Domingo 16 de mayo de 2021
TURISMO | 30-01-2021 19:00

Las Grutas: puerta de entrada a la aventura patagónica

Travesía por los lugares menos frecuentados de este ícono rionegrino, para quienes buscan paisajes diferentes lejos del ruido.
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Sabía que existía un ranking mundial de playas, pero no que las de Las Grutas habían sido elegidas como las mejores de la Argentina el año pasado. Menos aún que ocupaban el puesto 33 en el top 50 de Sudamérica, según la agencia de viajes FlightNetwork que todos los años elabora el informe en base al análisis de periodistas, bloggers y editores de viajes. Bastó sumar el factor pandemia a la ecuación para que, ni bien se levantaran las restricciones de la cuarentena, los turistas accedieran masivamente a descubrir este lugar único a orillas del golfo de San Matías, en la provincia de Río Negro. Y masivamente no significa sin la prerrogativa del distanciamiento social, ese que de manera casi compulsiva transformamos en moda, en una competencia de barbijos y saludos a distancia. Pongámoslo así: si algo hay de sobra en Las Grutas son espacios para estar en soledad.

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Hay que atravesar distancias y descubrirlos, como hicimos en esta nota, pero están. Playa Las Conchillas –en San Antonio Este, a 60 km– es uno de esos lugares: una alabastrina franja costera tapizada de restos de bivalvos sobre los que reposan decenas de motorhomes, casas rodantes y 4x4 con cómodos gazebos cuyos habitantes eligen pasar uno o varios días en mágica comunión bajo el sol, frente al mar. El acceso es libre, gratuito, por un camino en buen estado y hasta hay paradores donde proveerse de gastronomía al paso.

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Un poco más adelante, por el mismo ripio llegamos a Punta Perdices: un minicaribe de arenas casi blancas, escasa cantidad de gente, aguas cristalinas que suben y bajan dos veces por día con la marea cuando el mar penetra la ría a lo largo de cientos de metros, y la posibilidad de llegar con cualquier vehículo, armar una sombrilla y sentirse tan lejos del mundo como cada uno pretenda. En la zona no hay servicios, al menos que se contraten previamente, en cuyo caso pueden sorprendernos –como nos pasó– con una paella elaborada a la vista, para degustar descalzos sobre la arena mientras disfrutamos del sol, de bebidas frescas, de ocasionales nuevos amigos (que prometimos volver a ver) y de un snorkel con el que divisamos peces bajo el agua. Sin saberlo de antemano, acabábamos de descubrir una de las cinco playas consideradas vírgenes de la costa de nuestro país, ¡y la mejor de la región!

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Rumbo Oeste

El plan para la noche parecía tan pretencioso que se asemejaba al croquis de una utopía: cenar en la Salina del Gualicho bajo una lluvia de meteoritos. Veamos… La salina tiene 35 km de largo por 18 de ancho y una profundidad de 72 m bajo el nivel del mar. Es considerada una de las superficies de sal más grandes del mundo, el segundo punto más bajo del Hemisferio Sur (el primero es el Gran Bajo de San Julián, en Santa Cruz, con 105 m) y la 8º depresión superficial del planeta. Allí funcionan las instalaciones de las concesionarias de la explotación de sal, que restringen la entrada al público, salvo en visitas guiadas, como en este caso, a las que accedimos gracias a la empresa Cosermin, concesionaria junto a las mineras Alpat e Indupa.

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La clave es llegar al atardecer para observar cómo la puesta del sol juega al arcoíris con los cristales de sal, cómo el cielo se torna negro y de a poco comienza a iluminarse con decenas de miles de estrellas que brotan de la más profunda oscuridad, cómo la inmensidad y el silencio lo dominan todo… No hay manera de que el analfabeto emocional más fundamentalista pueda resistirse a ese caudal de energía enigmática que brota del Gualicho donde, según la leyenda tehuelche, ha vivido y sigue viviendo el diablo.

Y en ese contexto, finalmente, disfrutamos del prometido banquete de pollo al disco y vinos patagónicos, para luego rematar con buen postre, observación astronómica y un brindis porque alguna otra vez esta experiencia vuelva a repetirse (todos los 31/12 Desert Tracks organiza una cena de fin de año en este mismo lugar con fuegos artificiales y un DJ que pasa música hasta bien entrada la madrugada del primer día del año nuevo). La felicidad no se analiza, se vive, dijo alguien. Y en eso estábamos hasta que, pasada la medianoche, emprendimos el regreso con el objetivo puesto en el día siguiente.

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Tras el desayuno en el Desert Tracks Rancho –allí estábamos alojados–, partimos hacia el único olivar patagónico donde se elabora el aceite de oliva más austral del mundo, que se extrae de 11.000 plantas distribuidas en casi 30 hectáreas. Un proyecto que comenzó hace unos 10 años en el desierto costero rionegrino aprovechando aguas residuales urbanas, y que genera casi 100.000 kilos de aceitunas al año.

