Friday 17 de May de 2024
PESCA | 13-04-2024 10:00

Truchas: Grand Slam en el lago Lolog

Tres especies deportivas en un mismo día: marrón, arcoíris y fontinalis, en un ámbito que por sus características geográficas resguarda y mantiene una interesante población de salmónidos. Estrategias y equipos para dar con las buenas truchas.
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Pasa el tiempo, y muchos años después uno regresa a pescar a ámbitos que no había vuelto a pisar. Y es como que nada ha cambiado o, si hay cambios, son para mejor. El lago Lolog es uno de esos lugares. Lo pesqué por primera vez con Rafael Guglielmi en los ‘90, hubo otras incursiones posteriores y por esas cosas de la vida hacía 20 años que no lo visitaba. 
Nahuel Moral me lo propuso. “¿Y si vamos al Lolog? Hay buenas truchas!”. Sin dudar ni perder tiempo, ahí estábamos con José Luis Moral y Daniel Pappalardo, embarcando en la lancha de Matías Pereyra en las playas de piedra de El Cipresal, un buen lugar para bajar embarcaciones, sobre la costa oriental del espejo –por donde lo bordea la Ruta 62– a 2,5 km del puente que cruza el  río Quilquihue.

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Aprovechando que la mañana presentaba sólo una brisa suave y el lago estaba bastante planchado, pusimos proa hacia el noroeste, hasta la Bahía de Antil, pasando la puntilla de Guerrero. Como se trata de un espejo que tiene movimiento de turistas en verano y mayor presión de pesca deportiva en la zona aledaña a la villa, es conveniente navegar un poco, y alejarse de las orillas con más presencia y actividad humana. Habíamos llegado bastante temprano, con un cielo despejado que venía de una seguidilla de días de buen clima, no se notaba ninguna actividad en superficie, por eso resolvimos comenzar con equipos de potencia #6 y líneas con cierta tasa hundimiento, líderes de 5 a 6 pies terminados en tippet de fluorocarbono 1X y estrímeres con algo de lastre, como Matuka, String Leech, Marabou Muddler, Zonker y algunas variantes de la clásica y rendidora Woolly Bugger. También algunas ninfas grandes como Pat´s Rubber Legs, Bitch Creek y Kaufmann´s Stone con patitas, todas moscas que suelen ser efectivas en aguas de la región. 
La idea era pescar las orillas aprovechando la hora temprana. En días de mayor temperatura y soleados, la noche sirve para enfriar la superficie y darles a los peces un más confortable termoclima, para que asciendan en la columna de agua a buscar alimento en las partes bajas y orillas. Con la embarcación a distancia de tiro de caña, fuimos lanzando hacia la costa desde adentro del lago. No tardó mucho la primera arcoíris en tomar la mosca de Nahuel y en seguida José Luis clavó una marrón. Las truchas estaban donde suponíamos y se encontraban activas. 

Desembarco

Seguimos recorriendo ésta y otra bahía aledaña con la misma estrategia y, como éramos cinco en total y cuatro pescando arriba del trucker, fuimos turnándonos para no molestarnos. Luego desembarcamos dos y tres permanecieron actuando embarcados más cómodos. Y de paso probábamos qué tal estaba la pesca al vadeo en ese sector del Lolog. No son costas muy propicias para el vadeo de las orillas en ese lugar del lago pero hay buenos veriles para prospectar. Y en donde se puede vadear poco porque se hace profundo rápido –y están más cerca árboles y arbustos costeros– hay que actuar atentos a los claros de la vegetación por donde meter los los back casts, para no enganchar la mosca y así efectuar buenos tiros al veril con posibilidades de captura. 

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Lanzando hacia la parte profunda, dejando bajar un poco y estripeando cada mosca con una velocidad y una cadencia que la haga creíble y atractiva (esto se puede probar antes en la zona baja o desde el bote y ver cómo funciona y se mueve cada una), fuimos obteniendo piques y capturas. El efecto de nado se logra con recogidas cortas, rápidas y seguidas en estrímeres que están más armados y simulan un pequeño pececito, o bien largas y más espaciadas en las moscas con materiales más dúctiles (cómo el pelo de conejo o la pluma marabou), para que se plieguen y desplieguen dando sensación de organismo vivo y pulsante. A veces probar combinaciones de formas de estripear, por ejemplo dos cortas y una larga u otras secuencias, logra buenos resultados. También un mini stop and go, que es frenar de recoger, hacer una corta pausa y arrancar de nuevo. Y si usamos ninfas grandes o estrímeres con patas de goma, sirve dar golpecitos con la puntera de la caña en medio de las estripeadas para que vibren las gomitas y las vuelvan más llamativas. Todo lo que sea ir probando, cambiando y usar la intuición para transmitirle vivacidad y atractivo al engaño, vale a la hora de desencadenar el pique. Y además nos exige y nos convierte en pescadores más atentos, activos y enfocados, y no sólo autómatas que lanzan y recogen mecánicamente una y mil veces igual, sin el compromiso ni la pasión que nos impone esta actividad. 

Resultados

Tres marrones y dos arcoíris fueron las capturas de estas dos bahías. Y ya cuando empezábamos a organizarnos para reunir al equipo y cambiar de lugar, en el último lance desde la costa con una Egg Sucking Leech verde y naranja lastrada, dejándola bajar bastante, prendimos una marrón muy interesante, mejor a las otras. Indicio de que las más grandes estaban un poco más abajo. 

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Con este dato, volvimos a pescar desde la embarcación pero ya no hacia la cercanía de la orilla, sino lanzando para el comienzo del veril y dejando profundizar para alcanzar mayor hondura. De esta manera tuvimos éxito con una sostenida sucesión de piques, algunos perdidos y otros que llegaron al copo.   
Cuando el sol ya estaba más en alto y el viento patagónico encrespando el lago, buscamos otros lugares del espejo más reparados, como la bahía de Guerrero –pasando la Puntilla de Guerrero– y todo el tramo que va desde allí hacia el sudeste. Hay sectores someros con algas, lugares de mucha profundidad, paredones a pique, y un sinfín de sitios reparados y sombríos para lanzar una mosca con chances. Hay que estar atentos a posibles eclosiones de insectos o movimientos de truchas cerca de la superficie y, en caso de detectarlos, utilizar líneas de flote con líderes más largos, tippets más finos y pequeñas moscas secas que en lo posible imiten al insecto eclosionando. También se puede intentar hacer que sean ellas las que se tienten con un buen bocado, para eso hay que utilizar alguna mosca atractora grande –que puede ser de foam– montadas en anzuelos #6 a #8 (Fat Albert, Chernobyl Ant, Grass Hopper).


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También fontinalis, la difícil

Esta porción del lago es más visitada, navegada y pescada, pero no por ello deja de tener posibilidades de éxito con las truchas. Tal es así que en una orilla con mucha vegetación, justo antes de llegar a lo de Roemmers, Nahuel con una imitación de pancora oliva y naranja en anzuelo #6 prendió una linda fontinalis: la figurita difícil, la trucha de crecimiento más lento de todos los salmónidos introducidos, la menos tolerante a las altas temperaturas y la que se encuentra en menor cantidad en este ámbito. De esta manera logramos el Gran Slam, es decir tres especies deportivas diferentes en un mismo lugar y un mismo día.   
“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, dice la canción de Sabina, pueda ser que el poeta tenga razón. Sin embargo, a veces está bueno retornar después de un tiempo a ciertos lugares, puede ser que estén igual o, como en este caso, los cambios que trajeron los años sean para mejor.

Alejandro Inzaurraga

Alejandro Inzaurraga

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