores; come además camarones y otros invertebrados. Es el pez que toma primero el anzuelo, y por su insaciable apetito es considerado un verdadero estorbo para el pescador aficionado. En las lagunas bonaerenses aparece como el predador más pequeño y más numeroso sin competencia. Durante las siembras de alevinos, especialmente de pejerrey, la mojarra representa el escollo principal, a veces insalvable; siendo indispensable proceder a una limpieza previa del ambiente a sembrarse. Pero en estos ámbitos también convive la Astyamax aeneus , Mojarra lacustris y la Astyanax bimaculatus.
Podríamos describir y mostrar imágenes de docenas de mojarras que serían visualmente muy parecidas entre sí y que en la Argentina se utilizan principalmente para la pesca, porque muy pocos la consumen como alimento. El dato interesante aquí es saber que en muchos países las capturan y reproducen para el consumo humano, y las denominan “sardinas de río”. Eso sucede, por ejemplo, en México, Brasil, Costa Rica y otros países de Sudamérica.
Las mojarritas se utilizan también para el hobby de acuarismo y pertenecen a la familia denominada Tetra. Un ejemplo de esto es Astyanax mexicanus, variedad muy popular en este ámbito, al igual que otras de la familia de los Tetra, que en definitiva no es el tema principal de esta nota.

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Captura y transporte

Las mojarras que se comercializan para la pesca son capturadas de distintos ámbitos acuáticos. Lo que es innegable es que las personas que las capturan depredan y hacen un daño al ambiente del cual pueden o no ser conscientes. En el año 1984 Eduardo Catania, a quien consultamos para esta nota, se mudó a San Vicente y comenzó a cultivar peces en distintos espejos de agua de su establecimiento. Decidió sembrar en sus lagunas especies nativas y, entre ellas, mojarritas que obtenía de cualquier charco de agua o de los zanjones que costeaban las rutas de esa época. “Había miles de estos pececitos en grandes cardúmenes, fáciles de capturar. Hoy encontramos solo alguna mojarra que accidentalmente eclosionó en el charco de agua por que la ova fertilizada llego allí adherida en las patas de algún ave zancuda que voló kilómetros de distancia”, relata.
La realidad es que a la fecha la captura comercial de estos peces se realiza muy lejos de Buenos Aires. El mal manejo de la captura y transporte de la mojarra produce heridas en los peces y genera patologías que mata a gran cantidad de ellos, lo que perjudica al que realiza la captura y, también, al comerciante que compra al mayorista y vende al pescador. Y, peor aún, al espejo de agua donde se utiliza esta mojarra para pescar, pues una mojarra enferma transporta patologías a las especies que se pretenden pescar.
Por tal motivo es bueno dar algunos consejos de como capturar y transportar estos peces. La captura es conveniente realizarla con redes que no contengan bolsa. Desde ya que la bolsa en una red de arrastre permite atrapar más cantidad de ejemplares, pero es conveniente recordar que estos peces tienen escamas y que el amontonamiento en las bolsas de las redes hace que en la desesperación de los peces por huir, se golpeen y se aplasten entre ellos arrancando sus escamas.

Hongos y bacterias

Cada herida producida por la pérdida de una escama es una puerta a la invasión de bacterias, hongos y parásitos que se transfieren a los peces nativos predadores –o no… de la mojarra. Esto que parece exagerado, es cierto, pero no se le da la importancia real que tiene. Una vez que se tiene los peces en la red es conveniente manejarlos dentro del agua, dándoles el espacio necesario para que no se golpeen y no les falte el oxígeno vital para la vida. Para lograr esto hay que abrir bien la red, sin permitir el escape, pero dándoles espacio para nadar dentro de la misma red, como si esta fuera una pileta.
La captura final se realiza con redes más pequeñas, en pequeñas cantidades se retiran de la red grande y se llevan en baldes con agua al tanque de transporte, que debe de antemano estar preparado, lleno de agua del propio lugar de pesca, para que no sufran el cambio de agua, por tener condiciones diferente a la de su origen.
Las redadas grandes lastiman a los peces. Un pez fuera del agua siente un enorme aumento de su peso pues pasa de un elemento con un peso específico de 1, que es el agua, a otro elemento con un peso específico de 0,24 que es el aire, y esto el pez lo siente como que aumento su peso 4 veces, si a esto le sumamos que en una redada puede tener 50 peces encima suyo, se entiende claramente que el pez intentará salir de esa posición y al hacerlo se sacude, se arranca escamas y se lastima. De ahí la importancia de manejarlos siempre que se pueda dentro del agua.

