Miércoles 5 de octubre de 2022
TURISMO | 25-08-2022 07:13

Córdoba: 5 estancias jesuíticas que componen una ruta única

Cercanas a la capital provincial y plenas de encanto, permiten un recorrido por la historia, tradiciones y elaboración de alimentos que se conservan desde el 1800.
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Los jesuitas, clérigos de la Compañía de Jesús, orden que fundó el religioso español Ignacio de Loyola en 1534 tuvo su representación en la provincia de Córdoba desde 1599 y hasta que, en el siglo XVIII, los gobiernos ilustrados de Europa se propusieron terminar con ella a raíz de su gran poder financiero y político, su defensa incondicional del papado y actividad intelectual. Cuando en 1767 Carlos III ordenó la expulsión de la orden de España, y por lo tanto de América, a los religiosos los trasladaron en carretas hasta Buenos Aires. Desde allí los embarcaron a bordo de una fragata con destino a Italia.
Unos 100 años más tarde volvieron a Córdoba, donde continuaron estableciendo un sistema sociocultural único, aunque sus propiedades pertenecían al Estado o a particulares. Entonces, para mantener a flote los colegios, la Compañía puso en marcha diferentes proyectos en el territorio provincial, donde construyó estancias de gran valor arquitectónico en las que proliferaron la producción agrícola y vitivinícola. Una de las historias remarcables de esta época es aquella que relata los orígenes de la lagrimilla, una bebida de carácter mítico, considerada el primer vino de Latinoamérica. Era tan fuerte que provocaba lágrimas.
En 2000, la UNESCO declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad a estas haciendas y al complejo de la Manzana Jesuítica, que abarca la antigua sede de la Universidad Nacional de Córdoba, la Iglesia de la Compañía de Jesús, la Capilla Doméstica, la Residencia y el Colegio Monserrat. Hoy en día, en la capital se puede visitar el conjunto, mientras que el Camino de las Estancias Jesuíticas permite conocer el valor patrimonial de las fincas que la orden tenía en las sierras de Córdoba. Ella son:

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  • Estancia de Caroya: se llega por la RN 9 desde la capital provincial, 50 km al Norte. Data de 1616 y es el primer el primer establecimiento rural que construyó la Compañía. Funcionó como casa de verano del Colegio Monserrat y fue sede de la primera fábrica de armas blancas en la Guerra de la Independencia. Más tarde se convirtió en residencia de los pioneros friulanos, quienes fundaron la localidad de Colonia Caroya. La finca conserva su estructura colonial y arquitectura residencial. Se compone de un patio central en claustro, una capilla y una quinta. Allí se pueden observar los restos de un molino y un canal a cielo abierto, entre otros distintivos. En el lugar se realizan visitas guiadas por el Museo Histórico y de los Inmigrantes, que exhibe antiguos objetos y muebles. En las recorridas se explican los sistemas y técnicas que empleaban los jesuitas para llevar adelante su producción.
  • Estancia de Jesús María: se construyó en 1618 con foco en la producción vitivinícola. Se sitúa 4 km al Norte de la primera parada en Colonia Caroya, siempre por la RN 9. Un dato de interés histórico es que por allí pasaba el Camino Real en tiempos en la época colonial. Se puede recorrer su iglesia, residencia y bodega, así como los restos de antiguos molinos. En el trayecto se incluyen testimonios que recrean los espacios productivos de la época. A su vez, se permite conocer los lugares en que se molían las uvas. En tanto, la casa que habitaban los jesuitas expone elementos religiosos y una colección de valor arqueológico acerca de las deidades de los pueblos originarios. Vale señalar que desde 2014 la propiedad es un sitio de memoria de la organización Ruta del Esclavo.

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  • Estancia de Santa Catalina: rumbo a Ascochinga se encuentra la Estancia de Santa Catalina. Es un complejo que los jesuitas pusieron en marcha en 1622. Se trata del mayor conjunto arquitectónico edificado por la Compañía fuera de la ciudad de Córdoba. La propiedad contaba con 20.000 cepas de vid, un molino y diversas herramientas. En este predio, los religiosos se dedicaron a la plantación de frutales. En 1740 construyeron la residencia y una nueva bodega, donde vio la luz la legendaria lagrimilla. Santa Catalina se destacó como centro de producción agropecuaria y por el obraje con sus telares. También fue reconocida por su herrería y carpintería, su sistema de dos molinos y la conducción subterránea del agua que venía desde Ongamira, a varios km de distancia. La finca se puede recorrer junto con un guía. En el lugar se aprecia una iglesia que cuenta con una imponente fachada de dos torres, un cuerpo central de remate curvilíneo y otros detalles que dan cuenta de la influencia del barroco centroeuropeo. Otros puntos de interés son su cementerio, huerta y noviciado. Se llega al predio por RN 9 desde la capital provincial, en dirección hacia Jesús María. Al alcanzar esta localidad, se toma el camino que va a Ascochinga.

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  • Estancia de La Candelaria: está en plena área serrana. Resalta en una planicie de altura ondulada denominada Pampa de San Luis. Su figura sobresale hacia el norte de las Sierras Grandes, a 150 km de la capital provincial. Desde 1683 funcionó como establecimiento rural ganadero bajo supervisión de los jesuitas, quienes se dedicaron a la cría de mulas en sus 300.000 ha. La construcción comprende la capilla y la residencia del padre estanciero. En torno a este predio también se observan el obraje, los corrales, las ruinas del sistema hidráulico y la ranchería, que eran las habitaciones destinadas a los esclavos. Otro rasgo particular de esta estancia es que se asemeja a un fortín. La organización del espacio gira en torno a un patio central. En tanto a sus lados se sitúa la iglesia, donde se puede ver la imagen tallada en madera de la Virgen de las Candelas. Otro diferencial es que cada 2 de febrero se celebra a la Virgen en un evento que incluye misa, peregrinaciones y desfiles gauchos. Para llegar desde la ciudad de Córdoba hay que tomar la RN-38, continuando por la RP-15 hasta La Higuera.

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  • Estancia Alta Gracia: se ubica a 38 km de la capital. En su construcción, que data de 1643, destaca una iglesia de arquitectura de influencia barroca. A su lado funciona el Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers. Es posible sumarse a las visitas guiadas que se brindan alrededor del complejo. En su interior, las salas están ambientadas de acuerdo a los diferentes huéspedes que habitaron la hacienda, se trate de los esclavos africanos, las mujeres, los jesuitas o el propio virrey.
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