La albufera de Mar Chiquita

Lisas hermosas en uno de los pesqueros más significativos de la costa. Claves. Galería de imágenes. Nota con video.

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El hombre de los dedos rojos levanta el índice y señala un lugar incierto entre los bochones de la albufera de Mar Chiquita al tiempo que sentencia: “Ahí están las grandes”. Habla de lisas, claro, esa caprichosa especie que desvela a miles de fanáticos y que encuentra en este ámbito único con mezcla de aguas dulces y saladas, una población extraordinaria y tamaños verdaderamente importantes.

Quien minutos antes estuvo revolviendo con sus propias falanges la carnada (panza de lisa) para que tome bien el colorante rojo y el saborizante de origen norteamericano que le aplica, es Gustavo Bracaccini, guía considerado en la zona un verdadero sabueso para dar con esta esquiva especie. Ahora el propio Gustavo es quien, caminando por las aguas bajas de esta laguna, arrastra su bote de fondo plano tipo Carolina con nosotros arriba para lograr una aproximación silenciosa al lugar de pesca. Esto marca una primera gran diferencia con la ruidosa manera de arribar a los pesqueros de los deslizadores –otras embarcaciones de fondo plano usadas en la albufera, pero propulsadas con hélice de avión a modo de “ventilador externo”– que si bien permiten llegar a lugares imposibles, luego obligan a prolongados compases de espera antes de que las lisas se arrimen nuevamente y decidan comer.

Resuelto ya el lugar de acecho, Bracaccini traba el bote de modo conveniente con un posacañas y comenzamos el armado de los equipos, donde nos da otra sorpresa: descarta nuestras cañas tradicionales de pejerrey y nos ofrece otras en tres tramos, enchufables, extremadamente finas y sensibles, pero a la vez con un puntero intercambiable que en su versión más dura permite lanzamientos a gran distancia de los aparejos utilizados: líneas de tres boyas ahusadas –muy típicas de este ámbito y muy poco vistas en otros pesqueros de lisas–, con remate en una pequeña plomada satélite de 40 gramos y ausencia de brazoladas: directamente de la madre de la línea se cuelga un mosquetón con esmerillón del que penderán anzuelos de pata corta que indefectiblemente deben ser de la mejor calidad para no perder piezas. También es útil poner un anzuelo loco, entre boya y boya, para que trabaje semisumergido. Y pese a que dichas cañas estaban armadas con pasahílos para rotativo, mostraron buen desempeño con pequeños reeles frontales cargados con multifilamento.

Un especialista

Braca, como le dice nuestro amigo Paco García, de Video Pesca, artífice de este encuentro compartido con Weekend, muestra en cada gesto ser un verdadero especialista en su ámbito. Lo hará cuando segundos después de arrojados los aparejos entre los bochones (formaciones de poliquetos emergentes del fondo de la albufera a modo de pequeños islotes) nos anticipe los piques. “Mirá que tenés una grande abajo”, dirá una y otra vez antes de que tengamos pique. Lo dicho, este guía considerado por sus pares un Messi de la albufera: “ve abajo del agua”.

De este modo, junto al mencionado Paco, su hijo Ezequiel, el guía y quien esto escribe, arrancamos una mañana sufrida en materia de piques matutinos, pero muy buena desde el mediodía en adelante. Es que en estos ámbitos bajos donde pescamos en 40 cm de agua como máximo, las temperaturas influyen mucho en las lisas, y el cambiante clima marino hace que el agua enfríe rápido tras una noche tormentosa, pero a la vez cobre temperatura velozmente con apenas una mañana de buen sol como la que nos ha tocado.

Nota publicada en la edición 498 de Weekend, marzo de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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