sábado 23 de febrero de 2019
12-11-2018 00:08 | TURISMO

Temporada de promociones en Uruguay

De Montevideo a Rocha, un entramado de balnearios que, pese al tipo de cambio, seducen a familias y grupos de amigos. Playas y actividades clave. Beneficios y descuentos para no arrugarle a la visita.

El agua irrumpe con fuerza y algunas gotas se estrellan en el robusto faro del Cabo Santa María. La paz que impera en La Paloma sólo se altera hoy con ese bramido enojoso del mar, en uno de los pueblos más lindos que la costa uruguaya ofrece a sus principales cultores: los argentinos. Un pescador de ocasión refunfunea como si aquello explicase su infortunio, mientras a Mariana se le iluminan los ojos. “Surfear es mi otra pasión, junto a las tardes de soledad en Atlántica”, dice nuestra intrépida guía, experta en aventura rochense, departamento que se ha sumado a programas de descuento y beneficios que compensan el elevado tipo de cambio y hace que no cunda el pánico para que el país siga siendo una opción.

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Encanto “yorugua”

El glamour de Punta, la tranquilidad familiar de La Paloma, el aislamiento joven de Cabo Polonio, los aires hippies de Valizas, las tentaciones freeshoperas del Chuy… una paleta tan diversa como atractiva hace de esta costa algo recurrente por buenos servicios y naturaleza todavía virgen, con balnearios pequeños y encantadores, y puestas del sol que son una garantía. Pero la crisis pone en jaque el deseo, por eso el Ministerio de Turismo y Deporte de Uruguay comandado por Liliam Kechichian, decidió allanar el camino de los argentinos con la devolución de la totalidad del IVA en gastronomía, hospedajes –salvo Airbnb–, alquileres de autos, fiestas y eventos, y en arrendamiento de inmuebles turísticos durante todo el verano, abonando en efectivo, débito o crédito. Además, régimen de Tax Free para algunos productos, IVA cero en hoteles (cobro directamente sin impuesto, sin espera de devolución) y la reducción del 24 % del IMESI para naftas en estaciones ubicadas hasta a 20 kilómetros de la frontera, son parte del aliento rioplatense que la página ministerial (www.uruguaynatural.com) exhibe orgullosa.

Con ese panorama, y bajo la influencia cercana de la capital, algunas playas que coquetean con Montevideo (www.montevideo.gub.uy) son una buena alternativa. Extendidos unos kilómetros al oeste de su atractiva costanera, balnearios netamente de río se despliegan del otro lado de la bahía como la Playa del Nacional (a 15 km, con 300 metros de extensión) o las de Pajas Blanca (a 25 km, con 400 metros de longitud).

Ya más lejos, en el departamento de San José (www.sanjose.gub.uy), Kiyú oficia de anfitrión en la ancha alameda ubicada a una hora de la capital, con arena amarilla y fina hacia Colonia o Montevideo por varios kilómetros. Una casa allí para cuatro en Parador Chico, cuesta hoy $ 1.500 el día, y desde $ 2.000 en enero.

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Vamos arriba

Giran las ruedas por la Interbalnearia y las luces de la gran ciudad quedan atrás, pero no los atractivos. En el municipio de Ciudad de la Costa, 25 km al este de Montevideo y ya departamento de Canelones (www.imcanelones.gub.uy), varias payas desde Barra de Carrasco invaden los ojos. Inmensos caserones, arroyos que bajan al Plata y modernas propuestas de gastronomía no esconden sin embargo el plato insignia, el chivito: lomo al pan con queso, jamón, tomate, lechuga, morrón, huevo frito, papas, rusa, pickles y cuanta cosa más ande por la cocina integran el plato yorugua por excepción. Atravesamos Shangrilá, San José de Carrasco, Lagoma, Solymar y El Pinar (destacado entre ellos por la gloriosa sombra), para dar paso a Neptunia, inicio de la afamada Costa de Oro. De largas playas y mar sereno, surge ideal para familias con niños y su abundante vegetación ofrece sombra, pesca y deportes náuticos en el arroyo Pando. Allí el hostel Mama Killia Neptunia cobra $ 800. Imperdible, el parador Cultural La Barra (Interbalnearia km 36.200, desde las 22, gratis) donde los músicos se sumergen en el arte de los tambores y el candombe en medio de un paisaje de dunas y barcos de pescadores.

