Sábado 28 de mayo de 2022
PESCA | 22-12-2021 12:35

Nuevos desafíos: tarariras, carpas y bogas en Puerto Pilar

Distintas especies pueden ser pescadas en un ámbito que nos obliga a repensar las estrategias de pesca. En este caso, logramos la primera carpa en fly en este pesquero y la primera con frutos blandos en el país.
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En los últimos años en cercanías de grandes centros urbanos, los pescadores hemos visto aparecer nuevos pesqueros, muy distintos a todo lo conocido, que brindan innumerables posibilidades de pescas. Nos referimos a las vacas y tosqueras. Estos sitios presentan una geografía bien distinta a los clásicos humedales pampeanos, ya que la mano del hombre ha generado profundos pozos y barrancas en territorio de lagunas bajas y ríos de llanura. Ante este panorama, la reconversión de estos sitios en pesqueros genera nuevos desafíos al pescador que debe buscar los mismos peces de siempre en un ámbito completamente atípico.

La llegada de peces a las tosqueras y vacas muchas veces fue dada por la siembra y en otros casos por antiguas conexiones a ríos como el Luján, que permitieron el paso de ictiofauna de la cuenca del Plata a sitios que luego fueron “encerrados” por la acción humana, pero en donde la vida continuó proliferando. En muchos casos la acción fue doble: al aporte de un curso de agua natural, se le sumó la mano del hombre con la puesta de alevines, tal como ocurrió en Puerto Pilar.

Este pesquero a solo 55 km de CABA y muy cerca de Pilar, que ya había visitado varias veces en temporada de pejerreyes, me sorprendió hace poco con su rica pesca de verano. Pude probar variedad de técnicas de pesca con artificiales, obteniendo magníficos e inesperados resultados, y hasta una pequeña hazaña: la primera carpa lograda con frutos blandos en el país.

Se llega a Puerto Pilar tomando el camino al Parque Industrial Pilar hasta una ladrillera enorme (montañas de ladrillos que se extienden por unos 200 metros a nuestra mano izquierda) y pasando la misma unos 400 metros tendremos un cartelito en un cruce que nos invita a desviarnos a la derecha por un camino de tierra. Este camino, muy transitado por camiones pesados, debe tomarse a baja velocidad, y suele devenir intransitable en días de lluvia. A partir de allí, siguiendo los carteles para saber dónde desviarnos, llegaremos a Puerto Pilar tras 5 km.

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Esta profunda tosquera hoy reconvertida en espacio recreativo no solo permite al pescador divertirse haciendo lo que más le gusta, sino que la familia podrá disfrutar de una linda playita, practicar kayakismo o stand up paddle, bicicletear por senderos arbolados o practicar buceo o tirolesa.

Que empiece la pesca

En lo que respecta a la pesca, este gran lago de aguas cristalinas, alguna vez tuvo conexión con el río Luján y por eso hay tarariras, bogas, bagres, sábalos y algunos dorados. Eso sumado a la siembra de pejerreyes que brinda buenas posibilidades de pesca, todo en un ámbito donde podemos contratar al guía de pesca José para optimizar resultados.

En este caso, los intentos los hicimos de costa y apuntando a especies de verano. Como siempre, Diego Ranielli y el guía José me reciben de la mejor manera, tras haberme convocado con una consigna que no pude resistir: “hay carpas comiendo bajos las moras”. Al llegar hicimos un primer scouting con los locales que me mostraron dónde son los puntos en los que podríamos hacer los intentos.

No nos olvidemos que estamos en barrancas elevadas a 6 metros de la superficie, y no en todos los lugares podemos pescar. En una curva de un islote, divisé carpones paseando por un arroyo que se forma entre la isla y el borde de la cava. Bajé con mucha dificultad la barranca, pero solo pude hacer un intento con una mosca que la carpa ignoró. Luego, un resbalón en ese plano inclinado con greda y mi consecuente movimiento brusco espantó la carpa que tenía a tiro, que despareció en las profundidades de esas aguas verde esmeralda, que por momentos nos recuerdan a un lago del sur.

Sabiendo que la carpa da revancha al dejar reposar los lugares, arranqué entonces la mañana con pesca ultraliviana en spinning, con lo que logré algunos cabeza amarga con cucharitas plateadas número 0 y 1. Luego pasé al baitcast y el spinning liviano, cobrando regias tarariras en una playada unos 400 metros a la derecha del embarcadero.

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Ya con algunas capturas que entonaron mis ánimos y algunas imágenes de registro en la cámara, finalmente volví al flycast y armé dos equipos, un 3 y un 6. En el 6, puse leader de 0,25 y cablecito de acero al final con un snapp para probar poppers y streamers, para buscar tarariras. El 3 lo tenía listo con leader del 0,18, para carpas, dientudos y cabeza amarga o taruchas chicas. Así, en fly logré un par de tarariras de 1 kilo cuando Diego avisó: “¡hay carpas bajo la mora!”.

Carpas bajo la mora

El problema es que “la mora” estaba en una barranca en plano inclinado a unos 6 metros de altura, con arbustos alrededor. Veo las carpas y eran grandes. Tan grandes como para superar las posibilidades de mi caña 3. Entonces saqué el leader de la caña 6 y até un fruto blando imitando mora en el leader del 0,25. Me escabullo entre las ramas de mora, tomándome con una mano del tronco de la mora y con la otra estirando el brazo y la caña para poder tirar. Ni siquiera tirar, simplemente bajar el fruto, pero ... las tortugas de agua primereaban a las carpas para agarrarlo.

Dejé reposar el lugar nuevamente, sumé un par de municiones al leader justo antes del fruto blando, para que cayera y hundiera más rápido, evitando a las tortugas y sus furiosos ataques en superficie. Me inclino nuevamente con riesgo de irme al agua, bajo la bolita y... ¡ploc! Las tortugas apuraron, pero mi fruto bajó rápido. La carpa se vino al humo, y como la frutita se le hundía bajó la trompa al llegar, tomó hundiendo mi indicador de pique.

Con mi clavada hubo un grito colectivo de festejo entre José, Diego y quien suscribe. Ahí se inició una pelea tremenda, desde lo alto de la barranca, mientras evitaba que me enredara la línea en las ramas de la mora y otros arbustos. Una vez cansada me pregunté “¿y ahora?”, “¿cómo la subo 6 metros?”. Entonces, en una labor de equipo, Diego agarra mi copo de mango extensible y se va a buscar una canoa a la playa. Con José vino remando hasta la carpa y... ¡adentro! Le grito, feliz, desde arriba: “Cortá el tippet y andá a la playa que nos vemos ahí”. Y así lo hizo, permitiéndome lograr la primera carpa en flycast de Puerto Pilar.

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La yapa vino a la noche, cuando tras un posteo celebratorio en mi cuenta de Instagram, me contacta Sergio Salvatore, creador de los frutos blandos en la Argentina, y me cuenta que es el primer registro que él tiene de pesca de una carpa con frutos blandos en nuestro país.

Estas alegrías nos dan las cavas y tosqueras. Los nuevos pesqueros que tenemos que empezar a tener en cuenta.

 

Agenda: por informe sobre pesca y actividades náuticas y recreativas en Puerto Pilar, llamar al 115-8793513.

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Wilmar Merino

Wilmar Merino

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