Monday 24 de June de 2024
PESCA | 24-05-2024 12:00

Chatos de otoño en la albufera de Mar Chiquita

En la transición del calor al frío, esta zona costera entrega lenguados de todos los tamaños, que esta vez buscamos exclusivamente con artificiales.
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Cuando empiezan a caer los primeros fríos otoñales pero el clima (que cada vez está más imprevisible) no termina de acomodarse, solemos tener un par de días de calorcito que enseguida hacen su efecto en cursos bajos como la albufera de Mar Chiquita, donde activan a una de sus especies más deportivas: el lenguado.


En este ámbito extraordinario para la pesca deportiva, los chatos aprovechan cada condición favorable para hacerse de unos bocados extra que les permitan soportar con reservas energéticas los meses más fríos del año (que cada vez son menos fríos). Y si bien la especie no se aletarga del todo, es notorio el bajón que se produce en pleno invierno, cuando las heladas pegan fuerte en ámbitos como este en el que rara vez tendremos más de un metro y medio de agua. Es por eso que, aprovechando una racha calurosa, decidimos aceptar la invitación de los amigos de Satwater Experience para ir a tentar lenguados otoñales, solamente con artificiales.

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“Venite que está bueno, venimos de tres días de calor y ya los tenemos ubicados”, fueron las palabras mágicas de Cristian Di Paolo, El Tuba para todo el mundo pesqueril. Mientras que su socio Nadir Dupuy, gran estudioso de la especie objetivo, me siguió tentando contándome que “te até unas moscas en los colores que ya tenemos probados y que no te van a fallar”. Ante tan irresistible propuesta, enseguida rumbeamos por Ruta 2 hasta el ingreso a Santa Clara del Mar, y de allí hasta Mar Chiquita, entrando por Ruta 11 Km 477 al recreo San Gabriel, por un kilómetro de camino entoscado firme.
El día resultó inmejorable: una mañana sin viento, con un sol entibiando el agua que formaba un espejo en donde se detectaba muy fácilmente el movimiento de peces con bulos por doquier (probablemente de pejerreyes y pequeñas lisas). Nuestros anfitriones aprontaron su embarcación chata (ideal para moverse con facilidad en aguas bajas entre los bochones de poliquetos) y cargamos los bultos velozmente para iniciar una navegación lenta en la que nos fuimos embebiendo de la belleza natural de un entorno único: un ñandú vadeando en una orilla, bandadas de aves migratorias levantando vuelo a nuestro paso, lisas saltando en derredor asustadas por el motor… En fin, que toda la atmósfera de este ambiente nos mete en una suerte de documental del National Geographic sobre este humedal de estatus Ramsar en el que, en vez de espectadores, somos parte de la belleza.

Nudo sí, snaps no

Finalmente, los guías detuvieron su marcha 1.000 metros antes de una zona marcada por un palo con una goma. Bastó aquietar la embarcación para notar que estábamos rodeados de peces. Bulos, saltos de lisas, “nubes de arena” de lenguados que salían disparados… en fin, que no nos daban las manos para terminar el armado de nuestros equipos de fly Nº 6, con reeles y líneas de flote acorde, un leader de 9” compuesto de nailon 0,50 (60 % de la extensión) y del 0,40 en el tramo final, donde se atan las moscas. “¿Usamos un pequeño snap para cambiar las moscas?”, pregunté. Y los guías me dijeron que de ningún modo, que siempre se atan las moscas con nudo Rapala (que deja la mosca loca para su mayor movilidad). “Además, es probable que pasen corvinas negras que entran en la albufera a alimentarse de cangrejos y almejas navaja. Suelen tomar las moscas que usamos para el lenguado. Y con un snap, lo más probable es que se te abra y la pierdas. Siempre es difícil sacarlas porque son peces de gran tamaño que a veces pasan los 10 kilos y no las podés parar con equipo de fly, pero al menos tendrás un nudo más seguro”. Mensaje comprendido de inmediato.

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Finalmente, llegó el esperado momento de iniciar el vadeo. A nuestro alrededor, la embarcación de un amigo de nuestros guías inició la pesca con artificiales usando gusanos de silicona en tonos verde y blanco. Este pescador fue el primero en tener piques: concretó un par de capturas de lenguados de pequeños portes.
El pique en fly puede ser una detenida de la mosca o un tirón leve. Hay que clavar con un brusco movimiento del codo hacia atrás, tironeando la línea. El formato de moscas usadas, las clouser minnow que llevan el anzuelo hacia arriba, hace que normalmente zafemos si lo que nos hizo creer que era pique era una tranca en un bochón. Tengo suerte, a los 20 pasos de iniciar el vadeo clavo un lenguado interesante, de unos dos kilos. Enseguida El Tuba despunta con otro ejemplar. Los registros en el agua obligaban a que cada pescador, para ser fotografiado, debiera prolongar la pelea hasta que llegara el paparazzi, rol que en el primer tramo de la mañana fue ocupado por el gentil Nadir, que acudía pronto ante el grito de “¡lenguado!”.

