Thursday 30 de May de 2024
TURISMO | 22-08-2023 07:17

Polvaredas, un pintoresco pueblo a 180 KM de CABA para descubrir la historia rural

Cercano a Saladillo, es ideal para una escapada de descubrimiento de otras tradiciones, encontrarse con colecciones enteras de memorabilia de la ciudad y escuchar el relato de sus secretos de boca de los propios protagonistas.
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Polvaredas es un pueblo rural ubicado a tan solo 27 kilómetros del centro de Saladillo como ciudad cabecera y a 180 km de Capital Federal. Calles de tierra, una plaza pequeña y su modesta capilla hacen lo convirtieron en un lugar con encanto propio. El jardín de infantes conserva su fachada original, al igual que la escuela primaria, establecimientos que pueden ser visitados. Pero la novedad es que la formación secundaria está especializada en turismo, por ende la nueva generación podrá seguir mostrando las bellezas del lugar.

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Ni bien uno entra al pueblo no hay más que entregarse a la naturaleza y a construcciones que datan de 100 años atrás. A la derecha se encuentra el Bar de Cato, aún abierto. Es una foto literal de lo que permanece en el tiempo sin modificación alguna y es atendido por un soñador de 90 años que recibió a generaciones enteras en su almacén. Pegadito está lo que fue la primera estafeta postal atendida por Nelly Serafín, como así también la primera panadería que, según cuentan sus habitantes, vendía una galleta de piso única. 

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Al pueblo se lo conoce como la cuna del creador de helicópteros Augusto Pirincho Cicaré, quien voló su primera aeronave en pleno campo rodeado de vacas y paisanos. Actualmente la calle principal lleva su nombre. Justo en una esquina hay una herrería, La Pintoresca, donde aún se conserva una de las pocas fraguas que todavía existen en el país. Cacho Lucentini, uno de los mejores amigos de Pirincho, es el dueño del lugar y quien enciende ese gigante cada vez que alguien lo visita con la misma naturalidad que nosotros pondríamos la pava para hacer un mate. El relata eternas historias con “el dueño de los helicópteros”, cuentos que hablan de madrugadas enteras fundiendo a escondidas fierros, para lo que después sería finalmente una pieza de la nave que volaría el cielo polvaredense. Entre lágrimas y manos tajadas Cacho, como lo llaman los lugareños, recuerda historias de vida campera tan profundas que dan gusto conocer.

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Con el paso del tiempo el pueblo ha disminuido la cantidad de habitantes permanentes, solo 500 personas viven allí hoy. Sin embargo hay coleccionistas, como es el caso de Mario Chicaré, que estuvo en Malvinas y aún hoy mantiene su pasión por los soldaditos, las balas, los gorros de guerra que se despliegan sobre grandes vitrinas acompañados de miles de historias de vida que, con entusiasmo, cuenta a los visitantes.

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El gran museo de la localidad es el Bar Luna Park. El devenir del pueblo y de sus habitantes está atesorado en cada uno de sus rincones. El dueño, Marcos Bernárdes, aclara que cada familia ha dejado algo antes de irse y que su espacio mantiene vivo a sus habitantes a través de objetos, cuadros, recortes periodísticos, fotos y hasta reliquias que fueron enterradas en tiempos de la dictadura militar. Las desgastadas paredes ya no tienen espacios para más, pero la cancha de bochas aún se mantiene intacta. Antiguamente era propiedad de la familia Bruno, que lo mantuvo por largas décadas abierto y tenía la única heladería del pueblo, la cual lo convertía en un lugar de reunión cada fin de semana.
Polvaredas es un destino ideal para caminar en silencio, para sentarse en sus parques, para sentir los pájaros cantar, disfrutar de la amabilidad de un pueblo e irse con miles de historias

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