Sábado 4 de diciembre de 2021
INFORMATIVO | 23-04-2021 11:08

¿Por qué los gatos eran sagrados para los egipcios?      

Durante el Imperio Nuevo, que tuvo lugar entre los años 1550 y 1069 a. C. estos felinos fueron los animales más venerados tanto por los faraones como por todo el pueblo. ¿A qué se debió?

Los gatos tuvieron un rol preponderante en la cultura del Antiguo Egipto fundamentalmente por un tema religioso, ya que, como felinos, pertenecen a la misma familia de animales que el león, el Dios del sol Ra de los egipcios.

Los ojos del león reflejan los rayos del sol y combaten la oscuridad. Así, el gato se transformó en uno de los animales más sagrados para los egipcios. A punto tal que se construyeron réplicas tanto en numerosos templos como en varias pirámides con el objetivo de proteger a los dioses.

 La primera consagración del gato tuvo lugar cuando la diosa Bastet, símbolo de la fecundidad y de la belleza, fue representada con la cabeza de un gato. Bastet también simbolizaba la luz, el calor y la energía solar y, debido a sus sorprendentes rasgos  felinos, representaba el misterio, la noche y la luna.

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Además, se pensaba que ayudaba a la fecundidad tanto de los hombres como de los animales, que curaba todo tipo de enfermedades y que velaba por las almas de todos los muertos.

Por aquellos tiempos, el gato no podía ser propiedad de ninguna persona, a excepción de los faraones, quienes eran los únicos que  tenían el derecho de tener y domesticar a esa criatura sagrada. También existía una dura ley que prohibía tanto la venta, como el maltrato o el asesinato de los gatos: el que mataba a un felino corría su misma suerte.

Si bien es cierto que los faraones también consideraban sagrados a otros animales, como por ejemplo los peces, las serpientes y las vacas, lo cierto es que el gato era el más sagrado de todos.

Aunque, según la historia, la domesticación de los gatos comenzó en el año 2.000 a.C., cuando se convirtió en un animal de compañía apreciado por su dulzura, su encanto, su misterioso comportamiento, y sobre todo, por ser protector del hogar, el hallazgo, en 2004, de los restos de un gato al lado de un humano en una tumba en Chipre remite el comienzo de esa relación al año 7.500 A.C.

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Los gatos fueron muy importantes debido a su habilidad para hacer disminuir la población de ratones, que realizaban verdaderos estragos en los campos de cereales del Nilo, una zona de gran importancia económica.

 Además, mantenían limpias las casas porque al cazar ratas y serpientes, se eliminaba un portador de enfermedades graves, como la peste y los alrededores de los hogares próximos eran más seguros.

El gato logró una importancia que fue aumentando con los años, tanto en el plano religioso como en el social. De hecho, en el Imperio Nuevo,  el gato era adiestrado para llevarlo a la cacería de aves, en lugar de llevar perros, animal que, por entonces, ya era domesticado en muchos países del mundo.

En esta parte del mundo se denominaba al gato macho “myeou”, sobre todo en el Alto-Egipto, en referencia a la onomatopeya de su maullido, en  tanto que a las hembras se las llamaba “techau”, nombre que se ha encontrado grabado en muchas tumbas de mujeres. Precisamente, de ese término proviene el nombre “chaus”, que ahora denomina a un gato salvaje de Egipto y de Asia: el Felis Chaus. 

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Como contrapartida, tras el resplandor del Antiguo Egipto, llegó la Edad Media y con ella la indiscriminada y salvaje quema de gatos en las hogueras. Así, de la noche a la mañana, los gatos pasaron de ser considerados sagrados a ser odiados, temidos, perseguidos y quemados vivos porque se creía que eran instrumentos del demonio y de las brujas debido a sus hábitos nocturnos.

Los felinos domésticos fueron víctimas de una injusta persecución y bastaba la sola posesión de un gato para acusar a una persona y condenarla. Mucho más aún si era de color negro.

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