Jueves 22 de febrero de 2024
PESCA | 12-03-2023 10:00

Efecto sequía: ¿qué pasó con el agua?

Un análisis de la causa de la falta de agua que se vivió este verano y un ensayo de solución para el problema hídrico en Chascomús y Las Encadenadas. Un gran artículo de Daniel Vadillo.
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Con referencia a la nota “Tiempos de sequía”, firmada por Diego Fernández de la edición 604 de la revista impresa, resulta oportuno plantear algunas consideraciones relacionadas con la temática. La cuenca del río Salado es un sistema hídrico que se desarrolla a partir de una depresión que abarca todo el centro de la Provincia de Buenos Aires, con una superficie de aproximadamente 170.000 km2. Es un amplio ecosistema que comprende al propio Salado, ríos menores y arroyos afluentes, canales y lagunas que se van concatenando todo a lo largo de la cuenca. Constituye el único medio de desagüe de toda su zona de influencia y rivaliza con una de las áreas de producción agropecuaria más rica de nuestro país, ya que los campos aledaños suelen inundarse periódicamente, afectando ostensiblemente su capacidad productiva. 

Antes, obras. ¿Y ahora? 

De allí que la principal preocupación de la Dirección Provincial de Hidráulica constituye desde antaño la realización de obras para poder evacuar lo más rápidamente posible el agua de los campos, siendo así que casi todos los emprendimientos oficiales encarados apuntan a las canalizaciones y los dragados. A esto se suman un sinnúmero de canales privados clandestinos, tendientes a evacuar el agua del propio campo, inundando algunas veces a los vecinos y convirtiendo así antiguas lagunas en zonas de cultivo. A título de ejemplo de estas intervenciones analizamos el último tramo del río Salado, desde el actual pesquero La Cascada hasta su desembocadura en la bahía de Samborombón. 

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Se puede apreciar allí que desde este punto, el río original recorría casi 70 km zigzagueando hasta su desembocadura. Pero si observamos la gigantesca traza del Canal 15 con sus 100 m de ancho, sus riberas rectilíneas y sus 32 km de extensión, podemos constatar que salvando el mismo desnivel, la pendiente del canal es más del doble que la del antiguo río, con lo que la corriente de agua se acelera notoriamente y su nivel desciende. Esta magnífica obra, que data de principios del Siglo XX, contribuyó desde entonces a resolver el desagote del tramo en cuestión, a costa de sacrificar el sector final de río prácticamente desactivado, con su boca original totalmente embancada. Si continuamos remontando el cauce del Salado, también se observa que se han realizado y realizan diversos dragados que generan bajas en los niveles del lecho, con la acentuación de las barrancas naturales. Esto se aprecia a simple vista en la conformación de las cascadas o escalones que dieron origen a conocidos pesqueros, a partir de la concentración de los peces, a los que se les dificulta remontar el cauce con fines migratorios o de reproducción. Como resultado de las obras, los ensanches y desbordes del río fueron desapareciendo, al tiempo que las pequeñas lagunas conectadas se secaron y las de mayores dimensiones disminuyeron ostensiblemente sus niveles. Desde el punto de vista hidráulico parecería todo un éxito, pero ¿qué pasó con ese ecosistema donde pescábamos con mi viejo hace ya 50 años? 

De paso, depredación

La triste respuesta es que ha dejado de existir. Esos ensanchamientos, desbordes y pequeñas lagunas que servían de espacios de reproducción, cría y refugio de nuestros peces autóctonos ya no están. Por otra parte, el propio río canalizado está mucho más expuesto, ante las acciones depredatorias de los pescadores inescrupulosos. Para completar este panorama, el cambio climático aporta lo suyo: el fenómeno denominado La Niña existe y su recurrencia genera importantes sequías en la cuenca que analizamos. Por otra parte, la falta de humedad se ve acentuada a partir del hecho de que hay menos espejos de agua en la zona, con un menor aporte por evaporación. Como resultado: ambiente más seco aún.
Desarrollados estos conceptos, nos enfocamos en las Lagunas Encadenadas del corredor de la Ruta 2. La Localidad de Chascomús nació, forjó su identidad y se desarrolló en torno a su emblemática laguna. Este espejo de agua, con sus casi 3.000 ha de superficie supo ser La Meca de los pescadores del pejerrey hace décadas. Cuando centenares de botes se hacían al agua cada fin de semana y se vivían jornadas memorables.