De todos los tamaños

Algunas capturas no superaban el tamaño de una pequeña fuente de fideos, pero nuestros guías se alegraban de esta renovación de la especie, pues la presencia de juveniles implica la existencia de un futuro para ellos. “Por desgracia, muchos los matan siendo un platito”, se lamentaban los guías. En eso, tras unas seis capturas de lenguados menores, llegó mi torta (así les dicen a los lenguados grandes): siento un pique claro y, al clavar, el chato inició una veloz corrida que me obligó a ajustar el freno del reel un poco más para hacérsela difícil. Finalmente, paró el arrebato y empecé a ganar terreno. Nadir, en vez de venir a hacerme las fotos habituales, dio cuenta de que se trataba de un gran pez y volvió a la lancha a buscar el copo de boca ancha con el que embolsan piezas importantes.       
La pelea fue de unos cinco minutos, intensos, pura adrenalina, donde al ver al lenguado circundarme sólo pensaba en que Nadir no le errara al primer intento de copeada, pues es bien sabido que el pez al ver el copo se asusta y dispara justo cuando lo van a embolsar, por lo que la maniobra debe ser veloz para evitar esto último. Felizmente, Nadir acierta a la primera y un grito de alegría rompió la quietud de la laguna. Los guías celebraron contentos mi pequeña hazaña y logramos hermosas fotos. Misión fly cumplida. Pese a que El Tuba y Nadir –que ahora sí agarró la caña– iban a continuar mosqueando, yo volví a la lancha para dejar la de mosca y armar un equipo de spinning.

La hora de los señuelos

En la pesca con carnada natural, muchas veces se reemplaza el tradicional filet de pejerrey o pejerrey pequeño entero por un señuelo de vinilo con curly tail o kicker tail. Esta técnica se puede usar para tentar lenguados con singular éxito ya que muchas veces rinde más que el cebo natural.
Nuestro compañero Hernán Fernández, que andaba cerca, estuvo logrando ejemplares con este tipo de artificiales y por suerte pude hacerle algunas fotos dado que a mí los vinilos no me dieron resultado. Pasé entonces al uso de cranks, es decir, señuelos duros, que deben tener paletas bien cortas y formato alargado de minnow, que imiten un pejerrey juvenil, presa dilecta de los lenguados. 
Contaba con algunos Yo Zuri de ese estilo y un Rapala Max de 13 cm que le había dado resultado en el verano a un gran amigo señuelero que me pasó la data, Norberto Kranz. No se usan leaderes para no quitarle movilidad a los engaños, así que trencé los últimos 20 cm de multifilamento para que al menos quedara doble en el tramo del posible impacto de la dentellada y le até un snap quita y pon en la punta para intercambiar artificiales. 

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Finalmente, tras insistir un buen rato en el que hay que trabajar, muchas veces con la punta de la caña arriba para evitar enganchar el señuelo en los bochones (usar lentes polarizados es fundamental para ver dónde están las formaciones de políquetos), siento una frenada brutal. Se inicia otra pelea demencial con un lenguado de los buenos que pide línea y presenta una batalla fenomenal que incluyó un par de saltos. El señuelo no había sido engullido, sino que lo tenía en su boca dentada, por lo que podía zafar ante un afloje en la tensión. Nuevamente los nervios ante el arrime y la maniobra de copeo finalizaron cuando el pescado fue certeramente copeado por un Nadir, que en esas cosas no falla. Abrazos renovados, nuevas fotos y la alegría de liberar a un chato de unos 4 kilos que puso fin a mi jornada lenguadera, pues luego me dediqué a tentar pejerreyes en fly, mientras El Tuba y –sobre todo- Nadir, que había sido todo servicio con pocas chances de pesca personal, continuaron luciéndose con lenguados menores, que incluso llegaban a pescar en doblete mostrando su maestría y conocimiento del ámbito. Un dato interesante fue ver cómo, en determinados momentos, andaban bien las moscas en tonos rojos y luego los lenguados, de buenas a primera, pasaban a preferir las verdes. A tenerlo en cuenta.
Según nuestros guías y a juzgar por las condiciones climáticas reinantes y pronosticadas, hasta bien entrado mayo los chatos estarán activos. Será cuestión de ir a cerrar la temporada con artificiales esperando celebrar con alguna torta aunque no sea nuestro cumpleaños.

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Wilmar Merino

Wilmar Merino

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