Friday 21 de June de 2024
PESCA | 09-03-2024 10:00

Entre Ríos: doblete negro y dorado en Santa Elena

Pescamos tigres de los ríos y tarariras en un mismo día. Y las taruchas sin usar lancha, una rareza en esta y quizá varias temporadas. Técnicas y equipos.
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Entre la sequía y el furtivismo van a pasar algunos años para que se acomoden los clásicos pesqueros de tarariras cercanos a la capital argentina y sus alrededores. Por eso, una invitación a pescarlas en el norte de Entre Ríos, de costa y con un alojamiento excelente, no es para despreciar. 
Con mi amigo Mario Campanella atravesamos de sudeste a noroeste la provincia. La Ruta 6, que tanto usamos los pescadores para visitar el Litoral se encuentra en muy buenas condiciones, salvo un brevísimo tramo. Esto nos permitió en seis horas llegar con tranquilidad a Santa Elena, más precisamente, a la estancia y lodge Puerto Buey, donde nos esperaba una cena muy rica: una buena picada y fideos caseros. La gastronomía del lugar aprovecha hasta ciervos y jabalíes, ya que posee un coto de caza.

Tentadora propuesta

Sergio, el propietario y amigo de muchos años, nos propuso ir más allá de las tarariras: pescar unos dorados por la mañana, aprovechando la temperatura más aceptable y, luego del almuerzo y la siesta (imposible soslayarlos con más de 35 grados de temperatura) rumbear para los tajamares, pequeñas lagunas artificiales que se usan como reservorio en los campos, donde pinchar algunas morochas. La elección fue excelente porque, a la mañana siguiente, entre los tres logramos subir 22 dorados a la lancha con más de 50 piques en total. 

Para pescar los dorados remontamos por la costa entrerriana y fuimos golpeando con señuelos, en bait y spinning, piedras, palos y bocas. El agua estaba bajando y llevaba una buena carga de sedimentos en suspensión, aunque marcadamente menos que en la vera opuesta.

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Contrario a lo que se suele pensar, no daba resultados positivos “tirarles con cualquier cosa”. El dorado, como otros peces, es selectivo. Toma vorazmente cuantos más son por una cuestión de cantidad, pero... a mí me gusta mucho cambiar señuelos y hubo varios que no rindieron. Eso sí, la cuchara Johnson Silver Minnow Gold fue implacable. Cuando le separé un poquito el alambre que se pone en línea con la punta del anzuelo para evitar los enganches, entonces las clavadas fueron muy efectivas para dorados y hasta un curioso pirá pitá. Minnows y bananas también funcionaron muy bien, con paletas cortas para lugares más playos y más largas para las zonas de barrancas donde la profundidad caía a pique. Es importante usar cable de acero de unas 30 libras (1 lb = 0,453 kg), porque hay muchos ejemplares y suelen atacar el mismo artificial o el de algún compañero que lance cerca, provocando cortes en la arremetida de varios cazadores que se topan con la línea. 

Tentadoras taruchas

A la tardecita, cuando el sol mermaba su intensidad, fuimos a recorrer un par de tajamares. El agua estaba más alta de lo habitual por algunas lluvias intensas. Estos charcos no tienen conexión con el río y sólo pierden contenido por evaporación. El exceso de la masa líquida hace que sea más difícil ubicar a las tarariras, que se desparraman, pero aprovechando que gran parte de las costas están limpias y quedan a un paso de la camioneta, recorrimos unos buenos metros probando con una técnica que resultó ser la más rendidora.

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Con un señuelo offset y una goma lanzamos hacia el centro del tajamar, dejando que profundicen hasta tocar fondo. Si el anzuelo es plomado o la goma pequeña, se gana tiempo. Una vez que el conjunto reposó, se lo trae muy lentamente, apenas moviendo la manija del reel. Los ataques son lentos y casi parecen un enganche. En algunos casos, incluso, muerden el soft plastic y nadan: el mismo comportamiento que suelen hacer con la carnada natural. Si es así no hay que apurarse y sólo se debe clavar unos segundos más tarde cuando la pequeña corrida se afirme. La excepción a esta regla la vivió Sergio cuando un ejemplar muy voraz se le tiró a una hélice grande. Cosas raras de esta especie que nos permitió cumplir una jornada con doble propósito y volver a pescarlas como nos gusta, desde tierra firme. 

También descanso 

Retornamos a la estancia reconfortados de disfrutar de estos ojos de agua donde se pesca con absoluta tranquilidad, ya que quedan en campos privados, lejos de las rutas. De paso aprovechamos una noche más del alojamiento, piscina, cena y desayuno para volver sin apuro manejando a la mañana. Ya pasé la etapa de mi vida en que hacía la locura de ir y volver en el día una cantidad enorme de kilómetros con los riesgos que eso significa. 

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Mientras se mantenga el calor, podremos darnos el gusto de meter doblete: media jornada de tarariras y media de dorados (está lleno). O elegir la especie que más guste. Como el casco está sobre el río Paraná, se pueden organizar también otras pescas: variada, mosca, armado, etc. Es ideal para ir con la familia porque, si algunos integrantes no pescan, en la estancia hay piscina, se pueden organizar cabalgatas, caminatas, avistaje de aves, paseos por las islas, recorrido histórico por la ciudad, es decir, nadie se aburre. 

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Néstor Saavedra

Néstor Saavedra

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