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General Belgrano: un jardín de Buenos Aires

La localidad explota de verde por todas partes, opciones para los turistas que quieren visitarla y buscan disfrutar al máximo. Galería de imágenes.

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En otoño es una alfombra dorada, nos aseguran. Pero en el momento de la realización de esta nota, que es verano, el Bosque Encantado es una explosión de verdes (hay 88 especies vegetales y 30 de aves) con un árbol que cobra protagonismo por su exotismo, historia y tamaño: un ginkgo biloba, de 120 años. Estamos a solo 13 kilómetros del casco urbano de la localidad de General Belgrano, en Buenos Aires, y caminamos por un suelo tapizado de plantas y senderos prolijamente marcados para que el visitante disfrute de la naturaleza sin perderse ni inquietarse.

 

Dentro de la reserva se ubica el Museo de las Estancias, que describe y recrea la vida en la que fue la estancia Santa Narcisa, a la cual pertenecía el lugar. Así, marcas de ganado, muestras de alambre de púa (que luego fue prohibido por lastimar a los animales y estropear el cuerpo) y antiguas patentes de carros y chatas (que pueden verse en una columna destacada en esta misma página) son algunos de los objetos que nos transportan al mundo como era antes. Simplemente hay que tomarse el tiempo para mirar, leer y preguntar.

 

 

Hasta la noche

 

 

No hay viento. Pero si hubiera, tampoco sería problema para tomar un trago al aire libre porque las mesas con techo de paja (bien estilo caribeño) están cubiertas por un grueso plástico transparente que protege, pero que deja ver el paisaje. Estamos en Termas del Salado, un reciente inaugurado complejo termal pensado para disfrutar del agua todo el año y más allá de las cuestiones medicinales o positivas para la salud, que son muchas y uno de los atractivos para el visitante.

 

Las piletas de agua cálida invitan a quedarse hasta que va anocheciendo y el lugar se enciende con sonidos de grillos y el aroma de las plantas nocturnas. Hoy somos pocos, así que luego de la toma de imágenes, junto con el fotógrafo nos dejamos llevar por esta agua anfitriona que nos relaja el cuerpo, la mente y el espíritu. Ya es de noche, no tenemos apuro, solo nos resta ir a cenar. Y de eso se trata venir a Belgrano: de escaparse a un lugar para respirar muy tranquilo y profundo.

 

En El Almacén, restaurante que hace honor a su nombre y que está ubicado en una esquina, nos esperan con pastas, carnes y picadas. La decoración se compone de bellos vitreaux, utensilios de tiendas de ramos generales y carteles “de época” donde se prohíbe, entre otras cosas, nutriar y entrar armado, combinados con muebles de madera y todo un clima de intensa calidez. Los platos tienen la impronta de lo casero y fresco, y se nota un clima de familiaridad y distensión, donde muchos se conocen, se saludan y hacen chistes al paso. Nos cuentan que últimamente han llegado varias familias a vivir al pueblo en busca de tranquilidad pero sin alejarse demasiado de la gran ciudad.

 

 

Sin vértigo

 

 

Desde el biplaza monomotor vemos todo el pueblo y sus alrededores. La mañana es límpida y fresca, sin nubes, con esos cielos típicos de postal y, por lo tanto, ideal para las fotos. El vuelo de bautismo dura 15 minutos y los aviones salen del Aeroclub General Belgrano. Carreteo, un poco de ruido y sin darnos cuenta ya estamos en el aire. Desde aquí todas las cosas son distintas, hasta los pensamientos, que parecen ser un poco más lentos y espaciados. Un campo cultivado, alguna forestación, el camping, el pueblo, el río, las termas.

 

Todos lugares que ya vimos o veremos cara a cara desde el piso, aquí muestran otro perfil, una cierta ajenidad, como si se viera más clara la mano del hombre. Son solo 15 minutos pero no lo parecen. Pueden ser más o menos, pero nunca un cuarto de hora. En definitiva, una linda opción para complementar un fin de semana de turismo.

 

Desde el agua también las cosas son distintas. Quizás, en definitiva, siempre que uno saca los pies de la tierra la perspectiva cambia y si uno está predispuesto a verlo, lo disfruta. La actividad que nos encuentra ahora consiste en un paseo en kayak por el río Salado. Los niveles de dificultad los elige el visitante y lo bueno es que se puede empezar de cero, aun si haberse subido nunca a un bote e inclusive si se tiene un poco de miedo porque de la mano de estos instructores, el miedo se va.

 

“También hacemos travesías nocturnas y al final del viaje damos un CD con todas las fotos de los momentos vividos, así la gente se puede dedicar de lleno a vivir a la experiencia y desligarse de sacar fotos”, cuentan Daniel y Agustín. Y cada vez son más los turistas que se animan a la pala del kayak y se entregan al paseo, al deporte y al avistaje de aves.

 

 

Sobre el Salado

 

 

La estancia La Julia, muy cerca también del centro de Belgrano, ofrece día de campo y alojamiento. Sus instalaciones están pensadas para pasar un “momento rural de lujo”, ya que su extensa galería, exquisito mobiliario y calidez de los ambientes tientan a un turismo que busca campo y confort. También se puede jugar al polo y disfrutar de comidas gourmet.

 

Por su lado, el camping (5 hectáreas) apunta a las familias y a un ambiente sencillo y tranquilo. Para los que no tienen ganas de armar la carpa (hay capacidad para 230) están los dormis: pequeñas casas premoldeadas para pasar la noche, que se alquilan por día. Una salvedad: se puede entrar hasta las 23, un horario que de algún modo tiene que ver más con el ambiente familiar que se propicia que con los hábitos de adolescentes. Todo pensado para pasar un buen rato y en armonía. De allí mismo parten las cabalgatas, que por lo general se hacen en las cercanías del pueblo, más como un paseo que como una travesía.

 

La costanera sobre el Salado es el mejor lugar para ir terminando el día. Algunos eligen hacer el circuito de salud, compuesto por aparatos para realizar gimnasia al aire libre, que se complementa con caminata, trote y patín. Otros prefieren pescar y algunos leer o conversar con el agua de fondo. A nosotros nos proponen ir a tomar algo en un lindo bar de dos pisos, todo en madera, de color blanco y con aire marino. Sobre una terraza ya hay preparados unos vasos y platitos con dulces y salados, todo lo necesario para brindar y ver la tarde sobre el río.

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 487 de Weekend, abril de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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Un comentario en esta nota

  1. Gisela | 15/03/2016 | 4:14 PM

    Hola buenas tardes! Quisiera seber precio para pasar sabado y domingo ? Somos dos adultos, gracias

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