domingo 21 de abril de 2019
18-02-2019 13:15 | TURISMO

Torres del Paine, el gran tesoro natural de Chile

Viaje rutero desde El Calafate para explorar distintos sectores de ese vasto parque nacional. Caminar, navegar, observar la fauna y dormir en hoteles o campings de lujo. Ver galería de imágenes

Aterrizamos en el aeropuerto de El Calafate y el encargado de la agencia de alquiler de autos nos espera contrato en mano: firmo y salimos a la ruta bajo un cielo fragmentado en nubes bajas como continentes a la deriva flotando en el infinito. El plan es cruzar a Chile por la cordillera de los Andes, que aquí se reduce a cerros bajos y ondulados: exploraremos a fondo el Parque Nacional Torres del Paine, de allí la necesidad de movilidad propia.

Al salir de la ciudad, una recta rasga la planicie esteparia. A oriente y occidente el paisaje es pura tierra plana: un salpicado de pastos ralos sin árboles ni ondulaciones. Son 360° de vacío absoluto con todo a la vista y nada para ver. Salvo la lengua de asfalto en la inmensidad frente al parabrisas, continuada en el espejo retrovisor. Gran parte del camino es de ripio en buen estado. En cinco horas llegamos al parque chileno, con la luz oblicua del atardecer encendiendo el granito de las montañas con un flamígero tono naranja. En la lejanía corretea grácil una tropilla de guanacos.

Torres del Paine, el gran tesoro natural de Chile

Recorrer el Parque Nacional Torres del Paine tiene algo de safari: uno ve ñandúes, mulitas, avutardas de pico curvo y cóndores que sobrevuelan sin aletear sus dominios andinos. Casi llegando al hotel, un conductor me hace seña de parar. Bajo y apunta con el dedo una lomada: a 150 metros reposa un puma de terso pelaje gris mirándonos con cautela. Se rasca una oreja, se para y da media vuelta para perderse de un salto entre los arbustos con la tranquila majestad de saberse en la cima de la cadena alimentaria. Es el rey de la estepa.

Nos instalamos en un hotel al pie de las Torres del Paine, en la zona centro-oeste. Y dormimos desde temprano para arrancar mañana el famoso trekking a la base del gran macizo de piedra.

Amanece y comenzamos a caminar desde la habitación –que bien podría ser una carpa-domo del camping de lujo ubicado a unos metros– cruzando puentes sobre arroyos que conducen a bosques tan tupidos que no dejan ver el cielo. Nos esperan ocho horas ida y vuelta: vamos a paso tranquilo por las laderas. A las dos horas el sendero se vuelve rocoso y empinado, aunque no peligroso gracias a los escalones naturales. Pero es extenuante. Con el último aliento llegamos a la cima de una meseta, al pie de un descomunal anfiteatro de piedra y a orillas de una laguna turquesa: detrás de las aguas se levantan las colosales torres de liso granito como ballestas apuntando a los dioses. La sucesión de paredones con algo de fortaleza unidos en cordón remite a la Gran Muralla China aumentada 100 veces.

Torres del Paine, el gran tesoro natural de Chile

Hacemos un picnic de antología entre las rocas y el panorama me parece ahora la gran caldera de un volcán apagado hace millones de años. Hemos quedado solos y pasmados ante un paisaje a escala inhumana que duplica su potencia pétrea reflejada en el agua. Los picos invertidos yacen a mis pies, casi en la orilla: de un saltito al agua podría alcanzar la engañosa cima que me tienta como las sirenas a Ulises en la Odisea. Pero el clima veraniego no da para mojarse, así que emprendemos el regreso, aún en estado de gracia.

Al día siguiente volvemos a la ruta para trasladarnos a la zona norte y conocer el lago Grey. Por falta de tiempo, no haremos uno de los mejores trekkings de la tierra: se llama “La W” por la forma que trazan los pasos en un mapa. Dura seis fatigosos días y se puede hacer sin guía, durmiendo en refugios de montaña y campings.

El lago Grey multiplicado

A metros del ripio, una pareja de cauquenes fieles hasta el final se hace arrumacos con el pico. Vamos parando donde nos place –caminamos horas por senderos sin cruzar a nadie– hasta llegar a la hostería frente al lago, ya de noche. Una pared de la habitación es toda de vidrio y dejo la cortina abierta para dormir frente a una intermitencia estrellada. Por eso el amanecer irrumpe en el cuarto casi con violencia: descubro tras el ventanal al lago Grey fraccionado en miles de pequeños témpanos diamantinos. Y al fondo se eleva esa otra formación rocosa llamada Cuernos del Paine, encendida de rosado con las primeras luces. Me doy el lujo de disparar la cámara sin levantarme de la cama.

Torres del Paine, el gran tesoro natural de Chile

Navegamos hasta el glaciar Grey en catamarán y luego en kayak, para acercarnos un poco a la pared de hielo. A la vuelta recorremos el extenso arenal negro que bordea al lago, adonde varan témpanos como galeones celestiales a la deriva. Tomo uno que ya es cubito y me lo llevo a la boca para terminar de fundir aquello que, hasta hace unos días, fue parte de la gran masa de hielo: un glaciar entero se me deshace en la boca. Esto ofende a Eolo –dios griego del viento– quien arroja una repentina ráfaga empujándome hacia atrás. El soplido es tan fuerte que los pajaritos ya no vuelan: se vuelan.

Terminamos la gira en la zona del lago Toro para alojarnos en Patagonia Camp, una original propuesta de glamping (camping con glamour). La ruta caracolea rodeando el lago y descubro las primeras tiendas circulares entre la vegetación: son yurtas mongolas. El recepcionista nos conduce a una y al atravesar la puerta quedo atónito ante un lujo decorativo inesperado: cama king size, luz eléctrica, calefacción, baño con bañadera, antesala y escritorio.

“Ahí tienen el jacuzzi al aire libre con el agua calentita. Y aquí una botella de vino cepa chilena carménère”, dice el recepcionista dejándonos solos bajo la noche para brindar sumergidos hasta el cuello, mientras un vaporcito caliente nos humedece el rostro: en un parpadeo viajamos de una estepa a otra –ambas legendarias– de Mongolia a la Patagonia.

 

Nota completa en Revista Weekend del mes de febrero, 2019 (edición 557).

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Etiquetas: Chile Calafate Torres Del Paine Parque Nacional Trekking Navegación Fauna Hotel Camping Glamping
Julián Varsavsky

Julián Varsavsky

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