Viernes 23 de abril de 2021
KAYAK | 02-03-2020 18:54

Kayak: esta es la mejor travesía para principiantes

Corta navegación de dos días por el Paraná con campamento en medio de la naturaleza. Ideal para desenchufarse.
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Nos propusimos hacer un recorrido sencillo pero atractivo, apto para cualquier tipo de kayak y realizable como primera experiencia en travesía con acampe, con el condimento justo entre aventura y seguridad, inmersos en la naturaleza pero cerca de la ciudad. Ilusionados por la pesca, pero motivados por el desafío de la travesía, disfrutamos los paisajes y nos desenchufamos  de la rutina a muy pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.
El viernes por la tarde nos encontramos en el Club de Pescadores de Lima, a unos 35 km de Campana, Buenos Aires. Armamos el campamento y, mientras uno de nosotros permaneció en el camping preparando el asado, los demás llevamos los vehículos a Campana y retornamos a Lima en un remís. El río estaba extremadamente bajo, desistimos de pescar desde el club esa noche y nos acostamos temprano con la logística de los vehículos resuelta.

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Durante el amanecer, calentamos el agua en la cocina portátil para tomar unos mates y fuimos desmontando el campamento. Utilizamos varias bolsas estancas de distintas medidas para guardar todo lo que llevamos, sin riesgo de que se moje. Al utilizar kayaks con acceso al interior, gran parte de la carga se puede distribuir por dentro, bajando el centro de gravedad y equilibrando equitativamente el peso a lo largo de toda la embarcación. Lo que no entra o se prefiere tener a mano, se sigue estibando sobre el kayak de manera uniforme para que no navegue apopado –hundido de popa– y pierda dirección. Ni tampoco hundido de proa, para no comprometer la estabilidad.

Protección e hidratación

Al comienzo, el Paraná nos llevaba a 3 km/h sin remar mientras señueleábamos entre correderas, troncos y ramas semi-sumergidas, desembocaduras de arroyos y hasta incursionamos en una laguna de muy poca profundidad en uno de sus desbordes.
La temperatura llegó a los 36 ºC al mediodía y el ecosonda marcaba que la del agua era de 28. La indumentaria recomendable para este tipo de aventuras es pantalón y remera, ambos largos y de secado rápido. Cuello, gorro y lentes de sol. Además se deben resguardar las partes del cuerpo no cubiertas por la indumentaria con protector solar y repelente. Es primordial mantener una constante hidratación durante la travesía. El cálculo de agua es personal, pero para días tan calurosos no se debe llevar menos de 3 litros por persona y por día de travesía. No hay que incluir en este cálculo jugos o gaseosas; si se los desea llevar, habrá que sumarlos al total de líquido. También es conveniente transportar la bebida congelada en la heladera. Rinde más días que usar hielo suelto y se maximizan peso y espacio. También es importante planificar un cronograma de comidas. Para aprovechar el tiempo diurno pescando y avanzando en el recorrido, preferimos cocinar la primera noche y preparar sándwiches para el día siguiente.

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Durante los primeros 15 km del recorrido encontramos muchos lugares aptos para descender. Desde puntos rocosos donde aprovechamos para pescar alguna boga, hasta playas de arena fina donde nos dimos un refrescante baño y luego tomamos unos mates mientras deliberábamos dónde acamparíamos. Hasta este punto hay varios lugares aptos para acampar libremente, pero luego nos aproximamos a Zárate y son cada vez más frecuentes las propiedades privadas. El espíritu del grupo estaba intacto, algunos con pequeñas dolencias por permanecer tanto tiempo sentados, pero quisimos seguir avanzando y llegar a Campana.

Remando de noche 

El paso por debajo del puente de Zárate fue memorable, con el sol agotando su brillo y las luces adornando la majestuosa estructura de hierro y hormigón. Aprovechamos un desembarco a mano izquierda en el camping Las Tejas para proveernos de bebida fresca, pasar por el baño y colocar destelladores en los kayaks, como así también reemplazar los gorros por linternas-vincha. El Paraná se encontraba planchado y la noche nos invitaba a seguir avanzando. El condimento de la remada nocturna no estaba planeado, pero las condiciones más que aptas no se podían ignorar. Nos faltaban 6 km para llegar a un punto que conocimos el año pasado pescando (ver Weekend Nº 557) y decidimos montar campamento ahí. De noche los kilómetros parece que pasan más rápido; sin distracciones y a ritmo constante llegamos a Campana. Detrás de las luces de un buque en su amarra estaba nuestro destino. Pasar cerca de estas ciudades flotantes con nuestras pequeñas cáscaras de plástico resulta tan imponente como atemorizante.

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En el lugar de acampe hay iluminación propia del predio que se encuentra detrás del alambrado, resultando muy fácil montar nuestras tiendas durante la noche. Algunos no perdieron la oportunidad de lanzar unos aparejos de flote encarnados con morenas o filet de bagre, pero lamentablemente la usina no se encontraba en funcionamiento, que es la gran atracción para los peces, por lo que la pesca no resultó.
Para el domingo solo nos quedaba disfrutar, descansar, pescar unas boguitas y cocinar las últimas provisiones. Los dos kilómetros que nos quedaban por remar hasta el estacionamiento no representaban un desafío. Para muchos fue la primera vez que hacían una remada de día entero de 32 km y terminaron la travesía ansiosos por ampliar esta experiencia con recorridos más largos y agrestes.

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Rodrigo Garcia Cobas

Rodrigo Garcia Cobas

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