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Con los años la pesca disminuyó como en casi todas partes, aunque siempre continuó siendo un buen atractivo del lugar. En el devenir de los años se fueron sumando los deportes acuáticos de moda, el miniturismo de fin de semana y todo un mundo de actividades en torno a la preciada laguna. Esta movida contribuyó al desarrollo local de pequeños, medianos y grandes emprendimientos que dan vida y sostienen económicamente a la ciudad. En estos tiempos de sequía todos miran con resignación cómo su espejo de agua se reduce y amenaza con extinguirse. La laguna se aleja, aparece el fondo barroso en las costas y el paisaje se deteriora, al tiempo que el agua se enturbia, se calienta, pierde oxígeno y se cierne la amenaza de una mortandad masiva de peces, tal como ya ocurrió en otras lagunas. 
¿Fatalidad del destino? ¡Para nada! En algún momento de la historia se construyeron en la zona cuatro sistemas de compuertas para regular los caudales y niveles de estas lagunas. La primera en la salida de agua de la Vitel, la segunda en el desagote de la de Chascomús hacia La Adela (al sur de la Circunvalación, llegando al Barrio Parque Girado), otra similar comunicando El Burro con La Adela y la cuarta aguas abajo de Las Tablillas.   
Estas estructuras de baja altura, con desarrollos de entre 40 y 50 m de frente, están conformadas por columnas de hormigón armado ranuradas, entre las que se insertan tablones premoldeados realizados también en hormigón. Constituyen pantallas permeables que, en épocas normales, regulan o demoran el paso del agua, pero que de ninguna manera la retienen. Según los caudales, pueden trabajar en ambos sentidos, sin embargo, con la más leve de las inundaciones se ven desbordadas. En algunos casos, ante la emergencia, se han visto complementadas por bolsas de arena. Carecen por completo de sistemas de maniobra para su apertura y cierre.

Posible solución

En la actualidad, tenemos un río Salado canalizado y dragado, con un nivel ostensiblemente más bajo a raíz de las obras. El punto de descarga de este sistema de lagunas encadenadas es ahora más bajo y, frente a un clima con sequías recurrentes con primitivas compuertas que no funcionan… ¡el agua se va!
¡Se escurren ante la vista y la inacción de todos, funcionarios y particulares! El problema se puede resolver con una obra de poca envergadura, a condición de estar bien diseñada. Se trataría de un muro de hormigón macizo de longitud a determinar, con dos o tres compuertas menores de diseño eficiente, las que normalmente deberían permanecer cerradas y sólo serían operadas, con mucho criterio y por gente responsable, en caso de extrema necesidad. Este muro debería trabajar por desborde y podría tener una cota de coronamiento lo más elevada posible, sin llegar a comprometer las costas de la laguna. En épocas normales se podría contener un nivel de agua algo superior a la media (a determinar en base a un relevamiento con mediciones precisas) para así contar con una laguna más llena cuya reserva de agua podría compensar la evaporación o infiltración en los períodos más secos. Por otra parte, una mayor masa de agua favorecería la oxigenación del medio y regularía su temperatura, con un ambiente más sano y favorable para los peces, como así también para las actividades acuáticas.

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Esta misma obra reemplazaría las actuales compuertas de Chascomús y serviría además para sostener a la laguna Vitel con un doble beneficio. Las defensas costeras de la ciudad han sido construidas para funcionar con un mayor nivel de agua que la media, sólo a condición de reparar algún tramo de muro de piedra deteriorado que tanto afecta la estética del paseo. Por otra parte, los desagües pluviales de la zona urbana hacia la laguna ya cuentan con compuertas y bombas, que deberán permanecer operativas para ser usadas sólo en el caso de crecientes extraordinarias.
Durante las últimas décadas contemplamos con indiferencia el deterioro de ambientes y estructuras que alguna vez fueron un orgullo para todos, pero estas situaciones se pueden revertir. Señores funcionarios y vecinos de Chascomús, no culpen al clima ni a la fatalidad del destino. Si pretenden seguir disfrutando de su hermosa laguna… ¡Van a tener que aunar esfuerzos y ponerse a trabajar!

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