Sábado 24 de julio de 2021
PESCA | 26-04-2021 10:36

¿Qué edad tienen los peces que pescamos?

La pregunta del millón: porque hay millones de respuestas cada vez que sacamos una presa del agua. Los científicos nos ayudan a entenderlo según el hábitat en el que se desarrollan. La importancia del tamaño para definir su antigüedad.
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Ese pejerrey debe tener como diez años, por lo largo y gordo”, me dijo una vez un paisano que me acompañó a una pesca embarcada en La Salada Grande de Lavalle/Madariaga. “Vaya a saber los años que tiene esta tararira, pero yo le calculo como tres o cuatro”, comentaba un amigo mientras me sacaba una foto en la laguna de Monte. Muchas veces he escuchado este tipo de comentarios y he tenido la inquietud de saber cuánto crece un pez por año o qué edad tiene ese que recién saqué. Veamos lo que dicen algunos científicos e investigadores con respecto a nuestras presas preferidas.

Laguneros

Juan José Rosso, en su libro Peces pampeanos: guía y ecología, señala que es una especie de desarrollo lento. Curiosamente, en el primer año de vida puede crecer entre 13 y 18 cm de longitud, lo que representa entre un 18 y un 25 % del potencial máximo para esta especie que ronda los 70 cm. Rosso acota que “las especies pampeanas con ritmos de crecimiento superiores sobrepasan en el primer año de vida el 50 % de su longitud máxima potencial”. Si tomamos en cuenta que en una laguna raramente un pejerrey sobrepasa los cinco años, vemos qué despacito crece luego del primer año de vida.

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Más lenta para crecer es la tararira. Rosso dice que, al final del primer año, mide diez centímetros, aproximadamente. Entre el segundo y el sexto, “apenas incrementa su longitud en 150 mm”. Esto explica por qué es raro obtener grandes tarariras en pequeñas lagunas y, además, la cantidad de años que debe tener una tarucha de buen porte. Cuidémosla que no hay reproducción en cautiverio.

La cuenca del Plata

Un viejo artículo de la desaparecida revista brasileña Aruaná compara el largo y el peso de los dorados con su edad y sexo. Así, por ejemplo, un dorado de cerca de 700 gramos, si es macho anda por el cuarto año de vida; si es hembra, no llegó al tercero. En el sexto año hay paridad en el largo (50 cm), pero la hembra es más pesada (2 kg Vs. 1,500 kg).

El último año de vida de un macho, según este informe, es el noveno, donde mide 75 cm y pesa unos seis kilos. A esa altura de su vida, una hembra pesa la mitad y no alcanza los 60 cm. Luego crece a razón de unos tres centímetros cada 12 meses hasta los 23 años, aunque se han encontrado ejemplares de 25 años de vida y más de 31 kilos. Según esta tabla crece en forma acelerada en los últimos años de vida, lo que explica por qué los dorados gigantes son no tan largos peros sí muy gordos, muy musculosos, muy “anchos”, comparándolos con los que son un poco más chicos.

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Recordemos que estas medidas son aproximadas, pues diferentes estudios, como los de Mastrarrigo, en Rosario (1949), o el brasileño Pereira de Godoy (1975), presentan cifras diferentes. Battista de Morais y Schubart (1955) indican que para conocer la edad del dorado se precisa un estudio de los otolitos, rayos de las aletas y escamas. En estas últimas se forman anillos, que se interrumpen al llegar el invierno cuando el dorado demora su crecimiento: esto permite tener una idea de la cantidad de años, según la cantidad de círculos pero, a veces, otros factores los generan, como enfermedades o la vida en zonas de pobre alimentación. Los mismos últimos biólogos se encontraron con hembras de 68 centímetros a los seis años y otras que, a la misma edad, ya medían 92 cm.

