Miércoles 25 de mayo de 2022
PESCA | 24-12-2021 14:00

Increíble pesca nocturna de bogas y carpas en el Paraná Bravo

Los piques siempre se disfrutan más si se comparten con un amigo. Una salida con muchas peleas y acompañada por el encanto de la noche.
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Hace muchos años, a través de mi página de internet, se comunicaba conmigo Domingo Damo, de Capital Federal, para hacerme un par de consultas. Desde entonces comenzamos a tener una comunicación muy fluida a la distancia y solamente en una oportunidad, también hace años, pudimos compartir en Villa Paranacito una salida de pesca juntos.

Por ese mismo motivo es que le escribí a Domingo diciéndole de hacer una pesca nocturna juntos, “¡meta!”, me respondió y comenzamos a ver fechas probables y coordinar todos los preparativos, en los cuales y en principio decidimos viajar en mi embarcación por comodidad y espacio.

Así fue que Domingo pasó a buscarme promediando las 16 hs, para de esta forma pasar por el puesto El Toro en Calixto Dellepiane y Ruta provincial 6, donde nos proveímos de unas buenas porciones de carnadas. Para las 17 ya nos encontrábamos en la guardería del Camping Recreo Keidel, donde tengo en guarda mi embarcación Gino.

Con todo lo necesario abordo y el motor en marcha salimos aguas abajo del Paraná Guazú, pasando por debajo del majestuoso puente que une las provincias de Buenos Aires con Entre Ríos. Ingresamos por el Doradito y salimos nuevamente al Guazú para de esta forma, a mano izquierda, buscar la boca del Paraná Bravo.

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Al llegar a nuestro sector de pesca, y por experiencias anteriores, en principio fondeamos a una profundidad de unos ocho metros, teniendo a tiro de caña río afuera profundidades mayores y hacia la costa profundidades menores, que siempre nos dieron buenas respuestas de noche con surubíes, tarariras y dorados.

Armamos nuestros equipos y realizamos generosos encarnes con una gran variedad de carnadas, entre las cuales contábamos con lombrices, masa, maíz fermentado, salamín, hígado y anguilas, entre otras. Comenzó a caer el sol a nuestras espaldas y viendo que no habíamos registrado piques en un par de horas, modificamos nuestra posición fondeándonos a once metros de profundidad.

Aquí la cosa cambió por completo, ya que recibimos piques y capturas en principio de lindos bagres amarillos, posteriormente en uno de mis equipos recibí un hermoso pique de boga que una vez a bordo pesó unos generosos 3 kilos, seguidamente en otro de mis equipos se repitió el pique de boga, la que clave con un certero golpe de caña, siendo esta también un hermoso ejemplar, pero al punto de bonetearla se le rompió el labio y logro su libertad.

La noche arrancaba con buenos piques de bogas, las que mayormente tomaban el ofrecimiento de tiritas de hígado en nuestros anzuelos. Llegó el turno de Domingo, quien tuvo por parte de su pieza una hermosa pelea, hasta que una vez a bordo el boga grip nos marcó 3,500 kilos de pura potencia, seguidamente pude dar con otro hermoso ejemplar de boga que rondó los 2,500 kilos.

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Con la luna iluminándonos y con un viento rotando al sudeste el pique se cortó por un momento, hasta la entrada de la luna, donde se activó nuevamente el pique para muy lindos ejemplares de bogas, la mayoría promediaron arriba de los dos kilos de peso. La nota de la jornada se dio al amanecer con el pique y captura de una hermosa carpa que nos marcó 8 kilos de peso.

Promediando las 6 de la madrugada emprendimos el regreso con Domingo hacia la guardería, tras haber compartido sin ninguna duda una maravillosa pesca nocturna, no solamente por los piques y capturas realizadas, sino también por la increíble experiencia.

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Luis María Bruno

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