A continuación, y considerada la capital de la Costa de Oro, Atlántida es una de las ciudades costeras más tradicionales del país, clásico con Playa Mansa de perfil familiar y rincones de surf y pesca en Playa Brava. Paseos por la rambla, cenas románticas, casino, cine y entretenimiento para chicos completan una oferta que no debe eludir el Museo Neruda (Rambla y Brasil, miércoles a domingo de 10 a 17). Costa Azul, famosa por la pesca de corvina; los muros de arcilla que contiene las amplias playas de San Luis; y la belleza despojada de Cuchilla Alta concluyen una costa que bien tiene ganado su apodo. Allí, la posada Escalones, en balneario Santa Ana, desde $ 3.000 la noche.

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Más y menos coquetos

Piriápolis, inicio del departamento de Maldonado (www.maldonadoturismo.com.uy), da paso ya al mar con nombre y apellido. Clásico en verano, suma tranquilidad y un leve parecido con Mar del Plata, precios aún familiares y una rambla donde el histórico Hotel Argentino de 1930 (4 estrellas, desde $ 5.000 / www.argentinohotel.com.uy) es una postal con su casino iluminado. Con una playa que se extiende por 20 km y la imperdible visita al Cerro Pan de Azúcar, es uno de los grandes destinos de la costa.

A unos minutos de allí, haciendo gala de su sofisticación y elegancia, a veces con pompa excesiva, precios absurdos y demasiada pose, Punta del Este sigue siendo (acaso por todo aquello) un lugar destacado para el argentino, que sin embrago se las verá difícil en 2019. “Su incertidumbre con el dólar es la nuestra con los alquileres”, dice un inmobiliario que admite que los precios se duplicarán en varios rubros. Si bien los hospedajes siempre han sido relativamente más caros que en la Argentina, y la nafta también (llenar un tanque de 50 litros con súper cuesta $ 3.200), lo que parece excesivo hasta para el propio uruguayo es la provisión de alimentos, tanto en supermercados como en restaurantes. El 30 % a 40 % existente y previo a la devaluación, hoy llega al 100 %. Y si un chivito cuesta hoy en Montevideo, Piriápolis o Rocha en plata argentina entre $ 350 y $ 400; una Coca-Cola de 600 cc entre $ 70 y $ 80; el kilo de yerba (Canarias, siempre más cara) entre $ 190 y $ 230; en Punta del Este, las tarifas rozan el disparate. “Te arrancan la cabeza. Si no se puede ni comprar una agua Salus que te piden $ 150”, cuenta espantado Jorge, chofer de la intendencia de Rocha. Alquilar en La Mansa en la primera quincena de enero estaría 3.500 dólares y 3.200 en Manantiales.

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Rocha, la estrella

Tierra y agua, paz y tranquilidad cohabitan en plenitud en la joya del Este. Los 180 km de playas oceánicas de Rocha (www.turismorocha.gub.uy) conviven en un ecosistema de bosques, arroyos y lagunas con flora y fauna propia, que hacen de la belleza natural la mayor riqueza. Lo nuestro aquí comienza en la gran laguna donde Mariana Rovira (Mariana Aventuras, Tel.: +598 94461661) va anticipando que la visita será corta y nos perderemos sus travesías en Potrerillo-Laguna Negra, las cárcavas de Punta Rubia y el colosal carnaval de La Pedrera. “Pero Pepe es un crack, y eso sí lo van a disfrutar”, dice. Habla de Pepe Lobato (Tel.: +598 91861507), responsable de las navegaciones. Ni bien llegamos, el pescador, cuchillo en mano, interrumpe el fileteo junto a la familia. “Veo que usted no es ciclista pero lo vamos a cruzar igual”, bromea. Experto en la laguna de Rocha, donde también cría y cosecha camarones.

