Jueves 15 de abril de 2021
#WEEKENDER | 18-12-2018 10:06

Catedrales bajo tierra en Brasil

El Parque Estatal Turístico Alto Ribeira de San Pablo ofrece la oportunidad de recorrer por dentro un sistema de imponentes cavernas. Una propuesta llena de emoción y desafíos difíciles de olvidar.
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Después de lo vivido en las cavernas de Tailandia, en las que 12 chicos y su entrenador quedaron atrapados durante 17 días y luego fueron restacados con un operativo de película, imagino que a más de uno se le debe haber despertado la curiosidad por estos espacios ocultos y todo lo que conllevan: aventura, misterio, desafío, adrenalina, belleza, leyendas.

Para todos aquellos que el tema ya los pone inquietos, les tengo una buena noticia. Sin tener que ir tan lejos, como Tailandia, podemos disfrutar de un paraje relativamente cercano que nos ofrece todo eso. En el país vecino de Brasil existe el Parque Estatal Turístico Alto Ribeira, mejor conocido como PETAR, que comprende más de 300 cavernas, todas de una belleza inimaginable. A esto se suma un dato para nada menor: en 1992 la UNESCO reconoció a esta región como reserva de biosfera de la mata atlántica.

El parque se encuentra ubicado entre montañas y valles, en el sur del estado de San Pablo. Desde la ciudad del mismo nombre, por la BR 116 hay que ir a la localidad de El Dorado y, desde allí, seguir unos 70 km más hasta el pueblo de Iporanga. Durante el trayecto no hay que dejar pasar la oportunidad de visitar la Caverna del Diablo, la cascada La Mano de Dios y los circuitos Quilombolas, que permiten familiarizarse con una importante comunidad afrobrasileña.

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El pueblo de Iporanga fue fundado en 1576 y es la puerta de entrada a PETAR, ubicado a tan solo seis kilómetros. Esta pequeña localidad es inusualmente tranquila, como detenida en el tiempo. Aun así uno se puede hospedar allí, no hay establecimientos lujosos pero sí lo mínimo y necesario. Todo es muy básico, prácticamente no hay restaurantes ni supermercados.

Los mayores atractivos de la región son las cavernas, producto del suelo rico en piedra calcárea. El parque abriga una gran cantidad de ellas pero sólo 12 están habilitadas para el turismo. Una tiene una entrada de 215 metros de altura, considerada una de las mayores del mundo. A su vez, se dividen en núcleos o grupos llamados Santana, Caboclos, Ouro Grosso y Casa de Pedra. Toda esta red de cuevas está rodeada de una densa vegetación de mata atlántica.

A la hora de adentrarnos la vestimenta es muy importante, sobre todo contar con un pantalón largo, mientras más cómodo mejor. Las linternas y cascos son imprescindibles pero se alquilan ahí adentro. Además, es obligatorio ir con un guía habilitado, cuyos servicios cuestan alrededor de los R$ 100 para dos personas, si el grupo es mayor el precio se puede reducir. Su asistencia es indispensable, ya que las cavernas son enormes y muy sinuosas, incluso, en algunos caso,  pueden llegar a ser mortales.

Todas ofrecen distintos grados de dificultad, en su interior algunas tienen enormes ríos, zonas de escalada, pasarelas, rappel y hasta brindan la oportunidad de realizar buceo. Hay desafíos muy entretenidos para todos los gustos, sólo queda en el visitante decidir cómo se pondrá a prueba a sí mismo.

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Paredes adentro
Entrar a una de estas cavernas requiere de un mínimo de estado físico, sentido del equilibrio y, fundamentalmente, no sufrir de claustrofobia. Aún así, la experiencia es increíblemente fascinante.

Hay que estar dispuesto a muchas cosas, primero que nada caminar durante horas en subidas interminables entre rocas, raíces y barro. En más de una ocasión, uno se encontrará con lugares por los que no sabe si podrá pasar, como también cruzar puentes colgantes y ríos torrentosos, a veces con el agua hasta el cuello.

Es una experiencia extremadamente emocionante desde el primer momento ya que, antes que nada, deberemos acostumbrar la vista a una oscuridad muy profunda. Además, tenemos que asumir que probablemente terminemos embarrados de pies a cabeza, e incluso podremos llegar a quedar atascados en algún paso, en ese caso hay que ser pacientes y mantener la calma, siempre habrá una forma de salir del apuro.

Si nada de esto lo espanta y mantiene las ganas de seguir adelante, seguramente tendrá algunos de los momentos más excitantes, maravillosos e inolvidables de su vida. Descubrir los hermosos caprichos ocultos de la naturaleza y fundirse en sus secretos es algo que no tiene precio.

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Por último, vale la pena destacar que PETAR no es solo su red de cavernas, sino que también tiene mucho para ofrecer: una hermosa fauna y flora, con cascadas e imponentes árboles; una rica cultura y mucha diversión, en especial si se le da una oportunidad al boia cross, una especie de rafting sobre gomones.

Así que ya sabe, no es necesario irse a Tailandia para vivir una experiencia tan emocionante y única en el mundo, a veces la aventura de nuestras vidas está más cerca de lo que pensamos.

Por Nancy Edith Zunino
Nota completa en Revista Weekend del mes de Diciembre, 2018 (edicion 555)

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