Lunes 30 de noviembre de 2020
NAUTICA | 25-10-2020 08:40

¿Qué son los barcos de cemento? ¿Dónde están? ¿Cómo flotan?

Contrariamente al sentido común, las embarcaciones y pontones de ferrocemento existieron durante un siglo para transporte, guerra y deportes. Cómo se construyeron y por qué surgieron.
Ver galería de imágenes

Mucho se habla de los barcos de cemento o, en realidad, deberíamos decir de hormigón armado, ya que lleva cemento y hierro. Cuando se menciona este tema, inmediatamente se piensa que eso no va a andar, no va flotar. Claro, estamos acostumbrados a los barcos de madera, metal o plástico. Sin embargo, mientras se cumpla el principio de Arquímedes de que el peso del agua desplazada sea mayor que el peso del barco, la embarcación va a flotar. De ello no hay dudas. Para profundizar más aún en el tema me voy a referir en esta nota no solo a los barcos de cemento, sino a las construcciones navales que, de ese material, hay en nuestro país.
Sin duda, construir un barco en cemento armado tiene varias ventajas. Las dos principales, es rápido y se puede hacer con personal que no sea especializado. También tiene desventajas: las roturas son difíciles de reparar y las propiedades a la flexión del material resultan escasas. Pero antes de todo ello vayamos un poco a la historia.

0510_savino
El uso del cemento en los barcos se inicia en 1847, cuando en la construcción se incorporan mallas de acero al hormigón utilizado en la fabricación de grandes maceteros. Josep Louis Lambot, fabricante de macetas y comederos, presenta en la Exposición Universal de París, en 1855, la primera embarcación construida en mortero (mezcla de cal, arena, cemento y agua) reforzado con varillas de acero y alambre, material patentado en 1852, que él denomina Ferciment.

Italia, un paso adelante

Este trabajo no llama la atención, por lo que abandona el proyecto. Años más tarde los  italianos retoman la idea y, tras hacer algunas pruebas, construyeron el “Liguria” en 1896, su primera embarcación. Pero los ensayos siguieron adelante y en 1917 los noruegos fabricaron su primer barco, el “Namsenfjord”, que se probó en los fiordos y el ente de clasificación lo aprobó para navegar en aguas tranquilas. Se trató de una nave que tenía  25,20 m de eslora y 6 de manga, y que navegaba a 7 nudos impulsada por un motor diésel. Si bien tuvo una vida útil de dos años, antes de dejar el servicio realizó algunos viajes de cabotaje en la zona.

0510_savino 
Gracias a este y otros ensayos, los nórdicos se transformaron en los pioneros en este tipo de construcción naval, al punto de que sus trabajos se vieron incrementados luego de la Primera Guerra Mundial, debido fundamentalmente a la escasez de acero. Uno de los primeros países en encargar barcos de cemento fue los Estados Unidos, que ordenó la construcción de 24 buques de esas características, aunque solo le terminaron 12. En general, fueron utilizados como depósitos y para  traslados cortos.
A instancias de un empresario californiano se construyó el primer barco de hormigón a vapor, de 6.125 toneladas. El “SS Faith” fue botado el 18 de marzo de 1918, costó U$S 750.000 y fue utilizado para transporte de mercancías. Tras estar en servicio hasta 1921, fue vendido y desguazado para crear un rompeolas en Cuba.

0510_savino
La Segunda Guerra Mundial utilizó este tipo de barcos como protagonistas del desembarco de Normandía, fundamentalmente para apoyo, traslado de personal, municiones, pertrechos y alojamiento. Muchos de ellos hoy están abandonados en el Támesis. Terminada la guerra, gran parte de estos navíos fue usada como defensa de puertos, escolleras y aún hoy se ven en algunos puertos cumpliendo la función de rompeolas.

El de mayores dimensiones

El barco más grande construido con este método fue el SS Selma, un petrolero que se utilizó para transporte de crudo en el Golfo de México hasta que colisionó contra un muelle y quedó fuera de servicio. Sería largo de enumerar todos los países que incursionaron en el tema, pero fueron muchos, tanto en modelos que eran propulsados a motor como en aquellos que se fabricaron solo para ser remolcados. Pero la historia no termina con los barcos de carga, porque también hubo veleros de cemento. Los pioneros en su construcción fueron los neozelandeses, quienes tuvieron el “Awahnee”, un velero deportivo de ferrocemento de 16 metros de eslora que llegó a navegar por todo el mundo.

0510_savino
No fueron los únicos. Tras su paso por los modelos de carga, los italianos incursionaron en la náutica deportiva de cemento con el “Anzio”, el cual fabricaron en apenas 3 meses. Se trató de un yate de 160 toneladas con un casco de solo 1,25 cm de espesor, con un proceso mejorado que disminuyó el peso en un 5 % y el costo en un 40 %, ambas cifras comparadas con un modelo equivalente de madera. Se puede decir que Pier Luigi Nervi inventó el ferrocemento tal como lo conocemos actualmente: un material muy resistente, duradero, relativamente liviano y con cierta flexibilidad, hecho con una tupida malla de acero impregnada de mortero de alta densidad.

