Sunday 3 de March de 2024
TURISMO | 23-02-2023 18:46

10 lugares para disfrutar el Delta (primera parte)

En verano, el gran archipiélago bonaerense convoca por su sombra selvática y la frescura del agua. Dónde dormir y comer, y cómo abordar el paisaje en acción: kayak, cabalgatas, kite-surf y caminatas por un submundo que fluye.
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El Delta de Tigre es un paisaje ciclotímico, un submundo acuático -“la Venecia salvaje”, según Borges- donde el cauce de los ríos va o viene, dea acuerdo a como sople el viento. Si uno arroja un barquito de papel al agua, se irá río abajo. Pero si entra viento sudeste o una de las cuatro mareas diarias, lo veremos navegar de regreso río arriba como a motor: el curso del agua ha cambiado. 
Heráclito dijo “no es posible bañarse dos veces en el mismo río”. Y agregó: “Lo único permanente es el cambio”. Pues la geografía de este archipiélago paranaense le da la razón al griego: sus islas están en constante formación y deconstrucción. No lo vemos, pero los isleños sí. María Inés Cahiza vive en la Isla de la Fantasía y navega este laberinto fluvial con su barquito familiar o con la moderna lancha de su empresa Natventure: “La semana pasada no pude atracar en el muelle de mi casa; lo bloqueaba una isla móvil, una densa masa de camalotes con tierra que, a veces, trae un coipo royendo un palo, una garza mora picoteando crustáceos y tortugas de agua. Parecía que podías caminarle por arriba. Al rato, la corriente se la llevó hacia el Río de la Plata y pude desembarcar”.   
La imagen veraniega en el delta es de piletas vacías de gente y ríos llenos: el salto en clavado desde el muelle. Del influjo calmo del agua irradia el magnetismo de este paisaje semiselvático. Uno viene a contemplar su fluir versátil, pero cuando el termómetro sube, esa mirada se vuelve compulsión por saltar al agua. A continuación, tácticas para encarar esos dos deseos: el del clavado al río o el de solo mirar.

En kayak a la luna

Tigre es un paisaje de sombras y ocultamientos –bosques y selvas–, pero este rasgo llega al sumun en kayak bajo la luna. Se parte desde la rampa al río Luján del Paseo Victorica –zona continental– frente al Club Regatas la Marina. Detrás de la cúpula roja de ese palacio se eleva el disco perfecto de la luna llena: el guía Patricio Redman reparte los remos y todos al agua. 

02-4-Aprender a andar en kayak

Las primeras remadas son para cruzar el ancho río, una autopista con lanchas colectivas, botes y yates. Pero en tres minutos el grupo remero se escabulle por el arroyo Fulminante que tiene calma de laguna, para avanzar entre dos murallas de árboles: el espejo de agua se va fracturando a la mitad con sumo silencio. Hasta que salta un pez dejando una aureola concéntrica en el agua. A la derecha, entre tronco y tronco, pasa la luna intermitente. Los kayaks son tan hidrodinámicos que con una caricia al agua se abren paso entre camalotes que llegan con su deriva nómada. Los árboles son puro contorno y se reflejan igual en el arroyo: el ambiente es una superposición de formas oscuras en degradé, que de golpe estalla de luz cuando se cuela la luna. El paisaje es la noche misma. La excursión dura dos horas y media netas de remo, más una parada en la casa isleña de Redman para unas hamburguesas a la parrilla en un fogón (también hace salidas diurnas). Precio: $ 6.000. www.patricioredmankayak.com.ar

La perspectiva diurna de la navegación

El kayak, creado para andar entre témpanos, es también el ideal para recorrer de día la red de vasos comunicantes que tiene el Delta, desde una perspectiva al ras del agua: uno va sentado dentro del río y avanza con sutileza de cisne por vericuetos de hasta dos metros de ancho e ínfima profundidad. La mediación del bote se reduce al mínimo y la comunión con el paisaje es total. Frente a las cabañas Aires del Delta, en el río Sarmiento, desde hace 20 años la escuela de canotaje Delta en Kayak organiza remadas cortas y relajadas. Usan una lancha a motor para ir lejos y volver remando sin repetir paisajes. También tienen un bote a remo para 10 personas con refuerzo de motor, ideal para niños o adultos mayores; y una canoa canadiense para cinco personas. La sede tiene una hermosa playita y restaurante para pasar el día. Un paquete con traslado desde la estación fluvial, paseo en kayak con guía –o salida en lancha–, uso de playa y almuerzo en mesas sobre la arena con wok de pollo o de vegetales con arroz, bebida y postre cuesta $ 6.900. Esta opción sin almuerzo sale $ 4.100 (20 % de descuento con seña) WhatsApp: 11 2471 5050. 0223_delta

