miércoles 26 de febrero de 2020
19-02-2019 15:19 | TURISMO

Nahuel Huapi, el parque de los parques

Cómo disfrutar de toda la naturaleza que ofrece Bariloche: rafting, kayak, cabalgatas, 600 km de senderos y más de 10 refugios de montaña. Ver galería de imágenes

Aquí es donde se inició todo. En 1903 el famoso Perito Francisco Moreno donó al Estado argentino tres leguas cuadradas que se convirtieron en el núcleo del primer parque nacional del país. En 1922, se llamó Parque Nacional del Sud y en 1934 recibió su nombre actual junto con la incorporación de una mayor superficie. Hoy, el Parque Nacional Nahuel Huapi posee una superficie de 717.261 hectáreas, se ubica en el oeste de Río Negro y de Neuquén, y es el clásico de clásicos a la hora de elegir un lugar para vacacionar y hacer trekking.

“Uno se acostumbra a todo y la lluvia es parte de nuestro paisaje”, se escucha decir a la gente del lugar en el gesto mecánico de colocarse la capucha de la campera que siempre se tiene cerca (por las dudas). Y sí, cuando uno decide venir por estos lares es importante –aún en verano– hacerlo equipado, lo que incluye anteojos para sol, protector solar y abrigo, bastante abrigo para ir sacándose en capas.

El primer día nos toca la clásica navegación a Puerto Blest por el lago Nahuel Huapi. Este recorrido se realiza en modernos catamaranes cubiertos, donde uno elige entre quedarse a resguardo o con el viento en la cara, disfrutando del paisaje a flor de piel en la cubierta (según el clima y los ánimos); hay dos frecuencias por día y el recorrido dura una hora y cuarto.

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“Este es uno de los parques que más paisaje protege –cuenta Carla Pozzi, bióloga perteneciente al Departamento de Conservación de Parques Nacionales–. Predomina el bosque templado frío, pero también hay selva valdiviana, estepa y bosque alto andino”. Además, al igual que muchas otras áreas protegidas, aquí se cuidan dos grandes cuencas que provee el agua que se toma en Bariloche, en Neuquén, y que sirve como riego para la producción de peras y manzanas del Alto Valle de Río Negro.

Como si esto fuera poco, sobre el río Limay hay dos represas cuya energía aporta a la Red Nacional, lo que significa que el cuidado de esta área ubicada en la Patagonia contribuye a la electricidad de todo el país. O sea: un parque nacional no es sólo un conjunto de bellos paisajes donde vacacionar, sino un espacio que protege la vida de animales, plantas y también de seres humanos de forma directa e indirecta.

El ambiente de Puerto Blest, adonde hemos llegado, es bastante especial ya que predomina la selva fría. A pocos kilómetros del paso Pérez Rosales a Chile, uno tiene la sensación (por momentos y debido a la influencia del cine) de estar en un bosque europeo, frío, húmedo, con niebla… pero de pronto todo nos devuelve a la Argentina: en el parador La Poderosa nos ofrecen un mate bien caliente (o chocolate) y a unos metros vemos la réplica de la moto con que el Che Guevara recorrió Latinoamérica, una Norton 500 que hace temblar las rodillas. Inevitable sacarse fotos en el lugar.

Luego del momento emotivo, nos toca hacer el recorrido hacia la Cascada de los Cántaros, uno de los senderos más antiguos del Parque, con miradores a diferentes saltos de agua y que culmina con la vista de un alerce de más de mil años. Son 700 escalones pero se pasan volando.

 

Arrayanes y Angostura

La otra navegación súper típica es a la Isla Victoria y Bosque de Arrayanes. Lo mejor es hacer el recorrido en el hermoso y conocido barco turístico Modesta Victoria, que ya lleva 80 años surcando estas aguas y fue el encargado de trasladar los restos del Perito Moreno a la Isla Centinela, parte indiscutible del paseo y donde se le rinde homenaje cada vez que se pasa por allí.  Entran 300 pasajeros sentados; Frondizi, Clinton y Obama fueron algunos de ellos.

Luego de apenas una hora de navegación, llegamos al Bosque de Arrayanes, que también tiene la categoría de Parque Nacional. Al frente se ve la Isla Victoria, donde funciona el vivero forestal con el cual se repuebla al bosque y que, a la vez, es un importante reservorio de genética de distintas especies (ciprés, cohiue, maitén, alerce). Recorremos el bosque y es inevitable sorprenderse ante estos troncos suaves, fríos y de intenso color canela (a causa del tanino que poseen). El circuito es de baja dificultad, ideal para hacer en familia con la tranquila serenidad de que hay pasarelas y no existen momentos complicados. El corolario se produce en la casa de té donde, aunque no haga mucho frío, dan ganas de tomar café o chocolate con tortas. El ambiente patagónico es así.

El almuerzo nos toca en la bella Villa La Angostura, lugar perfecto para el disfrute de paisajes también perfectos y tranquilidad a prueba de turistas. Nos esperan en Viejos Tiempos, un restaurante que se luce con el cordero braseado al malbec, acompañado por tomates y cebollas asadas, hojas de estación y chutney de peras. “Estamos instalando nuestra mini huerta de especias a fin de condimentar con productos recién extraídos”, cuenta Rafael Sosa mientras nos seduce con postres donde abundan las cremas y los membrillos.  

Luego del city tour por la villa, vamos a Puerto Manzano, holgazaneamos un poco por aquí, otro por allá y tomamos impulso para ir hasta un mirador sobre el lago. Unos kayakistas se divierten, levantas las palas y nos saludan.

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Rafting y paisajes

La última jornada de nuestro recorrido es en la zona sur del Parque, donde haremos rafting comenzando por el lago Steffen para pasar luego al río Manso. En total son 16 km donde se alternan momentos calmos con otros de adrenalina que casi nos tiran del bote. Todo suma para pasarlo bien en este entorno de enorme belleza, pues la naturaleza parece haberse esmerado para que le tomen fotografías. Y los visitantes también: más allá, un hombre solitario está hundido en el agua hasta la cintura moviendo su caña; su pequeñez contrasta con la inmensidad de todo lo que hay y, justamente por eso, hace al cuadro perfecto.

“Este es uno de esos lugares donde siempre queda algo por hacer, por eso siempre se puede volver y experimentar cosas nuevas –resume Damián Mujica, a cargo de la Intendencia del Parque Nahuel Huapi–. Además, su gran extensión y variedad de ambientes permite conocer paisajes muy distintos y especies que sólo habitan aquí”. Una de estas especies es el huillín, una nutria que mide alrededor de 1,20 metros y que vive exclusivamente en sur de nuestro país y de Chile. Su presencia disminuyó muchísimo debido a la caza, estuvo en riesgo de extinción y hoy la única población que existe para la Argentina se ubica en este Parque, donde se desarrolla un proyecto para su conservación.

“Somos 80 guardaparques cuidando este lugar, pero lo importante es comprender que en verdad no lo cuidamos sólo nosotros sino cada persona que lo visita, pues es de todos los argentinos –reflexiona Damián–. Por eso el mejor consejo para el turista es que no queden huellas de su paso por la naturaleza y que los recuerdos los lleve en su celular o cámara de fotos”.

 

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Etiquetas: Bariloche Parque Nacional Nahuel Huapi Río Negro
Lorena López

Lorena López

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