01-11-2018 15:29 | TURISMO

En Zagreb ya es Navidad

Un ambiente edulcorado que incluye un museo de las rupturas y un pesebre viviente anticipan las festividades en la capital de Croacia.

ZAGREB (dpa) - ¡Buuum! Los turistas junto al puesto de vino caliente
en el que suena la canción navideña “Last Christmas” se estremecen y
miran desconcertados hacia arriba. ¿Ya es Año Nuevo? Claro que no,
pero por la ventana de la torre Lotršcak sale humo.

Todos los días a las 12 horas retumba el cañón situado en el cerro
del centro histórico de Zagreb, desde hace más de 100 años,
explica la guía turística Maja Halvaks. Diez minutos después, cuando subimos a la torre, todavía huele a pólvora negra.
Desde allí la vista de Zagreb es muy amplia. A un lado está el Medvednica (cerro de los osos, en croata), cubierto de nieve,
y al otro el conjunto aquitectónico de la ciudad.

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El camino desde el aeropuerto pasa primero por un suburbio gris.
Después, la arquitectura soviética cede el protagonismo a los
edificios suntuosos del casco viejo. Aquí, muchos lugares se parecen
a Viena. Las casas Art Nouveau recuerdan a la época del Imperio de
los Habsburgo, cuando la ciudad, fundada en el siglo XI, todavía se
llamaba Agram.

Directamente debajo de la torre Lotršcak se encuentra el
miniteleférico que lleva a los turistas de la parte moderna de la
ciudad, que está abajo, a la  antigua que está arriba. El viaje
no dura ni un minuto y franquea un desnivel de 30 metros. ¿No es
mejor ir caminando? Puede ser, pero no hay que subestimar la comida y
el aguardiente croatas.

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Huele a canela, a pan horneado y a carne asada. En una sartén
gigantesca se amontonan salchichas. Tan sólo en un puesto hay 12
variantes, desde salchicha de ciervo hasta salchicha con queso,
pasando por salchicha con ajo. La cocina de los Balcanes siempre ha
estado basada en la carne. Cevapi (rollos de carne condimentada)y
cosas por el estilo.

Sin embargo, la cocina croata no está compuesta únicamente por platos
fuertes y sustanciosos. En la pradera de Vranyczany hay comida
callejera como perritos calientes con pan de color rosa o negro y
lombardo. El aspecto es exótico y el sabor, refinado. Y por supuesto
no pueden faltar los Germknedla, bollitos tiernos y esponjosos
rellenos de mermelada de ciruela con mantequilla y semillas.

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Para muchos turistas, Croacia sólo es un destino de playa pero el
país tiene mucho más que ofrecer, también durante la época
prenavideña. La guía de viajes “Lonely Planet” eligió en 2017 a
Zagreb como el destino número uno de su lista “Best of Europe”. Y un
portal de viajes ha distinguido tres veces seguidas a esta ciudad por
su mercado navideño. Zagreb es una buena alternativa para quien ya
conozca Viena, Praga o Budapest.

En la catedral en la parte alta de la ciudad hay un Belén Viviente
durante la época navideña. En tiempos del socialismo yugoslavo bajo
el mando del mariscal Tito, el Niño Jesús no estaba bien visto, pero
esto ha terminado, dice la guía turística. A pocas calles de
distancia de la catedral se encuentra, en el corazón del centro
histórico, la iglesia de San Marcos, con sus tejas blancas y rojas,
en cuya fachada está retratado el escudo de la ciudad.

Directamente debajo de la vieja muralla y no lejos de la catedral se
encuentra el Dolac, el mercado central de Zagreb, con sus sombrillas
rojas que en invierno protegen del aguanieve. Entre los
souvenirs más conocidos que se ofrecen están los “licitares”,
panecillos de especias en forma de corazón que se regalan sobre todo
el Día de San Valentín y que incluso han sido declarados Patrimonio
de la Humanidad por la Unesco.

Vale la pena visitar también el Museo de las Relaciones Rotas, cuya
exposición muestra numerosos objetos detrás de los cuales se esconden
anécdotas muchas veces desgarradoras. Por ejemplo, un corcho de una
botella de champán cuenta la triste historia navideña de dos personas
que inician durante los días festivos una relación. Los dos están
casados. Él abandona su familia pero ella no, de modo que él se queda
al final solo y probablemente tenga que celebrar la próxima Navidad
sin compañía.

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El bulevar Strossmayer es el paseo perfecto para enamorados con
vistas de la ciudad y sillones y sofás para hacer selfies. 
Por la tarde se enciende en el parque Zrinjevac la iluminación navideña, que trepa por los plátanos.
El mar de luces intensamente blancas convierte el bulevar en un paisaje mágico de invierno.
Un coro canta canciones navideñas en un antiguo pabellón de música.

En pequeños puestos de madera se venden figuras de ángeles. Los
visitantes del mercado escuchan con una copa de vino caliente en la
mano. Huele a Germknedla. Ningún cañonazo interrumpe el ambiente de
contemplación. Las historias de amores rotos están olvidadas. Después
del concierto empiezan a sonar los clásicos de la música pop. Todo un
poco demasiado edulcorado, pero ¿no es esto precisamente lo que uno
espera de la Navidad?

Informaciones: https://croatia.hr

dpa

 

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