Pepe últimamente se está dedicando al cruce de ciclistas extranjeros que llegan por la ruta 10 costeando las playas que aquí encuentran un paso infranqueable:  la laguna. “Se ahorran 80 km y, mientras yo les cuento cómo es la cosa acá, hablamos de pesca, de política, de la vida”, dice el baqueano. El paseo es espectacular, y lleva a la boca donde el espejo de agua se une al mar, formando islas que son un sueño para el descanso, el mate y el asadito que él mismo propone.   

Desde allí, no hay que perderse La Paloma: el puerto, su Bahía Chica, el islote La Tuna, la playa Cabitos y sus curiosas piedras, y el tupido parque Municipal Andresito, donde pueden alquilarse cabañas (5 personas en enero 120 dólares por día). Aunque la piscina de agua climatizada, el sauna y gym, el desayuno continental y la vista privilegiada del faro hacen del Uy Proa Sur (www.uyhoteles.com/proasur), uno de los hospedajes más categorizados. “Desde aquí tu puedes salir A Cabo Polonio y Punta del Diablo, dos destinos que no debes perderte”, recomienda Fernando Toranza, su gerente, que resalta otras promociones locales que se suman para alquileres y paseos en modalidad 3x2 y 4x3, y comercios adheridos al “Menú 500 uruguayos” ($ 650 argentinos) que auspician la visita.  

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S.Teresa, P. del Diablo y el Cabo

La 4x4 de Mariana sigue ganado terreno. “No es broma: cada dos kilómetros hay un balneario más lindo que el otro en esta zona”. Habla de Punta Rubia, Santa Isabel, Santo Antonio, Atlántica… y un ramillete de playas vírgenes que la ruta 10 atesora desde La Pedrera, el pueblo encantador y hippie chic vecino a La Paloma, donde Serrana, de Cerámica El Barranco (Tel.: +099 217375) educa niños en el arte de la alfarería. De La Pedrera a Cabo Polonio, esos balnearios pequeños saben de argentinos. “Cómo no… si muchos son los dueños”, dicen. Seguimos con Mariana hacia el Parque Nacional Santa Teresa, unas 3.000 hectáreas donde el bosque, las barrancas rocosas, las playas desoladas, un vivero con palmares y flora exótica, invernáculo y sitio de protección de aves, y la antigua fortaleza de 1762 que contuvo a los portugueses, ve llegar miles de visitantes por día en verano. Acampar u organizar cabalgatas con Caballos del Este (Ruta 14, km 497, Tel.: +099 318298) para andar al traqueteo por la costa o haciendo noche en estancias, son propuestas de este singular espacio conducido por militares.  

Sobre uno de los límites de Santa Teresa está Punta del Diablo, de encanto hippie, como en barra de Valizas, verdadero llamador para los jóvenes. Tragos a la orilla del mar, productos cannábicos y música con buena onda guían las jornadas de este lado de la arena, mientras los pescadores artesanales encaran a pura red una nueva jornada mar adentro.

Sobre el cierre, ya con la agenda apretadísima, nos escapamos al Parque Nacional Cabo Polonio, otra de las joyas. Seductor para locales y ajenos por la imposibilidad de entrar en vehículos propios (se lo hace grupalmente en camiones todo terreno), la carencia de luz eléctrica y agua corriente refuerza lo natural de su geografía, donde no hay calles sino senderos irregulares que vinculan casitas pequeñas y rudimentarias. Su faro, la colonia de lobos marinos y alguna ballena remolona en el horizonte, coronan una visita del fabuloso este uruguayo.

Nota completa en Revista Weekend del mes Noviembre de 2018 (edicion 554)
 

 

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Pablo Donadío

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