Martes 16 de agosto de 2022
TURISMO | 14-07-2022 07:00

Vacaciones de invierno en La Cumbre: aventura, historia y buena gastronomía

Un enclave inglés que combina actividades para todas las edades e intereses. Ideal para disfrutar de la tranquilidad serrana. La figura de Manuel Mujica Láinez como organizador de la cultura local.
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La travesía comienza en auto a través de las curvas y contracurvas del camino Del Cuadrado (como se la conoce a la RP E-9), vía de acceso rápido a la región centro y norte del Valle de Punilla. Vamos a conocer La Cumbre, poblado histórico de Córdoba, distante 100 km de la capital provincial. Viene precedida por la declaración de hace un año y medio, a raíz de la gran cantidad de construcciones de entre fines del 1800 y alrededor de 1930, con impronta inglesa o española. Fue la famosa época de oro de la Argentina, y esas casas se conservan intactas hasta hoy. Esto se combina con espectaculares deportes de aventura como paracaidismo en tándem, parapente y el sorprendente arborismo que ya detallamos en otra nota; una gran actividad cultural y una gastronomía excelsa. Con 50 alojamientos de todo tipo y 40 restaurantes y casas de té, se puede pasar al menos una semana con cosas distintas cada día y sin espacio para el aburrimiento. Y en medio de una calma serrana increíble.

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Todo comenzó con el trazado del ferrocarril de trocha angosta en manos británicas allá por 1880, por lo que muchos ingleses y escoceses se instalaron en la localidad, algunos incluso con sus familias, para construir esas vías que se espera recuperar en breve. Tal como ocurrió con Sierra de la Ventana o Miramar de Ansenuza, a partir de este cómodo transporte empezaron a llegar las familias patricias de la Argentina, dispuestas a pasar tres o cuatro meses de verano en la comodidad serrana. Así nació el hotel Cruz Chica, el primero de la zona (de 1886), armado en base a seis caserones pegados, la primera pileta y un parque diseñado por Carlos Thays. Fue el iniciador de la corriente turística. Hoy se mantiene inalterable y es parte de un circuito que se puede hacer en bicicleta y repasa las principales casas (en su mayoría del ’20) pensadas por León Dourge en estilo español: El Paraíso, Sevilla y Toledo entre otras. Del recorrido también son parte mansiones en marcado contorno inglés, hechas por los arquitectos Carlos y Alberto Dumas: el club house del Golf o la del hotel boutique Villa Art. Según cuenta la informante turística Gabriela Medina, por ser corto el circuito se puede hacer caminando, a caballo o en auto, siempre por una zona residencial muy tranquila. En la visita se suman espacios culturales y religiosos como el teatro Berti, la iglesia Nuestra Señora del Carmen, la capilla San Roque y el Cristo Redentor, imponente figura que domina la ciudad en la sierra. Desde aquí parte un extenso trekking 

Las bases de la cultura en la zona

Algunas personas asocian el nombre de La Cumbre con el escritor Manuel Mujica Láinez pues la eligió como su lugar de retiro luego de jubilarse. Compró en el ’68 una casona de 1922 diseñada por Dourge y le puso El Paraíso (está justo frente al hotel Cruz Chica). Vivió allí durante 14 años y fue bajo su influencia que se armó un circuito cultural en la zona. Recibía escritores, pintores a los que daba albergue para que aprovecharan la tranquilidad del lugar para la realización de sus obras.

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Hoy la casa es un museo que se mantiene inalterable como cuando vivió allí el autor de Bomarzo. Pareciera que en cualquier momento Manucho va a salir de su biblioteca privada para darnos la bienvenida. Aquí escribió el 20 % de su obra y compartió encuentros con el pintor Miguel Ocampo (cuya obra es exhibida y conservada en una sala espectacular ubicada a 3 km de allí, foto abajo) o Sara Gallardo, por citar a algunos. Así fue sembrando una impronta cultural que se mantiene hasta hoy con talleres de diversos artistas e interesantes galerías de arte.

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Desde 2016 la casa es Monumento Histórico Nacional. Cada elemento en el interior fue colocado por Manucho, muchas piezas son herencia de su familia patricia y la de su esposa, Ana de Alvear Ortiz Basualdo. Era un gran coleccionista objetos de arte, imaginería religiosa, arte precolombino, también tiene estatuillas de la dinastía Ming, cuadros de Soldi, Victorica y Basaldúa, que le regalaron los propios autores y los retratos familiares: desde cuadros de Carlos María de Alvear al chaleco que usó Florencio Varela cuando lo acuchillaron. Sin dudas, la pieza más importante es el escritorio de campaña de San Martín. Y más de 20.000 libros. Hoy su hija Ana preside la fundación que administra el predio. Sus restos descansan en el cementerio parque de Los Cocos y en la oficina de turismo tiene una estatua a tamaño natural con su perro Cécil a los pies. Abre sábados, domingos y feriados de 11 a 18.

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Patricia Daniele

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