jueves 9 de abril de 2020
05-02-2020 13:23 | PESCA

Dos días de variada y acampe entre los médanos y el Faro Querandí

Desde la playa o en kayak, disfrutamos de jornadas movidas con un buen surtido de especies de gran porte, que nos regalaron emocionantes combates. Ver galería de imágenes

Para sacarle todo el jugo al verano, planeamos una escapada de fin de semana a la playa con nuestros kayaks. Motivados por un combo irresistible compuesto por pesca de orilla y kayakismo, cambiamos el estresante ruido de la ciudad por el relajante sonido de las olas. Contemplamos el ocaso detrás de nuestras tiendas y disfrutamos de una simple picada. En un fogón cenamos la pesca variada del día bajo millones de estrellas. Pasamos la noche en carpa entre solitarios kilómetros de médanos bajo la atenta vigilancia del Faro Querandí. Al otro día despertamos con el graznido de las gaviotas y, aún dentro de nuestras carpas, fijamos la vista en el horizonte. El sol emergía detrás de las olas y derretía lentamente el rocío sobre las tiendas.

Previsoramente, delegamos la logística a Ricardo Koellner, quien es guía de pesca desde hace nueve años, a la par que cumple la función de taxi 4x4 al Faro Querandí. Durante años deseamos poder ir a testear el kayak fishing de esta zona porque, si desde la costa se pesca muy bien, imaginamos que mar adentro debería ser sorprendente.

Ricardo nos citó en el pesquero La Arenera, donde dejaríamos nuestro vehículo estacionado a la sombra para seguir en su 4x4. Los primeros cinco kilómetros hasta las dunas son transitables para vehículos de tracción simple, pero desde ahí en más es un terreno al que solo se accede con 4x4 y mucha experiencia. Al estar en plena temporada de verano, Ricardo nos llevó unos cuatro kilómetros pasando el faro. Observamos la pendiente en la orilla, las rompientes e hicimos una lectura completa del mar, buscando una canaleta adecuada. Hasta que detuvo su vehículo y afirmó: “Acá van a pescar”. Descargamos una montaña de equipos, carpas, heladeras, reposeras, agua, comida y todo lo necesario para subsistir dos días alejados de la civilización, donde no llega ni la señal de celular.

Desde la orilla con todo

Nos encontramos con un viento que soplaba en dirección mar adentro con una fuerza muy superior a la pronosticada y decidimos posponer nuestro ingreso en kayak. Muy desanimados y con el espíritu por el piso caminamos 200 metros hasta donde estaba Ricardo con otro grupo de pescadores de orilla. ¡No paraban de pescar!, no lo podíamos creer. Encarnaban, lanzaban y volvían con una corvina, un bagre o una brótola. Salimos corriendo hasta nuestro campamento, armamos las cañas de costa y nos dispusimos a pescar. Los lances viento a favor eran fáciles ya que la canaleta no estaba a más de 40 m. ¡Un pique detrás del otro! Por momentos se daban apenas caían los plomos y de a ratos nos permitían un descanso en las reposeras. Al cabo de unas horas teníamos unos cuantos bagres, corvinas medianas y alguna hermosa brótola que reservamos en la heladera con hielo.

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¡A acampar!

Antes de que cayera el sol, buscamos un lugar propicio y encendimos un poco de carbón que habíamos comprado en el pesquero. En plena llama le agregamos morrón, cebollas, papas y una berenjena. Dispusimos la parrilla y cocinamos una corvina y un bagre salpimentados y rociados con limón. La noche aún nos reservaba una sorpresa: el horizonte se iluminó de color rojizo y lentamente asomó una perfecta luna llena de un llamativo color rojo.

El domingo amaneció calmo y frío. El viento sur hizo descender fuertemente la temperatura. Reforzamos la vestimenta con una remera de lycra y una calza de neoprene, porque a las 7 AM hace frío en el mar. A unos 500 metros de la costa bajamos el fondeo por primera vez a una profundidad de 10 m. El agua estaba turbia por tanta marejada de la noche anterior, pero a los pocos instantes el primer pique lo tuvo Andrés desde su kayak, un nunca deseado congrio. Le siguieron algunas lindas corvinas, ansiadas brótolas y muchísimos bagres.

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Quisimos probar en otro punto y remamos mar adentro hasta encontrar agua más cristalina. Fileteamos el congrio porque ya no teníamos carnada. Puedo afirmar que en la pesca, siempre que uno pierde la concentración, se dispersa o está mirando hacia otro lado, sucede lo mejor. Claramente ni la caña en la mano tenía cuando el sonido del freno del reel me alertó de un pique descomunal. Una llevada violenta y prolongada, adentrándose al mar y subiendo hacia la superficie. “¡Es un tiburón!”, me advierte Andrés desde su kayak.

Tomo la caña y comienza la acción. Un cambio de rumbo radical, ahora se dirigía hacia la costa y nos iba a cruzar todas las líneas. El kayak de Andrés estaba sujeto al mío por un cabo elástico de 3 m, por lo que le solicité que se soltara rápido. Pero la maniobra no llegó a completarse, ¡el escualo era muy veloz! Por suerte nadó tan lejos que, levantando lo más alto que pude mi caña, logré pasar mi línea por encima de las dos de mi compañero.

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La presa soñada

No podía creer mi suerte. Sabía que esto podía durar poco, porque no estaba pescando con brazolada de acero. Tenía una clásica línea de dos anzuelos y me propuse disfrutarlo hasta que el nylon resistiera. Nuevamente cambió de rumbo, volvió a ir mar adentro, pero cada vez más cerca mío. Cuando parecía dominado, arremetió y rechinó el freno del reel prolongadamente, ¡qué placer para mis oídos! Pudimos ver al pequeño bacota, acercarlo al kayak pero, al momento de planear cómo levantarlo, logró liberarse.

Debía cambiar mi línea, ya que me faltaba una brazolada, por lo tanto coloqué un líder de acero largo con un anzuelo 12/0, un plomo de 80 g y, ya que había tomado el encarne con filete de congrio, ahora le puse todo el congrio que quedaba, unos 40 cm de carnada. Descendí el aparejo hasta el fondo, lo levanté unos dos metros y volví a dejar la caña reposando. Mientras con la segunda caña atendía unos piques de corvinas y bagres, escuché un corto sonido del freno. No pasó nada más, por lo que no tomé ninguna acción.

Cada tanto veía que la punta marcaba algún pequeño pique, pero esperaba algo contundente y acorde al encarne. Como no sucedió, comencé a recoger pero lo sentí pesado, un leve cabeceo y pegué el cañazo fuertemente para clavarlo. Era grande, peleaba, sacaba multifilamento del reel, pero estaba seguro de que no era un tiburón. Las llevadas eran como a empujones, el reel corcoveaba en vez de hacer un ruido constante como con el bacota. Al ver que era un bagre monstruo, ¡no podía creerlo! Efectivamente, Querandí superó nuestras expectativas y creó nuevas ilusiones de próximas visitas.

Galería de imágenes

Etiquetas: Faro Querandi Costa Atlantica Buenos Aires Pesca Pesca De Costa Variada Kayak Fishing
Rodrigo Garcia Cobas

Rodrigo Garcia Cobas

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