jueves 27 de junio de 2019
04-11-2018 17:17 | PESCA

Primavera con piques de verano

En Santa Clara del Mar, excelente variada donde se destacaron corvinas rubias que superaron los cinco kilos. Equipos.

Con la primavera bien avanzada, nos propusimos hacer una pesca en el mar. Si bien necesitaríamos seguir utilizando nuestro equipo de ropa técnica, podríamos realizar la actividad durante más tiempo que si fuese invierno. Ya están presentes todas las especies de verano, a las que podemos acceder desde nuestras embarcaciones. Por lo tanto, nos dirigimos a Santa Clara de Mar, un excelente pesquero para explorar con nuestros kayaks. Muchos points de pesca cerca de la costa con buena profundidad, sumados a la gran cantidad de escolleras que protegen de las olas, lo convierte en un destino optimo para practicar kayak-fishing.

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En busca del mejor puesto

Programamos hacer el ingreso a las siete de la mañana. Generalmente, es el momento en el cual el mar está más calmo y se puede hacer una entrada más limpia. Al llegar nos encontramos con muchísimos kayakistas preparándose para ingresar, mientras otros ya estaban en el agua. Cargamos los equipos en el interior del kayak: cañas de 2 m de largo de 15-30 lb (1 lb = 453,592 gramos) con reel rotativo o frontal cargado con nylon o multifilamento de 30 lb. Líneas clásicas de variada de mar, de uno o dos anzuelos. Para el fondeo utilizamos un ancla piragüita de 2,5 kg, 20 m de cabo y 5 m de cabo elástico. También llevamos agua y comida. Los celulares dentro de una caja estanca, líneas y plomos de repuesto, como así también abrigo y el resto de los elementos de seguridad.

Con la ola orillera tocando nuestros pies, observamos la serie intentando diferenciar cuáles eran las más grandes. Una vez que pasaron, nos impulsamos mar adentro con toda nuestra energía. Tras pasar la rompiente unos 300 m, remamos hacia el sur otros 500 m. Ya había varios pescadores en kayak en la zona. Reconocimos a Héctor en plena acción de pesca: estaba subiendo una corvina gigante. Tomé una foto y, por supuesto, nos fondeamos cerca de él. Sacamos los equipos del interior del kayak y nos dispusimos a pescar.

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Comienzan los piques

Con un encarne de medio langostino tuve el primer pique. Fue tímido pero, cuando dí el cañazo para clavarle el anzuelo, noté que no se trataba de una presa chica. Enseguida comenzó a ceder el freno del reel, la vara se curvaba en cada cabeceada llegando al límite, y lentamente el kayak también fue arrastrado haciéndolo girar. ¡Que gran recibimiento! Exploté de alegría al ver semejante corvina lomeando la superficie. La aseguré sobre el kayak jalándola desde la brazolada de la línea. Luego constaté que pesó 5,3 kg. Un tamaño inusual para esta época y un goce pleno desde nuestra embarcación.

Mi compañero Martín también tuvo pique rápidamente pero, en este caso, un congrio. Lo dominamos tomándolo de las agallas y decidí filetearlo para hacerlo carnada. Es excelente para pescar. Por un lado, tiene un color muy blanco que atrae a muchos peces y, por otro, es muy firme y con una sola tirita rinde innumerables piques. Martín, que estaba utilizando una línea de dos anzuelos, colocó un filete en el superior para tentar a las pescadillas y en el inferior, langostino, para seguir buscando corvinas.

Una llevada interminable me obligó a sujetar fuertemente la caña con las manos y contemplar cómo el freno dejó salir incontables metros de multifilamento. “¡Fiesta!”, exclamé. Este no era un pique del montón. Seguramente era un pez de cuero, pero debía controlarlo para poder averiguarlo. Tenía mucha energía y velocidad. Contuve mis ansias de conocerlo para no forzar ninguna parte del equipo: siempre algo puede ceder, un nudo, un mosquetón, la brazolada o hasta el mismo multifilamento. Poco a poco fui logrando separarlo del fondo. Corrida tras corrida fue deponiendo sus fuerzas, aunque ¡no todas! Explotó sobre la superficie pegando coletazos, desparramando agua e intentando huir nuevamente. Un espléndido melgacho que tomé con mi mano por la cola para poder izarlo al kayak.

