Lunes 23 de mayo de 2022
TURISMO | 30-01-2022 14:00

Florianópolis tiene cerca un pueblo colonial ideal para vacaciones sin multitudes

Se llama Santo Antonio de Lisboa, fue fundado por inmigrantes de las Azores y tiene el combo completo: playas preciosas, restaurantes especializados en ostras de todos los precios y una impronta colorida. Ideal para pasar el día y hasta hospedarse.
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Apenas abandonamos la Rodovía SC 401, en un corto tramo llegamos a Santo Antonio de Lisboa, un pequeño pueblo de pescadores que fue el primer asentamiento azoriano en Florianópolis. Bien cerca del centro de esta famosa isla del sur brasileño, el poblado vuelca todo su pintoresquismo hacia la extensa playa de aguas apacibles sobre la Bahía Norte, rodeado además por suaves colinas que le conceden un cierto espíritu romántico, muy apreciado por los turistas. Aparte de la tranquilidad de los pequeños poblados del siglo XIX, aquí se mantiene la arquitectura tradicional de las Azores, típicas costumbres heredadas de los colonizadores portugueses afincados en estas latitudes entre 1748 y 1754. 
Basta recorrer sus pocas cuadras para apreciar uno de los conjuntos edilicios más representativos de la época colonial. Caserones antiguos de coloridas fachadas, posadas de artesanos donde abunda la cerámica y el encaje, la añeja y barroca Iglesia Nossa Senhora das Necessidades (1757) y su vecino y cuidado cementerio, y angostas callecitas empedradas de vieja data conforman este núcleo histórico declarado como Área de Preservación Cultural.

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El típico cartel con el nombre del pueblo es el punto especial para tomarse una foto instagrameable.


La sencilla y a la vez hermosa iglesia colonial es una de las más antiguas de esta región, la que aún mantiene los primitivos cimientos. Antes de la colonia portuguesa, originalmente esta zona estuvo ocupada por guaraníes y luego, mucho después, se agregaron inmigrantes españoles, franceses, italianos, alemanes, belgas, sirios y un gran porcentaje de población africana, que trajeron consigo la producción agrícola y ganadera, y su delicada y artística labor artesanal. 

Santo Antonio de a pie

El pueblo es ideal para recorrerlo a pie. Así lo hicimos, todo está cerca. Frente a la iglesia y en la esquina resalta la típica casa azoriana que impone un fuerte amarillo en las paredes y es fiel testigo de la época primitiva. En muchas casas vecinas se muestran las “mozas bonitas”, una suerte de simpáticas muñecas que asoman desde los ventanales y le otorgan al paisaje un toque muy particular. Hay atelieres, recintos de arte y la Casa de Cultura Clara Manso de Avelar con exposiciones permanentes. En las viviendas particulares predominan las fachadas blancas y de vivos colores, techos a dos aguas con tejas y puertas de madera. Vale perderse por las callecitas que suben y bajan suaves pendientes y otorgan un encanto sumamente puebleril. 

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Las casas pintadas de amarillo son típicas de las Azores.

Al llegar a la costa, vemos distintos bares, paradores, restaurantes y marisquerías con sus decks y terrazas frente al mar. Se destaca un moderno cartel con el nombre del pueblo donde posan numerosos visitantes para la foto y la plaza Roldao da Rocha Pires, cargada de historia resumida en el “portal de los azulejos” que describe los orígenes del pueblo y donde además se encuentra la primera calle pavimentada del estado de Santa Catarina, merced a la visita del emperador de Brasil, Dom Pedro II, a mediados del 1800. Durante los fines de semana, en este predio se realiza la tradicional “Feria das Alfais”, que es un mercado al aire libre con puestos de artesanías, indumentaria y libros. 

Ostras: el manjar de Santo Antonio

A lo largo de la franja costera se extiende la amplia playa del pueblo, rodeada de tupida vegetación. No es para bañarse ni tiene servicios, todo lo contrario, es un lugar para relajarse y disfrutar de la vista y la tranquilidad, perfecta para una plácida caminata, sacar fotos o pintar un cuadro contemplando el mar y las serranías circundantes. Veraneantes tomando sol, bebiendo agua de coco, caipirinha, cerveza o meciéndose en las hamacas que penden de los árboles, simbólica y curiosa alternativa ribereña. Sobre la bahía, algunos veleros y botes pesqueros, el sector portuario y, a lo lejos, las siluetas de los edificios céntricos de “Floripa” junto al puente Hercilio Luz que une la isla con el continente.

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Ostras preparadas de todas maneras son el manjar de la zona.

En una barcaza, Juanito arregla sus redes para la pesca del día siguiente. “Sabe…–comenta el pescador–, aquí muchos moradores trabajamos en la captura de conchillas”, intentando hablar su mejor “portuñol” mientras continúa su trabajo. Santo Antonio de Lisboa es cuna del cultivo de ostras y mariscos, que comenzó con la llegada de los primeros portugueses, y aún hoy mantiene su fiel tradición que se transmite luego en manjares gastronómicos a base de frutos marinos.
"No puede irse de Santo Antonio sin probar las ostras", afirma Juanito, tan así como reflejan también varios carteles diseminados en la costa, invitando a degustar en cualquiera de los variados sitios gastronómicos este típico plato que puede pedirse de distintas maneras: al ajillo, al vapor, asadas, con jugo de limón, gratinadas o a la parmesana. Son famosos los "Cantinho da Ostra", sencillos puestos al aire libre sin demasiadas pretensiones, pero que sin duda son otra alternativa donde a precios muy accesibles se pueden saborear estos singulares moluscos.

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La playa del centro es solo para sentarse a tomar y comer, no para bañarse. 

Santo Antonio de Lisboa es cabecera de su propio distrito, integrado además por Sambaquí y Cacupé, pueblitos similares de casas coloridas, playas escondidas y orígenes pesqueros. El camino costero lleva a conocer estos cercanos y apacibles parajes enclavados en plena naturaleza. Toda esta zona resulta ideal para alejarse, aunque sea por un rato, de los grandes puntos turísticos de la isla: Canasvieiras, Ingleses, Barra da Lagoa, Joaquina y tantos otros magníficos balnearios, dejando aquella movida y perdiéndose en este contraste de encanto y paz, bien propia de estos lugares.
Finalmente, y siguiendo el consejo de gente amiga, nos quedamos en Santo Antonio hasta el atardecer. Al caer el sol, el espectáculo es imperdible: toda la bahía se tiñe de tenues naranjas rojizos que brindan una magnífica postal, tan así que para los entendidos su mágico ocaso es uno de los más bonitos del territorio brasileño…

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La panorámica de Santo Antonio da una idea de lo pintoresco que es.

Info de Santo Antonio de Lisboa

  • El pueblo se encuentra a 14 km del centro de la ciudad de Florianópolis, en el estado de Santa Catarina.
  • Desde la Terminal Centro, el bus 310, 330, 331 o 365 van hasta ahí, y el viaje dura unos 30 minutos. En auto hay que tomar la SC-401.
  • Un tour en bus con degustaciones de ostras y caipirinha ronda los $ 1.700 (argentinos, se contrata en la misma terminal u hoteles de la isla).
  • Requisitos para ingresar a Brasil (vía terrestre o aérea): test de antígenos o PCR negativo y el esquema de vacunación completo (de no tenerlo, cuarentena de cinco días). Completar on line una declaración de salud.

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Marcelo Ruggieri

Marcelo Ruggieri

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