jueves 21 de febrero de 2019
08-02-2019 04:14 | PESCA

Tras el esquivo bonefish de las Bahamas

En la isla Grand Bahama fuimos en flycast tras estos esquivos ejemplares. También capturamos otras especies de los cayos, arrecifes y atolones. Ver galería de imágenes

Un instante, un parpadeo, un rayo. Así es el bonefish. Aparece y desaparece con la misma velocidad de un destello de sol tropical en una ola. No en vano lleva el mote de “fantasma de los flats”. Difícil de ver y de localizar, y más difícil de pescar. Un pez extremadamente veloz y con los sentidos de alerta sobredimensionados. Para permanecer, moverse y sobrevivir en aguas bajas de increíble transparencia –y prácticamente sin refugios–, plagadas de enemigos naturales como barracudas, tiburones y aves ictiófagas, entre otros predadores, tiene que valerse de un buen mimetismo, una destacada astucia, un permanente sentido de alerta y una velocidad superlativa.

El hombre también entra en la categoría de enemigo natural, aunque su carne no es muy apetecida ni apreciada por la cantidad de pequeños huesecillos que tiene, de los que derivaría su nombre (bone en inglés es hueso). Igual estos peces identifican al hombre como peligroso, por lo cual hay que moverse con mucha precaución cuando se lo busca. Caminar vadeando los flats (bajos) con los ojos bien abiertos y sin hacer movimientos bruscos ni nada que delate nuestra presencia. Prácticamente se trata de una cacería.

 

Entre cayos y canales

Habíamos llegado a la isla Grand Bahama, una de las que quedan más al norte del archipiélago y distante unos 90 km de las costas de Florida,  Estados Unidos, desde donde arribamos en un vuelo de unos 45 minutos para aterrizar en la ciudad de Freeport, la más importante de esta isla y la segunda en relevancia después de Nassau, la capital del país. Una vez en contacto con nuestro guía de pesca, captain Phil Jr., recorrimos la ruta que va hacia el Este por una hora aproximadamente, para llegar a McLean’s Town, donde embarcamos rumbo a los canales que se forman entre los cayos de la punta oriental de la isla, donde comenzaríamos este relevamiento.

Los equipos de pesca con mosca recomendados para el bonefish aquí, van del  #6 al #8 (los vientos en Bahamas no son tan fuertes como en otros destinos tropicales), compuestos por varas de una mano de nueve pies (1 pie 0 = 0.3048 m) y reeles de buen registro de freno a disco, aptos para agua salada y capaces de alojar la línea de flote –con protección UV–, más al menos 150 metros de backing de 20 libras (1 lb = 453,59 g). El líder conviene que sea cónico –sin nudos– para evitar que se enganche o arrastre restos de algas, y del orden de los 10 pies o más. Cuando están muy celosos o asustadizos conviene alargar el líder a 12 o, incluso, 14 pies. El tippet puede ir de 10 a 15 libras de resistencia y, al final, la mosca que simule algo de lo que suelen estar comiendo o buscando los peces: camarones, pequeños cangrejos, moluscos, anélidos, huevos de otras especies o pececillos menores.

Funcionan bien moscas como SwimmingShrimp, Cherno-bylCrab, BonefishCritter, Fur-Shrimp, Crazy Charlie y Gotcha, entre otras. Lastradas con ojos metálicos llegan bien y rápido al fondo luego del lance.

0208_Tras el esquivo bonefish de las Bahamas

Aprender a descubrirlos

Localizarlos requiere de un ojo bien entrenado y un sigilo extremo. Ya lo comentamos al principio, son peces muy difíciles de ver, más para quien no tiene hecho el ojo. La tarea del guía de irlos marcando ayuda a aprender y descubrir signos y señales. Al detectarlos, usa la metodología de las horas del reloj para ajustar los lances, por ejemplo dice: 14 metros a las 2, indicando distancia y ángulo de tiro, y hacia allá lanzamos intentando pescarlos pero más que nada aprender a verlos. Los anteojos polarizados son indispensables en esta tarea de prospección y búsqueda.