Tras la explicación del proceso y compra de rigor de productos exclusivos, seguimos viaje a Valcheta por 130 km de buena ruta asfaltada. Allí conviven un pueblo de 8.000 habitantes, con una estación de ferrocarril, y un bosque petrificado que se recorre en visita guiada de 40’ para comprender que lo que veremos no son pedazos de piedra cualquiera, sino árboles monumentales que las eras geológicas de hace 70 millones de años se encargaron de convertir en fósiles, y la Ley Nº 3689 en área natural protegida en el año 2002.

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Por radio VHF, mientras zigzagueamos por las calles de Valcheta, el guía explica que tras la avanzada de la Campaña de Rosas al Desierto fue establecido aquí un campo de detención de indígenas, a quienes las autoridades dejaron morir de hambre. Agrega que la localidad fue fundada en 1889 y que desde esa fecha recibió una importante inmigración europea, principalmente españoles e italianos. Entre la decena de jugosos datos de color que Hermes nos aporta, destaca el arribo del ferrocarril, el 14 de abril de 1910, logro muy importante para el progreso de los pueblos de la región. Actualmente, la estación-museo continúa en funcionamiento, recibiendo al Tren Patagónico que une Viedma con Bariloche los viernes, y los domingos en sentido inverso (por cuestiones del Covid-19 los servicios pueden estar modificados; más info aquí

Un viaje a la Edad Media

Ya de regreso a Las Grutas, la expedición al Fuerte Argentino sería nuestro próximo destino, una formación natural que desde el mar se asemeja a una fortaleza de la Edad Media. Pero la travesía marcaría un antes y después en esta aventura patagónica, porque el camino se hace al andar a través de la playa, interactuando con la bajamar que nos permite avanzar para esquivar rocas, dunas, salitrales y paredones a lo largo del camino. Se parte a las 9 de la mañana, para regresar a las 7 de la tarde, aunque en realidad dependemos de los caprichos del mar.

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El circuito es exclusivo para camionetas 4x4 y para los camiones militares de Desert Tracks. Comienza en la Villa de los Pulperos, donde aprendemos las técnicas de extracción de pulpitos, continúa hacia Piedras Coloradas, 4 km al sur, para hacer sandboard y trineo en los médanos, y sigue a El Sótano, punto donde se registra la mayor diferencia de mareas de todos el país. Tras la explicación técnica del fenómeno, en un paisaje desconocido de cielo repetido el aroma a leña y carne asada inunda nuestros sentidos: disfrutamos de cordero, chorizos, ensaladas, frutas y buen vino frente a un mar en el que los días de sol (apenas caen 200 mm anuales de lluvia) son tan constantes como la creciente y bajante de la marea, que estira o encoge las playas según los antojos de la luna.

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El día cierra 30 km más al sur, en la meseta del Fuerte Argentino, previo paso por el Cañadón de las Ostras, habitado por fósiles marinos de 20 millones de años. Con el sol cerca del poniente, hacemos snorkeling en la laguna Loma Blanca, al tiempo que el guía –Fernando–, vestido de templario, cuenta la historia del lugar y las seis hipótesis del arribo de los caballeros de la Orden del Temple a la Patagonia argentina.
Alguna vez leí que Joaquín Sabina escribió: “Al lugar donde has sido feliz, nunca debes tratar de volver”. No coincido: es probable que Sabina no conozca Las Grutas ni toda la gente y paisajes lindos que la rodean. De ser así, seguramente regresaría por la revancha de lo vivido y por lo que le falta descubrir, que siempre es bastante cuando se cruzan las miradas del destino en la puerta de entrada a la aventura patagónica.

Mapa de la zona

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  • Cómo llegar: desde C.A.B.A. son 1.040 km por autopista Cañuelas, Ruta 3 hasta Azul, luego rutas 226, 51 (hasta Bahía Blanca), 33, 22 y 251. Por protocolos Covid-19 hay que sacar los permisos de circulación de las tres provincias que se atraviesan: Buenos Aires, app Cuidar Verano; La Pampa, completar formulario web (https://ingreso.lapampa.gob.ar/ingresounico/servlet/mensajeinicial); Río Negro, descargar y completar datos de la app Circulación RN. Además, llevar DNI, tener la reserva confirmada del alojamiento y cargar esa reserva en la web de San Antonio Oeste (https://sao.cuidarnos.com.ar/permisosao/).
  • Dónde alojarse: Desert Tracks Rancho, Golfo San Jorge 765, Tel.: (02934) 497843, [email protected], www.deserttracksrancho.com.ar
  • Excursiones: Desert Tracks, Viedma 1145, frente al Casino. Tel.: (02934)497843, Cel.: (02920)15-414263, WhatsApp: +54 9 2934 455053, [email protected], www.deserttracks.com.ar. Desde hace 9 años, todos los 31 de diciembre realiza una cena de fin de año en la Salina del Gualicho.
  • Radio: Desert Tracks es una FM local (98.7) que también se encuentra online en www.deserttracksradio.com.ar o a través de la app Desert Tracks Radio (Google Store). En ella se podrá disfrutar de la mejor música country, jazz & blues que se transmite a todo el mundo desde Las Grutas.
Marcelo Ferro

Marcelo Ferro

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