Martes 11 de mayo de 2021
NAUTICA | 23-07-2020 11:33

El águila del Graf Spee, el símbolo nazi que genera controversia en Uruguay

Por qué su futura venta despierta preocupación en el país. La figura formó parte del temible acorazado germano y del único episodio de la Segunda Guerra Mundial en Latinoamérica.
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Por más que la Segunda Guerra Mundial se desarrolló a miles de kilómetros de distancia, el conflicto también se hizo sentir en América Latina. Uruguay vivió un episodio muy particular durante el conflicto, cuando se hundió en su costa el acorazado Graf Spee, uno de los buques de guerra nazi más temidos en los mares. Muchos años más tarde, en 2006, se logró recuperar la enorme águila de bronce que se encontraba en la proa del buque. Este imponente símbolo ha generado mucha controversia en el país desde que se anunció que sería vendido a través de una subasta pública.

En 2019 el Gobierno uruguayo y la expedición que halló el águila llegaron a un acuerdo para subastarla, con la condición de que solo sea adquirida por entidades académicas. Aun así, el hecho no pasó desapercibido por el Centro Simon Wiesenthal, una organización judía de derechos humanos, que mostró su preocupación de que la escultura se convierta en un objeto de culto deseado por neonazis o grupos de extrema derecha.

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Shimon Samuels, director de Relaciones Internacionales de la institución aseguró a Infobae: “Dejamos debidamente establecida la postura que estos elementos no deben servir a un mercado de extrema derecha y supremacistas blancos en crecimiento”. Con esta advertencia presente, el centro le pide al Gobierno uruguayo que “aseguren que la exhibición de estos símbolos sirva como advertencia a las futuras generaciones de lo que nunca debe repetirse”.

Historia

El acorazado Admiral Graf Spee fue un buque alemán que prestó servicio durante la Segunda Guerra Mundial. Su nombre hace honor al almirante Maximilian von Spee, comandante de la Escuadra de Asia Oriental que luchó en las batallas de Coronel y de las islas Malvinas durante la Primera Guerra Mundial.

El Graf Spee fue un buque de la clase Deutschland, un modelo difícil de clasificar, ya que en teoría eran cruceros fuertemente blindados y artillados que respetaban las limitaciones impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles. Pero en realidad superaban notablemente las características de un crucero, pero sin llegar a ser técnicamente un acorazado. Una especie de punto medio que muchos bautizaron como “acorazado de bolsillo”.

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En las semanas previas al estallido de la Segunda Guerra Mundial, el Graf Spee fue enviado al Atlántico Sur con el objetivo de interceptar las líneas de los buques mercantes cuando estallara el conflicto. Entró en acción en 1939 y durante dos meses y medio sembró el terror en nuestros mares, dejando un saldo de nueve barcos hundidos. Pero el 13 de diciembre su suerte cambiaría cuando se enfrentara a tres cruceros británicos en la Batalla del Río de la Plata.

Hundimiento

La Batalla del Río de la Plata es conocida como el primer combate naval entre buques británicos y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. De la refriega participaron los cruceros ligeros HMS Ajax y HMS Achilles, y el crucero pesado HMS Exeter, que atacaron intensamente al Graf Spee durante más de una hora. Para el final del combate, ambos bandos se encontraban heridos, pero Hans Langsdorff, capitán del buque alemán, decidió retirarse al puerto de Montevideo para hacer reparaciones y bajar a los heridos.

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Durante la batalla, el buque alemán recibió unos setenta impactos estructurales que provocaron daños leves, pero que mataron a 36 tripulantes y dejaron otros 60 heridos, entre ellos el propio Langsdorff. Aun así, el motivo para retirarse fue que la planta purificadora de combustible diésel, necesaria para el correcto funcionamiento de los motores, había resultado destruida. También quedó inservible la planta desalinizadora, lo que hacía muy complicado el largo viaje de regreso a Alemania. Sin mencionar que la navegabilidad y las reservas de munición estaban seriamente comprometidas.

El Graf Spee permaneció en la costa uruguaya durante 72 horas, plazo que las autoridades le dieron al buque para abandonar sus aguas. Frente a esta situación, y presionado por falsa información que aseguraba que se acercaban barcos enemigos, el 17 de diciembre el capitán Hans Langsdorff hizo explotar el acorazado para impedir que cayera en manos enemigas. El mar se tragó al gran buque germano, y con él al único episodio de la Segunda Guerra Mundial que se desarrolló en América del Sur

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Los restos del Graf Spee

El acorazado fue desguazado in situ por los británicos entre 1942 y 1943, quienes quedaron impresionados por la precisión de las armas germanas. Más de 60 años después, el Graf Spee volvería al interés público cuando en febrero de 2004, un equipo de salvamento financiado por empresas privadas y el Gobierno uruguayo empezó a trabajar para recuperar los restos hundidos del barco. Lo primero que se sacó fue el telémetro de artillería, de 27 toneladas de peso, que hoy se puede apreciar en el puerto de Montevideo.

El 2006 el equipo logró rescatar la enorme águila que decoraba la proa del buque. La figura está realizada en bronce, pesa más de 300 kilos y mide dos metros de alto por 2,8 de ancho. El ave se muestra con las alas extendidas, y en la zona inferior se encuentra una enorme esvástica nazi. El hecho tuvo una importante repercusión en todo el mundo.

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En 2019 el Gobierno uruguayo y el equipo que la rescató llegaron a un acuerdo para que el águila sea subastada con fines académicos. Aun así, a pesar de todos los años que han pasado, la sombra del nazismo sigue generando temor y preocupación en el mundo.

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Francisco Savino

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