19-10-2018 19:02 | TURISMO

La diversidad cultural de la isla Mauricio

Hindúes, chinos y europeos habitaron esta pequeña isla africana y hoy sus descendientes celebran todas estas culturas por igual.

El deporte nacional de Mauricio es la vela. Cada fin de semana, la gente se reúne alrededor de la isla para disputar
regatas. Es un gran evento, también para turistas, que observan la competencia desde la orilla bebiendo y riéndose.

Los sencillos barcos con sus velas coloridas se ven bonitos en el mar de color turquesa, delante de la singular costa con sus montañas cubiertas por una vegetación verde oscuro. Las regatas en la isla tienen una larga tradición. En algún momento en el pasado, los pescadores que se hacían al mar con sus piraguas comenzaron a hacer carreras entre ellos que atrajeron a espectadores. Así surgieron fiestas con mercados, arte, cultura y música.

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La mayor regata se lleva a cabo con motivo del Festival Internacional Kreol, que este año se realiza del 17 al 26 de noviembre. Durante dos
semanas, la isla celebra su cultura con el deporte de vela, conciertos, bailes y el sware tipik, una especie de concierto con
picnic. En el centro de las actividades está la música tradicional, el segá, que surgió cuando los esclavos se vieron obligados a
reunirse en secreto para vivir su religión y música. 

Mauricio es un fascinante crisol de tradiciones. La isla, situada en el océano Índico lejos de la costa Este de África, fue colonizada
primero por navegantes holandeses, a partir de 1598, y desde 1715 por los franceses. En 1810, la isla, de 2.040 kilómetros cuadrados, fue conquistada por los ingleses, que mantuvieron Mauricio como colonia hasta la independencia en 1968. Los colonizadores europeos necesitaban trabajadores para las
plantaciones. Así llegaron a la isla primero esclavos africanos y más tarde trabajadores indios y comerciantes chinos.

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El resultado de esta historia es una sociedad multicultural con una gran diversidad de religiones y tradiciones. Todos festejan
conjuntamente la fiesta islámica del sacrificio, la fiesta china de Año Nuevo y la fiesta india de las luces Diwali.

En el mercado, durante la regata, se puede apreciar en un espacio pequeño toda esta mezcla cultural. El guía turístico Sameer Takun
pasa por hileras de puestos y se detiene delante de unas grandes fuentes. Pide una especie de rábano cortado en rodajas pequeñas y
adobado con zumo de tamarindo. Las rodajas, al igual que los mangos y piñas marinados, se sirven como ponche en vasos.

Tres puestos más adelante hay en una bandeja “riz frite”, arroz frito con pasas. “Y ahora vamos al indio”, dice Takun mientras señala un
improvisado comedor popular. Un negocio familiar. En un espacio de tres metros cuadrados, ocho personas fríen samosas picantes o hacen
el pan para el dholl puri, un plato de lentejas envueltas en figaza árabe que es algo así como el plato nacional de Mauricio.

La cocina local es definida muchas veces como de fusión. No siempre en los mercados y las fiesta pero en los restaurantes
elegantes se ofrece todavía la cocina francesa e inglesia de los colonizadores con todo tipo de combinaciones, la llamada cocina
criolla.

Sin embargo, Fabio de Polo, dueño del restaurante en el Chateau de Labourdonnais, no está totalmente de acuerdo con este término.
”Criollo es demasiado general. En realidad, no dice nada. Yo hablaría de la cocina mauriciana. La cocina de la isla -explica De Polo-
tiene un toque muy propio que la diferencia de otras culturas criollas.

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Esta individualidad apenas la está descubriendo Mauricio ahora, dice este gastrónomo italiano que vive desde hace algunos años en
la isla y que también ha observado cambios en el turismo. De ser un clásico destino del turismo todo incluido, recibe cada vez más visitas
de turistas individuales y mochileros. “Esto cambia los restaurantes, que atraen con sus especialidades locales de alta calidad”.

Bernard Maurice coincide con el italiano. “Ahora hay más interés en rescatar la historia, también para enseñarla a los turistas y
sacarlos de los hoteles”. Maurice es el director y curador del Chateau de Labourdonnais en Mapou. Esta antigua casona colonial fue
reconvertida hace pocos años en un museo dedicado a la historia de la isla con su esclavitud y cultivo de la caña de azúcar.

Durante la época de la esclavitud nacieron muchas tradiciones de la población africana en la isla, también la música típica, el segá. En
el marco del Festival Kreol se lleva a cambio el “Segá Lontan”, un gran evento musical transmitido por televisión en vivo y en directo
que atrae a miles de visitantes.

El segá une a todas las generaciones y domina el mundo musical de la isla, lo que se pone de manifesto cuando uno escucha la radio.

Lo que llama la atención en un segá o sware tipik es el hecho de que se trata de eventos visitados casi exclusivamente por personas que
tienen antepasados africanos. Es su herencia. Las diferentes culturas en Mauricio coexisten de forma paralela y apenas se mezclan.

”Sin embargo, a las bodas invitamos a todos, cientos de personas que festejan conjuntamente”, dice el taxista Amir Amya Beegun. También
los días festivos de las diferentes religiones se celebran entre todos. “Nos entendemos bien. Mi familia celebra muchas fiestas con
todos nuestros vecinos. Van indios, musulmanes y chinos. A mí me gusta sobre todo celebrar con los musulmanes, que cocinan muy rico”.

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Información básica:

Cuándo viajar: la Oficina de Turismo recomienda los meses de abril
hasta junio, así como de septiembre hasta diciembre. Entre noviembre
y mayo pueden formarse ciclones. En febrero y marzo llueve con mayor
frecuencia.

Salud: no existe riesgo de malaria en Mauricio. Sí es importante una
buena protección contra los mosquitos para prevenir la fiebre del
dengue.

 

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