Puede ser que, en aguas muy someras, el bonefish esté hurgando el fondo en busca de alimento con la cabeza baja y en posición oblicua, dejando ver el extremo de su cola emergiendo y moviéndose por sobre la superficie, esto se conoce como tailing y sirve también para ubicarlos.

Una vez localizado este pez, que acostumbra a andar solo –los más grandes– o en grupos de cuatro a doce individuos, hay que provocar que pique. Esto se logra con un lanzamiento prolijo buscando que la mosca caiga más o menos un metro o un metro y medio por delante de su aparente trayectoria o su rango de visión. Cuando estamos ante aguas sumamente claras como las de Bahamas o los peces estén muy sensitivos, es preciso efectuar una presentación delicada y evitar que la línea caiga desordenada o muy por encima del lugar y los espante. La recuperación de la línea debe ser de a tirones no muy rápidos y cortos e, incluso, parando la mosca y dejándola asentarse en el fondo de arena fina. A veces, cuando queda quieta en el fondo, funciona darle un tirón más fuerte para que arranque levantando algo de arenilla y sedimento, que sirve para llamarle la atención y atraerlo.

0208_Tras el esquivo bonefish de las Bahamas

De boca dura

La manera en que deberemos realizar la acción de clavar es muy diferente a como lo haríamos con una trucha, por ejemplo. Los bonefish tienen una boca más dura, por lo que se deberá efectuar un tirón a la línea con la mano que recoge al sentir el pique. Pero sin levantar demasiado la caña, a lo sumo se puede efectuar un medio cañazo procurando que el ángulo de la empuñadura no supere los 45º. Es preciso que el anzuelo sea de buena calidad y esté bien afilado para una clavada más efectiva.

Una vez pinchado, el pescador vivirá una de las experiencias más notables de la pesca deportiva. Sentirá cómo se agota la reserva de backing en corridas veloces e interminables. Es de no creer la velocidad de cada corrida por parte de un pez que, sin ser de gran porte, somete a voluntad a un equipo de mosca de potencia Nº 8.  

Los primeros intentos los hicimos entre los cayos de la punta de la isla desde el bote –porque la profundidad no daba para vadear–, con poco éxito con los bonefish y varios ataques de barracuda que invariablemente cortaban, ya que teníamos las moscas atadas al nailon sin líder de acero. Buscando lugares para caminar y vadear –la forma más atractiva y deportiva de pescarlos–, rodeamos la isla Grand Bahama y nos dirigimos al norte, a recorrer el extenso rosario de islotes, bajos y arrecifes que van hacia Crown Haven en la isla Great Abaco. Con un día espectacular, en un lugar paradisíaco, disfrutando, aprendiendo y con bastantes capturas. ¡Qué más se puede pedir!

0208_Tras el esquivo bonefish de las Bahamas

De regreso

Vuetos a Port Lucaya, habiendo disfrutado de una interesante experiencia con los “fantasmas de los flats”, planificamos una segunda salida pero ya más recreativa y familiar, a divertirnos con la rica y variada pesca de fondo costera con cebos naturales que denominan bottom fishing. Una pesca apta para todo público y en la que se capturan curiosos e interesantes ejemplares. Entre los más numerosos, los snappers (pargos) y los groupers (meros) de diferentes variedades y coloración, pero también porgies (besugos) y otros curiosos peces de fondo y arrecife. Como devolvíamos todas las piezas, cada vez que aparecían los tiburones limón a merodear el barco y sacar partida de los que regresaban al mar, debíamos cambiar de lugar.

Una muy entretenida experiencia para compartir con los más chicos, para enseñarles, iniciarlos y hacerles tomar el gusto por esta actividad tan sana y apasionante que podrán desarrollar y compartir de por vida. Porque, aunque la creamos duradera, la vida también es un instante, un rayo, un flash que pasa y se esfuma como un parpadeo, como un bonefish en el oleaje turquesa. Y qué mejor que llenarla de momentos luminosos, coloridos, intensos. De esos que nos regala la pesca, de esos felices en que la eternidad se hace un instante.

Nota completa en Revista Weekend del mes de Febrero, 2019 (edicion 557)

Por: Alejandro Inzaurraga

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