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Una pausa reparadora

Llegando el mediodía, el pique se cayó como de costumbre y algunos pescadores comenzaron a retirarse. Así conocimos a Beto y Leandro León, oriundos de Santa Clara, quienes reafirmaron la habitual camaradería en este deporte tomándonos unas fotos. También nos invitaron a futuras pescas y a conocer otros points cercanos. Son invitaciones que no se pueden rechazar, no hay mejor sabiduría que la del pescador local. Aprovechamos el parate del mediodía para comer unos sándwiches y relajarnos un rato.

Una de las cañas quedó con las carnadas en la superficie y se acardumaron los pejerreyes intentando disputarse el filete de congrio. Lamentablemente, no llevamos anzuelos chicos como para pescarlos y nos conformamos con verlos picotear la carnada.

Es indispensable cuidar del pescado que se extrajo con fin gastronómico. No es bueno tenerlo en tambuchos cerrados o sobre el kayak al rayo del sol durante tantas horas. Es preferible mantenerlo vivo, ya sea atado desde la boca a la branquia o en bolsas de tipo arpillera colgando del kayak en el agua. De esta manera se mantendrá fresco por mucho más tiempo. Pero dependiendo la zona donde se realiza la pesca, se debe tener extremo cuidado con esta técnica. Podemos atraer focas, lobos de mar o algún tiburón que quieran disputarnos la cosecha.

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Brótola, gatuzo y anchoa

Por la tarde seguimos pescando corvinas rubias de gran tamaño, aunque no fue posible superar el porte de la primera. También abundaron los dobletes de pescadilla, algunas realmente grandes. No faltaron las brótolas, que son muy apreciadas gastronómicamente, ni tampoco los gatuzos. Inclusive Fabián logró capturar una pequeña anchoa de mar. Pero ya era hora de volver con las piezas conseguidas, para luego realizar la limpieza de los pescados y los equipos.

Cuando se pesca en agua salada no se puede dejar pasar un sólo día sin repasar y limpiar cuidadosamente con agua dulce todos los elementos utilizados. Ya pescando se puede advertir que los anzuelos comienzan a oxidarse; si los dejásemos un día entero, ya no servirían más.

Para salir del mar se deben aguardar varios metros atrás de la rompiente a que pasen las olas más grandes. Luego se elige una de las chicas y se la corre desde atrás, intentando seguirla a toda velocidad pero nunca pasarla. Si la ola se aleja, y vemos que detrás viene una sin romper, podemos esperarla e inclusive hacer unas paladas hacia atrás con el fin de no barrenarla y luego volver a repetir el procedimiento para acercarnos detrás de ella a la costa. En caso de que alguna ola nos alcance, se debe inclinar el peso del cuerpo lo más hacia popa posible.

Como con la pala sería imposible remar más rápido que la velocidad a la que nos impulsa la ola, se la utiliza de freno o timón para direccionar el kayak. Se sumerge el remo por el lado al que uno quiere dirigirse y, de esta manera, marcar la dirección del kayak buscando seguir la misma que la ola, hasta acercarse a la orilla. Aunque en ese momento es cuando sucede la mayor cantidad de accidentes. Es realmente importante descender del kayak hacia el interior del mar, dejando la embarcación por delante nuestro. Debemos quedar entre éste y la rompiente y no entre el kayak y la costa. De lo contrario, si una ola orillera nos alcanzara, impulsaría al kayak y nos golpearía fuertemente con él, pudiendo lastimarnos.

Santa Clara superó nuestras expectativas, volvimos del viaje planeando ya la próxima visita de cara al verano.


Nota completa en Revista Weekend del mes Noviembre de 2018 (edicion 554)

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Etiquetas:
Rodrigo Garcia Cobas

Rodrigo Garcia Cobas

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