Al respecto consultamos a Sebastián Sánchez, investigador del Instituto de Ictiología de la Universidad del Nordeste, en Corrientes, quien nos dijo que es muy difícil determinar la edad de peces como el dorado, el sábalo, el surubí y la boga, porque “tienen su reproducción muy afectada por las crecientes extraordinarias, como la del 2010”. En esos momentos, el número de peces aumenta exponencialmente y algunos individuos crecen de manera desproporcionada. “Hemos encontrado surubíes de 15 kilos con tres o cuatro años de vida, cuando sus hermanos, que nacieron juntos, están en un promedio de tres o cuatro kilos”. Cuando recién nacen son todos parejos, pero enseguida empiezan a separarse. Algunos, por razones genéticas, si encuentran dos factores ambientales crecen muchísimo: menos competencia y más alimentos. Sánchez lo ilustra: cuando quedan encerrados en lagunas, si hay un dorado y muchos sábalos, crecerá mucho más que si hay muchos dorados y pocos forrajeros.

Esas crecientes extraordinarias distorsionan la población. “Un dorado que actualmente pesa unos diez kilos probablemente haya nacido en la creciente extraordinaria del 2010, pero hace cinco años, un dorado del mismo peso, también era probable que hubiera nacido en ese mismo momento. Incluso es tan abundante el nacimiento extraordinario que los pocos que crecen exageradamente, cuando ya tienen determinada edad, terminan siendo más que los que vienen creciendo normalmente”, añadió.

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Vean lo que pasa con el pacú -nos dice Sánchez Ensayos hechos en piscicultura en San Cosme (Corrientes) muestran que peces nacidos en el mismo momento, de los mismos padres, varían en tamaño según la densidad de población del estanque donde se críen. Los que se sembraron a razón de 500 peces por hectárea, por ejemplo, en un año pesaban, de promedio, dos kilos o dos kilos y medio (quiere decir que había algunos más grandes), mientras que los que se sembraron en grupos de 10.000 peces por hectáreas, en el mismo tiempo, no pesaban más que 600 gramos (o sea que también había más chicos). Si esto pasa en cautiverio donde todo está controlado y tienen la misma agua y el mismo alimento, imaginen qué sucede en la naturaleza.”  

“Un dorado o surubí chico, sin duda, tiene uno o dos años, pero después de los cuatro o cinco kilos es muy difícil determinarlo. A veces, un animal es viejo y crece lentamente; otras veces es joven y crece muy rápido. Hemos capturado sábalos con 17 años de vida y 1,1 kilos. Provenían de la creciente de 1998”, completa Sánchez.

En el mar

El informe de Cousseau y Perrotta, publicado por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, en 1998, indica que la corvina rubia tiene su primera madurez sexual a los 34 cm (macho) y 36 cm (hembra), cuando “cuentan entre 4 y 5 años de edad”.  En tanto, el falso salmón de mar llega a vivir treinta años (hembra) y 25 (macho). Sin embargo, “en edades iguales, los machos alcanzan un tamaño y un peso mayor que las hembras.

Muy extraño es el róbalo, que tanto nos gusta pescar con señuelos, desde Puerto Madryn hasta Ushuaia: es hermafrodita. Todos nacen machos hasta que cambian, o no, a hembras. Según el libro Peces y pesca deportiva argentina: Mar y Patagonia, editado por Alejo Irigoyen, la talla y la edad varían según la latitud. En el golfo San Matías no superan los 60 cm y siete años, pero en la ría Deseado se han pescado ejemplares de 80 cm y ocho años, y en las islas Malvinas, 90 cm y once años.

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Esta misma obra nos relata que el pejerrey corno más “viejo” registrado alcanzó los cinco años y 32,3 cm, mientras que una hembra de pejerrey escardón llegó a siete años y 44 cm. El pez limón, agregan, trepa a los tres o cuatro kilos, cuando promedia los cinco años. El tiburón bacota, cuya pesca está prohibida, nace con 55 a 60 cm de largo y, cuando se aproxima a 2,20 metros, ha vivido unos 20/21 años.    

Como notarán no resulta nada sencillo establecer la edad de un pez, especialmente en ciertas especies, como el dorado y el surubí. Si pensar que es un ejemplar de muchos años ayuda a que el aficionado lo devuelva a su medio, pues espero que todos crean que cada pez que sacan es un anciano.

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Néstor Saavedra

Néstor Saavedra

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