jueves 17 de octubre de 2019
18-06-2019 16:18 | PESCA

San Miguel del Monte: el regreso de un clásico

La mítica laguna vuelve a ser una opción más que recomendable para la pesca de pejerreyes y carpas. Ver galería de imágenes

Caprichosa como pocas, escuela de pescadores, verdadero clásico de porteños y bonaerenses, el regreso de San Miguel del Monte a la agenda de los pescadores es noticia esta temporada. Porque sus mañosos pejerreyes, esos que suelen desaparecer por meses enteros, están de nuevo activos y permitiéndonos la pesca más divertida: a flote y con brazoladas cortas. Aún algo baja en su caudal, pero bella como siempre, esta laguna desafía al pescador con pejerreyes de pique rápido que jamás se regala: hay que pescarlo.

En esta ocasión, embarcamos en la zona de los campings y cruzamos la laguna hacia el lado de la ciudad, con viento de frente, navegando con cuidado para no meter agua dentro de la embarcación al pechar cada ola. Con la guía de Poli, hijo de un conocido vendedor de carnadas local, hicimos un garete clásico navegando hacia donde nace el viento para dejarnos morir en la costa opuesta. En ese largo trayecto, con vientos moderados que aseguraban un garete veloz que fuimos regulando con un peso muerto arrastrando de tolete por el fondo, fuimos levantando piezas.

0618 laguna san miguel del monte

En cuanto a equipos, cañas de 4,20 m con pasahílos aptos para multifilamento, líneas de tres boyas simples de balsa o de poliestireno expandido con attractor (unos rattling que hacen ruido en su interior hueco), rindieron de maravillas, usándolas con o sin trampas (una pequeña yo–yo muy útil para regular brazoladas y un nudo corredizo que le da una corrida a la boya grande).

Pejes de pique veloz

Los pejes usuales van de 20 a 30 cm, recordando siempre que se permiten sacrificar piezas mayores a 25 cm (y que hay que contar con permiso de pesca bonaerense para evitar disgustos ante eventuales controles). Son pejerreyes de pique veloz, que llevan y largan, nos dan una sola chance de clavada y conviene revisar las brazoladas si erramos, pues de seguro perdimos la mojarra en el yerro. En cuanto a anzuelos, con un número 3 estaremos en la medida justa y con un 2 evitaremos aún más el chiquitaje para clavar solo los de medida o, en su defecto, sacar los juveniles de la boca, sin tragarse, lo que facilita la devolución.

Habiendo hecho una aceptable pesca de pejerreyes, logrando tantas capturas como piques errados, nos decidimos a apuntar a otra especie que hará las delicias del pescador que quiera divertirse con un gran pez en temporada invernal: la carpa.

El aparejo que se usa es de dos tipos: de boya simple o doble. El primero es una boya esférica de 25 mm entre corredizos, o acaso un puntero cargado que trabaje parado, y un anzuelo lastrado en una brazolada larga que debe exceder al menos en 30 cm la distancia de la superficie al fondo. Esto hará que la carnada quede apoyada en el fondo. Lo que esperamos aquí es una llevada, dado que el pez no podrá hundirla.

0618 laguna san miguel del monte

Buscando carpas con sigilo

La variante de boya doble es lo mismo pero en una línea símil pejerrey de dos boyas, con línea madre y brazoladas más gruesas, y anzuelos corvineros, que son de acero grueso y garra de águila, ideales para retener más una bola de masa picante. El concepto de tener las brazoladas arrastradas es el mismo que en la boya simple, solo que aquí, en la boya que pica, el parámetro de referencia para detectar el movimiento anormal es el de ver la boya que no tiene pique. Este aparejo es útil cuando contamos con una sola caña larga, por ejemplo una de pejerrey, y sacamos la línea de peje para cambiar por ésta y apuntar a otra pesca.

El ámbito donde buscamos las carpas es diametralmente opuesto al del pejerrey. Si al primero lo tentamos barriendo terreno en superficie, a las carpas las encontramos bien metidas en los juncales, haciendo una aproximación sigilosa, anclando con el menor ruido posible y luego de hacernos parte del paisaje, tirando las líneas en pequeños claritos entre juncos. Es una pesca que a veces nos hace renegar por los enganches, pero la cosa es así, ellas están donde quieren, no adonde a nosotros nos quede cómodo.

En esta ocasión, un soberbio ejemplar de unos cuatro kilos fue el más destacado del día, captura que demandó una intensa pelea entre juncales y en donde el equipo debe respondernos, permitiéndonos el rigor suficiente para sacar al ejemplar de entre las matas de juncos. Es clave para izar la pieza el uso de un copo de boca ancha, pues al utilizar equipos largos y pescar en ámbitos cerrados, el arrime sin copo haría que indefectiblemente tengamos que tomar la línea para arrimar la presa, y ese será el momento en que la carpa sentirá el apoyo y con un coletazo cortará el aparejo. Con copo, en cambio, el pescador puede embolsar fácilmente el ejemplar.

Así es el hoy por hoy de San Miguel del Monte, un clásico que está de vuelta, y que nos permite una mañana pejerreycera, el asadito reglamentario al mediodía y una tarde carpera para disfrutar a pleno de lo que el ámbito puede darnos.

 

Podés leer la nota completa en la revista Weekend de junio de 2019, n° 561.

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Etiquetas: San Miguel Del Monte Buenos Aires Laguna Pesca Pejerreyes Carpas
Wilmar Merino

Wilmar Merino

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