Martes 16 de agosto de 2022
CAZA | 17-07-2022 10:00

El triángulo de las perdices: perro, arma, cazador

Relevamos tres zonas diferentes para verificar el estado de los campos y la población cinegética: Labardén, Rauch y Tapalqué. En cuál hay más presas. Por qué los perros son la clave del éxito.
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Cuando uno trabaja en equipo, tiene la posibilidad de organizar tres cacerías en simultáneo, y eso fue lo que hicimos en esta oportunidad para relevar campos y población cinegética en forma triangular. El primero estuvo compuesto por Javier Trincheri, Miguel Larrotonda y Alejandro Groso, quienes con un bretón, un pointer y un braco se dirigieron a la zona de Rauch. El segundo optó por Tapalqué, con Daniel Callisto, Feliciano Aguirre y dos perros bretones. Y el que yo integré visitó Labardén junto a Juan Raso y Mario Pacheco, quienes llevábamos un pointer y una braco. A continuación, la visión de cada caso y una conclusión final.

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Primera experiencia

En Labardén, Greta –la perra braco de Juan– hacía tres años que no salía al campo, con lo cual estaba completamente fuera de training. Eso hizo que las marcas en un día ventoso fueran muy pocas –solo el 10 %– en relación con las de mi pointer Folk. La diferencia es mucha en una cacería que tiene un cupo de apenas seis perdices: Mario (con cartuchos de 32 g munición Nº 8) y yo (con 26 g del 7,5) juntamos la cantidad permitida en una hora; a Juan, en el mismo campo y cuadro de pastura ganadera, le llevó tres horas cazar apenas dos ejemplares con cartuchos de 26 g cargados con munición Nº 8.
El problema principal fue el viento muy frío. Si bien hubo sol, las perdices no volaban a menos que el perro las levantara. La situación fue tan extrema que Mario se acercó con su celular a fotografiar una perdiz a 50 cm de distancia, y no voló hasta que Folk se la topó, la cazó en el aire y, como no estaba herida, la dejamos volar. Sin duda, el hecho de que los perros no salieran durante estos tres años fue el factor diferencial entre un cazador y otro, y hoy sin can la cacería se hace muy difícil.

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Partido de Rauch

Miguel Larrotonda recorrió esta zona un sábado de mayo que preveía -4 ºC de temperatura mínima y una máxima de 10, por lo que fue preparado para hacerle frente al frío junto a los compañeros ya mencionados y al guía Marcelo Reportelia. La mayor duda que tenían era si habría caza o no, dado que en los vareos previos habían escuchado decir a los lugareños que, a causa de intensivas fumigaciones, la perdiz había bajado la cantidad de posturas (debido a que se veía afectada su alimentación). Además, a ello se sumaba el incremento de predadores naturales como el zorro.
Javier cazaría con un joven braco alemán (Cartucho), Alejandro con su pointer hembra (Ñapu) y Miguel con un bretón (Quiro, de 9 años de edad y con 7 temporadas en su haber), pero no lo harían en línea, es decir, cada uno partiría en dirección opuesta sobre un cuadro que se presentaba lindero a un maizal listo para cosechar y con agua en depresiones naturales del terreno. Ñapu, por ser el más joven y sin haber tenido actividad en estos dos años, fue al que más le costó; el bretón estuvo a la altura de la jornada por haber salido a varear a pesar de la cuarentena y el braco del guía resultó excelente. Liebres solo salieron dos fuera del alcance de nuestras escopetas. Las perdices fueron esquivas al principio y no levantaron fácilmente. Tuvieron que caminar mucho en una mañana que se presentó nublada y sin viento, aunque con el cambio de clima alrededor del mediodía también se modificó el comportamiento de las especies. Al final de la partida con Miguel y Javier salieron en tándem para ver trabajar juntos a Cartucho y Quiro, que hicieron una pareja perfecta, con movimientos de rabos que indicaban “está ahí”. En cuanto a la cartuchería, optaron por 28 g de munición 8 y 32 g del 7,5.

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Por último, Tapalqué

Con sus bretones Cielo y Frida, y municiones 7,5 en cartuchos de 28 g, Daniel y Feliciano recorrieron cuadros de campos que todavía tenían la pastura medio alta, en los que las perdices salían anticipadamente unos 10 m adelante del perro, lo que obligó a tiros largos y al doble trabajo del perro: marcar y traer la presa.
En Tapalqué el cupo se completó en un par de horas sin inconvenientes, y la experiencia de Callisto –la segunda en 2022– pone de manifiesto la gran cantidad poblacional de ejemplares, aunque menor esta vez que la anterior, estima que a causa de la gran cantidad de zorros caminando a plena luz del día, razón seguramente por la cual las perdices levantan vuelo en forma precoz.
A modo de cierre y tras escuchar en una mesa de café a todos los cazadores que colaboraron en este relevamiento, concluyo que del triángulo cazador-perro-escopeta, el que más sintió este parate de dos años es el perro en primer lugar, y luego el cazador que llega fuera de tiempo al blanco.

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Ambas cuestiones son sencillas de modificar si le dedicamos tiempo y paciencia a nuestro compañero y a nosotros mismos practicando los fines de semana en un club de tiro. Si no queremos gastar cartuchos, al menos podemos ensayar en solitario con la escopeta en vacío y haciendo sombra para el encare. La población de ejemplares es diferente en cada zona y lograr el cupo depende de un sinfín de motivos externos (depredadores, agroquímicos, etc.), pero que al menos no sea nuestra culpa volver con las manos vacías.

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Horacio Gallo

Horacio Gallo

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