Sábado 30 de mayo de 2020
SUPERVIVENCIA | 20-05-2020 07:25

Científicos cazadores de virus: dónde se mueven, cómo trabajan, a qué le temen

Existen 1,6 millones de virus que no conocemos, y la mitad tiene la capacidad de infectar humanos y provocar pandemias. Para cazarlos, los científicos se mueven en cuevas, selvas y lugares peligrosos. Cómo es el trabaj para identificarlos a tiempo.

El ébola, el dengue, el SARS, el MERS, el zika y ahora, el SARS-COV-2, el nuevo coronavirus… todo ellos fueron virus que saltaron de animales salvajes a los seres humanos causando enfermedades conocidas como zoonosis. Y aunque ya parezca más que suficiente con estos y los estragos que han causado, un estudio de la Universidad de California en Davis estima que hay más de 1,6 millones de virus que aún no conocemos. Estos podrían estar en mamíferos y aves de diferentes partes del mundo, y entre 650.000 y 840.000 tienen la capacidad de infectar y causar enfermedades en humanos, y potencial para provocar pandemias.

Es por ello que los científicos se han dado a la tarea de encontrarlos antes de que ellos lleguen a nosotros. Existen “cazadores de virus” que recorren cuevas y bosques en busca de murciélagos, roedores y primates portadores de patógenos con estas características. Marc Valitutto, un veterinario que trabajaba para al Instituto Smithsonian en EE.UU. y que ha explorado cuevas de más de 30 países siguiendo estos objetivos, explica que durante el último siglo, casi el 60 % de las enfermedades infecciosas que afectaron a los seres humanos eran causadas por patógenos provenientes de los animales. Además, 75 % de estas venían de la vida silvestre, lo cual es motivo de atención.

“Lo que hemos tratado de hacer durante los últimos diez años es tratar de identificar nuevos virus antes de que entren en poblaciones humanas –explica–. Si podemos identificarlos, determinar cuál es su nivel de actividad y cuáles son las amenazas que representan para las poblaciones humanas, podemos trabajar con los gobiernos locales para tratar de evitar nuevos brotes”.

Pero Jon Epstein, un ecólogo de enfermedades considerado una autoridad mundial en cacería de virus, explica que el trabajo no es tan sencillo como parece, ya que los científicos simplemente no pueden llegar a un lugar en particular y empezar a cazar animales. En algunas ocasiones, es necesario pedir permiso a las comunidades o líderes de determinadas regiones y apegarse a su cultura. “Una de las cosas que a veces se desconoce es que muchas grandes poblaciones de murciélagos viven cerca de comunidades humanas y algunos viven hasta en las casas de muchas personas. Entonces tenemos que hacer un trabajo también con ellos”, indica Epstein. “Tenemos que hablar con la comunidad, con sus líderes, presentar lo que queremos hacer y demostrar que lo que queremos hacer puede ser beneficioso para ellos. También necesitamos que nos ayude en lo que vamos a hacer”, agrega.

Por ejemplo, Valitutto citó una anécdota de su experiencia en Myanmar, donde para poder entrar a una cueva tuvo que hablar primero con un monje budista que custodiaba el recinto natural y convencerlo de que no iba a hacerle daño a los murciélagos. Al final, Valitutto pudo obtener su consentimiento buscándole un gancho para agarrar serpientes. Además de hablar con los cuidadores, los investigadores deben conocer también el lugar en el que habitan los animales para estar al tanto de las condiciones y tomar precauciones por su seguridad.

“Tenemos que entrar a las cuevas para estudiar las colonias. Hay algunas cuevas que son muy calurosas. Son más cálidas por dentro que por fuera y vas vestido con todo el equipo de protección y se vuelve muy sofocante”, recuerda Valitutto. “A veces estás con tus pies hundidos en el guano de los murciélagos que es otra fuente importante de virus”, agrega. De hecho, aunque los científicos parezcan inmortales, también corren el riesgo de ser mordidos por los murciélagos y convertirse en lo que han estado evitando con su investigación: un contagio con un nuevo virus que podría dar lugar a una pandemia. “Solo hace falta un pequeño accidente para que un virus se pase a un humano, de ahí el temor de que las personas que tratamos de evitarlo nos convirtamos en los que podemos iniciar una epidemia. Es por eso que tenemos muchos protocolos y tenemos que tomar muchas medidas para evitar que esto pase”, indica Epstein.

Los investigadores suelen colocar redes inmensas sostenidas con cañas de bambú en la entrada de las cuevas. En poco tiempo, la red queda cubierta con un montón de murciélagos, y proceden a capturarlos y sedarlos para proceder a estudiarlos. El primer paso es identificar a qué especie pertenecen. Luego toman muestras de la boca, el ano, las orejas y la orina con un hisopo, y toman muestras de sangre. Entonces les dan un poco de jugo para que se relajen por la tensión de la captura y los liberan nuevamente. Una vez hecho esto, pueden enviar las muestras de sangre y de los orificios de los murciélagos a los laboratorios para que empiecen a analizarlas, ya sea en el mismo país o en el extranjero.

Valitutto explica que cuando encuentran virus en dichas muestras, los comparan con otros que han provocado pandemias, haciendo énfasis en su estructura genética para determinar si se asemeja a algunos que han provocado infecciones anteriores en humanos. Este paso permite clasificarlos como de alto o bajo riesgo. Luego esta información se coloca en una base de datos internacional auspiciada por Predict, un proyecto para cazar virus en el mundo financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). “Esto facilita que ante un nuevo brote, los científicos de todo el mundo puedan tener acceso a ella y compararlo. Y si sucede que es un virus que ya conocemos cómo actúa, puede facilitar mucho la forma en la que se combate”, señala Epstein. Vemos que la tarea de identificar realmente no es tan sencilla como muchos creerían. A pesar de que tiene un toque de aventura estimulado por la curiosidad científica, los cazadores de virus se exponen al riesgo por el muchos han sido llamados a quedarse en casa.

Fuente: Tekcrispy

Marcelo Ferro

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