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Preparación del tanque

El tanque de transporte debe tener tapa para realizar un cierre hermético con suncho, esto permitirá generar una atmósfera controlada entre el agua y la tapa del tanque. También una una válvula de desagote sujeta al piso y en el interior del tanque, que a su vez posea un filtro que en el momento de vaciar el tanque impida la succión de los peces y los lastime. Es conveniente contar con un oxímetro para medir el oxígeno del agua mientras se transportan los peces, el que debe indicar más de 7 mg por litro.
Se debe también contar con un tubo de oxígeno y manómetro con caudalímetro. Este último regula el caudal con relación a la presión que indica el manómetro, que para ser correcto debe registrar una pérdida de 10 decima de Bar por cada hora de viaje. Es decir, un tubo con 200 bares de presión puede durar 20 h. Cada dos horas el tanque debe destaparse y dejar que el burbujeo libere el dióxido a la atmósfera durante 10 minutos.

Recepción para la venta

El tanque de recepción debe estar lleno de agua, preparada mucho antes del viaje, con burbujeo y, si es posible ,con tratamiento de recirculación. El agua de este tanque renovará lentamente el agua del tanque de transporte, en no menos de 5 o 6 horas para que los peces no mueran en la adaptación a la nueva agua; recién entonces se liberan al tanque donde se alojarán. En esta operación, la oxigenación de oxígeno puro se cambia a burbujeo con aire. Los peces deben comercializarse dos semanas después de su recepción para que sanen sus heridas.
 

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No deben medicarse preventivamente, solo si es necesario cuando manifiesten alguna patología, de ser así se realiza un diagnóstico y en base a él se realiza el tratamiento apropiado. Sí deben alimentarse, al ser silvestres y recién llegados, el primer día desconocerán el alimento, pero a corto plazo lo tomaran con voracidad, por este motivo se modera el suministro de alimento en pequeñas raciones que uno certifique que lo toman, y esta ración se aumenta en medida que los peces la consuman. Cuidado: el alimento que los peces no consumen descompone el agua.
Los peces deben comercializarse en bolsitas que contengan un tercio de su volumen con agua, otro tercio con oxígeno puro y el resto debe estar bien anudado para que la bolsa se mantenga inflada con el oxígeno.

Cultivo para carnada

Argentina debe ser uno de los pocos países del mundo en los que no se realiza cultivo de mojarras. Este es un excelente negocio como alimento y especialmente para carnada. Los comerciantes de carnada y artículos de pesca en pequeños espacios pueden cultivar miles de mojarras y, como premio extra, con los nutrientes que contiene el agua del cultivo de mojarras se pueden producir cientos de plantas de huerta, sin tierra y sobre agua, esto es acuaponia, con lo que se obtiene una doble rentabilidad: la mojarra y las plantas de huerta. El agua de la producción de plantas de huerta, a su vez, no se tira, sino que vuelve a los peces y evita la contaminación del ambiente.
Los cultivos se pueden realizar en el fondo de una casa o en el patio, o en un terreno adyacente. Un metro cúbico de agua, es decir 1.000 litros, acondicionado apropiadamente, es capaz de contener 50 kg de mojarras y, como cada mojarra puede tener un peso promedio de 33 g, estamos hablando de contener unas 1.515 unidades por m3, que a razón de 40 unidades por porción para la pesca tenemos unas 37 porciones. A un valor de $ 180 la porción, es un capital de $ 6.660 por metro cúbico.
Un metro cúbico con 50 kg de mojarras produce 350 kg de lechuga a un valor de $ 30 cada lechuga de 250 gr, es decir $ 120 el kilo, por 350 kg son $ 42.000 cada 45 días, solo de lechuga. Buen negocio para pensar en tiempos de cuarentena, ¿no? ¿Qué le parece?

 

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Gustavo Frontoni

Gustavo Frontoni

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