A caballo o a pie

Bonanza Deltaventura es un complejo para ir a caminar, cabalgar y andar en canoa. O solo almorzar un gran asado –o hamburguesas veganas de porotos, mijo y arroz yamaní– y recostarse en una hamaca paraguaya a respirar verde. Queda en una isla del Km 13 del río Carapachay y desde el agua ya se ve su elegante casona carmesí estilo italiano de 1898 entre árboles de nuez pecán. La dueña es Rosana Di Mécola, quien recibe a los visitantes con los caballos ensillados para recorrer 3 km de sendero en una típica isla deltaica con forma de plato hondo, hundida en el centro. Algunos hacen este circuito a pie con guía o en la soledad de estas 60 hectáreas. Primero, el pajonal con cortaderas, colonias de paja brava y serruchetas. Luego, un antiguo embalse artificial cubierto de lentejitas y pinitos de agua. Hasta que aparece el monte, una semiselva con lianas, enredaderas y espinales. Un largavista pasa de mano en mano para ver el hogar discreto del hornero y la cotidianidad del zorzal. Y el paisaje se abre a la laguna Grande rodeada de ceibos retorcidos. Bonanza tiene playa y 500 metros de costa: según el día, hay quien hace un clavado desde el muelle. Y hay reposeras, ping-pong, metegol, tirolesa, arcos, vóley, juegos infantiles, quincho y vestuario. Almorzar y pasar el día cuesta $ 5.200 ($.7.200 con una actividad guiada o $ 9.000 con dos actividades y merienda). Menores de 10 años, 50 %. Hay alojamiento en casas dobles: $ 22.000. Lancha colectiva: $ 370 ida y vuelta. Instagram: @bonanza_deltaventura, Whatsapp: 11 4409 6967.

En superlancha aventurera

Hay muchas excursiones náuticas por el laberinto isleño, pero la moderna lancha de Natventure fue la más exitosa en pandemia: es techada pero sin paredes –no hay encierro– con visibilidad 180°. No fue pensada contra el covid sino para el contacto con la naturaleza. Es angosta y liviana para surcar arroyos en calma (su motor es muy silencioso). Una excursión va a un denso bosque de cañaveral en galería con plantas trepadoras como un techo natural sobre el canal. La nave pasa bajo románticos puentes de madera y se interna en barrios isleños de elegante arquitectura con parques. Si el nivel del agua lo permite, se desembarca a caminar por el cañaveral que impide el paso de la luz. Salen desde Puerto de Frutos. Paseo de 2 horas: $ 9.500 con bebida y alfajor artesanal ($ 10.500 si es con té matcha y dulces japoneses). Menores de 9 años, 50 %. Un full day con cañaverales y circuito Costanera más desembarco en una isla para almuerzo en tres pasos y merienda en Alpenhaus: $ 25.000. 

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Natventure ofrece salidas en el histórico crucerito Parodi Santa María AT, construido en 1916 en madera de cedro lustrosa por Astilleros Parodi, una pieza de diseño y colección para paseos privados con una parada a almorzar en una hermosa casa en una isla, adónde se acerca un isleño de varias generaciones a contar historias del Delta y sus supersticiones. www.natventure.com.ar  WhatsApp: 11 3427 0123.

Al agua

Delta Point es un centro de deportes acuáticos sobre el ancho río San Antonio que ofrece cursos de wakeboard, deporte surgido en las playas californianas cuando un surfer, harto de una seguidilla de días con mar calmo, rompió el pacto con las olas y salió remolcado por una lancha. Esta modalidad se sofisticó como una mezcla de esquí acuático, surf, snowboard y skate. Aquí también ofrecen el más sencillo stand-up paddle, una navegación individual parado en una tabla al impulso de un remo. Una opción intermedia en complejidad es el hydrofoil, parecido al wakeboard pero en una tabla más grande con una quilla debajo: la tabla se eleva un poco al tomar velocidad cidad, como si sobrevolara las aguas. Y está la opción de hacer tube: ir a toda velocidad al impulso de una lancha como en el esquí, pero acostado en un colchón inflable. Además hay cama elástica, rampa de skate, playa arbolada y bar. Un paquete de clase o sesión de wakeboard de 25 minutos con equipos, lancha y pase diario en la playa todo el día –esto último para dos personas– cuesta $ 18.000.  

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Julián Varsavsky

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