La falta de acero

Si bien, como dijimos, esta tecnología tuvo su auge al final de la Primera Guerra Mundial para suplir la escasez de acero, fue recién en la Segunda Guerra cuando los aliados utilizaron masivamente el ferrocemento para la construcción de pontones y barcazas. Pero, a pesar de sus cualidades y bajo costo, resultó un material que no comenzó a utilizarse masivamente en la construcción naval hasta los años ‘60 del siglo pasado, cuando China (en Shanghai) comenzó con su producción debido a la escasez de madera y al bloqueo estadounidense. Por esa misma época (1967) los cubanos también empezaron a experimentar en la construcción naval de cemento y, en 1969 en La Habana, se construyó un primer camaronero de 15 metros de eslora, 4,4 de manga y 1,85 de puntal.

0510_savino
En años posteriores se mejoró la técnica y se fabricó todo tipo de embarcaciones con excelentes resultados. En la década del ‘70, la construcción de modelos de recreo con este material experimentó un fuerte auge tanto en Nueva Zelanda como en Australia, Canadá y el Reino Unido, a punto tal que, a finales de esa década, también los constructores amateurs empezaron a utilizar este método.
Pero, ¿qué paso en nuestro país? La Argentina también incursionó en este tema. Existen diseminadas por el territorio construcciones náuticas de cemento armado, barcos que sabemos que nunca navegaron solos, sino que lo han hecho a remolque de otros. Pero también tenemos pontones, hoy usados como embarcaderos en distintos lugares de nuestro litoral. Las construcciones de estas naves datan de 1919, de los Astilleros del Ministerio de Obras Públicas. Y, ¿adónde los encontramos?

  • > En la Costanera Norte, frente al Aeroparque, donde está el monumento a Cristóbal Colón, hay uno que se ve como tal y que se observa mucho mejor con la marea baja.
  • > Río Luján, en Tigre, frente al Club Náutico Belgrano, es otro de los puntos. Según los antecedentes, se habría llamado “Don Alberto”. En alguna oportunidad quiso usarse como casa habitación, pero hoy se encuentra abandonado.
  • > Frente al Museo Naval del Tigre, en el río Luján, existen restos de algunos que otrora fueran barcos de cemento, y que hoy descubrimos semisumergidos y rotos.
  • > En la zona de Colón, Entre Ríos, existe un barco de cemento de 60 metros de eslora que se encuentra en la unión de los arroyos Victoria y La Batea. Fue trasladado a ese lugar desde el Riachuelo, en La Boca. Corría el año 1965 cuando su dueño se encargó de remolcarlo con el objeto de instalar en su interior una procesadora de pescados. Con el tiempo, tanto el proyecto como el barco fueron abandonados.

En la Argentina

Otras construcciones de cemento comunes en nuestro país –muchos aún en uso– son los pontones o embarcaderos flotantes. Se estima que su realización data del año 1912 y muchas se observan en el Litoral, sobre los ríos Paraná y Paraguay. Más cerca de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y muy usada por los navegantes deportivos, está la del puesto de la Prefectura de Guazú Guazucito, donde hacemos el rol antes de ir al Uruguay.

  • > En la localidad de Hernandarias, al norte de la provincia de Entre Ríos, hay un pontón que actualmente funciona como restaurante. Si bien no está previsto que se utilice como muelle, solicitando autorización se puede amarrar por un corto período de tiempo (¡y se come muy bien!).

0510_savino

  • > Siguiendo hacia el norte por el Paraná, llegando a Goya, en Corrientes, hay un pontón que es utilizado para la Fiesta del Surubí. Tampoco se puede usar como muelle, salvo por un período corto y con permiso. En su interior funcionan las oficinas de los organizadores de dicho evento de pesca y también un museo de la actividad.
  • > Más al norte nos encontramos con la ciudad de Corrientes. Ni bien se pasa el puente General Belgrano, que une las provincias de Chaco y Corrientes, hay dos pontones. El más grande se ubica en el Yacht Club de Corrientes.
  • > Finalmente, ya sobre el río Paraguay, llegamos a la localidad de Formosa. En ella encontramos el último pontón del que tenemos conocimiento. Lo utilizan como oficina Prefectura y Migraciones, para controlar a la gente que cruza desde Paraguay a la Argentina y viceversa. En otros lugares cumplen también esta función a más de 100 años de su creación.
  • Si bien en el siglo XXI las nuevas tecnologías y materiales desplazaron a los barcos de cemento, hace menos de un siglo estos navíos surcaban mares y ríos contra todos los pronósticos. Hay gente a la que todavía le cuesta creer que estos barcos floten.

Galería de imágenes

En esta Nota

Francisco Savino

Francisco Savino

Comentarios

También te puede interesar

Más en
Mirá todos los autores de Weekend