Sunday 19 de May de 2024
TURISMO | 04-10-2023 07:00

3 parques cuyanos para visitar en cualquier momento del año (tercera parte): Talampaya

Dos nacionales y uno provincial resaltan en esta región de nuestro país. San Luis, San Juan y La Rioja a través de un circuito que ofrece paisajes asombrosos. En esta última entrega, la joya riojana.
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La Sierra de las Quijadas, el Valle de la Luna y el Cañón de Talampaya invitan a recorrer sus antiquísimos escenarios, tal como se presentaban hace millones de años. Paisajes asombrosos, vestigios de animales prehistóricos y esculturas de piedra, arcilla y tierras rojizas talladas desde épocas remotas. Un circuito que une tres provincias cuyanas donde la historia y la naturaleza conviven desde épocas ancestrales. 

Tras dejar la ruta principal en La Rioja, ingresamos por un corto camino que nos lleva directo al predio. Los vehículos quedan en el playón lindero al área de servicios. A pasos está el Sendero del Triásico, que en sus 200 metros muestra las distintas especies de dinosaurios que habitaban la zona, representados por figuras hechas a escala natural. Tras este paseo peatonal gratuito, se inicia la visita en buses locales. La excursión también se puede realizar en mountain bike, 4x4 o en una caminata, pero en cualquiera de las modalidades, siempre en compañía de un guía.

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“Este parque nacional fue creado en 1975 y declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en el año 2000, –comenta Luis, uno de los guías– y conforma la Cuenca Triásica de Ischigualasto, que es una gran área donde afloran antiguos sedimentos cuya data coincide con la de aquellos primitivos gigantes. En esos años, este sitio no era el desierto que vemos hoy, sino un gran valle surcado por lagos y enormes ríos”. Talampaya, que en quéchua significa “árbol del río seco”, es una reserva natural de 215.000 ha, famosa por sus increíbles farallones de roca rojiza y por sus diferentes figuras erosionadas por el viento donde, además, en muchas piedras se registran huellas de la antiquísima flora y fauna que dejaron su impronta en el lugar. 

Subimos al bus para comenzar el recorrido por un estrecho y pavimentado camino que se extiende en línea recta hacia el gran cañón y que al culminar continúa por el lecho seco del río Talampaya. Llegamos a la primera parada –a la que denominan Petroglifos– para realizar un corto trayecto por la pasarela hasta acercarnos a unas rocas donde resaltan unos dibujos rupestres tallados hace 1.500 años por culturas indígenas que semejan figuras 

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de animales (guanacos, pumas, ñandúes). “Fueron grabados con puntas de cuarzo o granito –explica Luis– sobre la pátina oscura natural de dióxido de manganeso que cubre algunas superficies rocosas. A este sitio lo llaman Puerta de Talampaya y marca el comienzo de los paredones. Se supone que estas figuras corresponden a la cultura La Aguada, proveniente de tribus que habitaban este sitio entre el 500 y el 1000 DC”.

El recorrido continúa y nos dirigimos ahora hacia el interior del cañón, circulando siempre por el lecho seco del río. Llegamos al Jardín Botánico, donde se destaca un pequeño bosque de algarrobos, chañares y molles. La pasarela se extiende hasta dar con los murallones, impactantes paredones de intenso color ladrillo que alcanzan unos 150 m de altura e imponen su presencia cortados a pique. Por sobre estos tremendos tapiales, la lluvia creó una curiosa hendidura vertical de forma cilíndrica conocida como La Chimenea y todo en su conjunto logra una fantástica acústica que al grito de un “hola” grupal seguido de silencio, el eco repitió unas cuatro veces hasta perderse. Antes de continuar, la empresa de turismo invita un café y frutos secos. 

El periplo conduce hacia distintas geoformas conocidas como La Catedral. El río árido sigue siendo nuestro sendero y, en sus laterales, los altísimos paredones se cierran aún más. Es el corazón del cañón somos diminutos ante tanta bestialidad. Un inmenso muro vertical de piedra simula las torres de una iglesia gótica. Recibe este nombre por el parecido que le dan sus vetas a las construcciones de las iglesias europeas ​del siglo XII al XV, con un formato de flechas en el frente. Luego de disfrutar de esta fabulosa formación, avanzamos hacia la última posta, la que sin duda revela la imagen más representativa del parque. Llegamos a El Monje, solitaria piedra que el viento supo esculpir para semejar a un religioso. Cercanas a ella, otras moles gigantescas: La Tortuga, La Torre y El Tótem, enmarcadas además por la vista de un espectacular valle y, bien al fondo, una postal del cerro Famatina.

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Culmina este increíble Circuito Clásico retornando al punto de partida. Desde aquí, previamente reservando, se puede continuar hacia otros recorridos más prolongados, tales como la Quebrada Don Eduardo, la Ciudad Perdida, los Cajones de Shimpa, el Cañón Arco Iris y Los Balcones, con senderos que se cierran mucho más, transitando por estrechos paredones y grandes miradores naturales hacia profundas depresiones con laberintos, aberturas y numerosas siluetas erosionadas a través del tiempo. 

El Parque Nacional Talampaya se encuentra en el sudeste de la provincia de La Rioja, en el Km 144 de la RN 76. Villa Unión es la localidad más cercana (a 59 km) con sitios de alojamiento y gastronómicos. También es posible pernoctar en el camping del parque (parcelas, luz, sanitarios, duchas) a $ 1.500 la entrada general y $ 750 para jubilados o menores de 12 años. En el predio hay, además, proveeduría, tienda de regalos y restaurante. Desde el Valle de la Luna hasta el acceso a Talampaya son tan sólo 70 km. Los tickets de las excursiones se adquieren exclusivamente por la página web. El circuito clásico cuesta $ 9.850 (adultos), $ 4.925 (menores de 3 a 12 años) y existen también distintos planes familiares. Si se incluye el Cañón de Shimpa: $ 12.800 (adultos) y $ 6.400 (de 3 a 12 años), o a Los Balcones: $ 15.250 (adultos) y $ 7.625 (de 3 a 12 años). El parque está abierto de 8 a 18. Informes: Tel.: (0351) 2171350.:

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Marcelo Ruggieri

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