Sábado 28 de mayo de 2022
AVENTURA | 29-03-2022 18:10

Convair NB-36H: el increíble bombardero impulsado por un reactor nuclear

En pleno auge de la Guerra Fría, Estados Unidos consideró la necesidad de incorporar una aeronave militar de gran autonomía. Así empezó uno de los proyectos más interesantes dentro de la investigación nuclear.
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La historia de la aviación cuenta con episodios muy llamativos. Uno de los casos más particulares es el del Convair NB-36H, un bombardero sin precedentes hasta entonces. En plena Guerra Fría y su imparable carrera armamentística entre Estados Unidos y la Unión Soviética, los norteamericanos pensaron que sería estratégicamente valioso contar con un avión con enorme capacidad operativa, por lo que plantearon la posibilidad de instalarle un reactor nuclear.

A fines de la década del 40 y principios del 50, la investigación nuclear estaba en su apogeo y existían muchos proyectos para llevarla a diferentes ámbitos más allá del militar, como por ejemplo el transporte. Aun así, la Guerra Fría dominaba el espíritu de esos años y no se podía obviar el interés en conseguir la superioridad militar sobre los soviéticos a través de este tipo de energía.

En este contexto, en 1947 la Fuerza Aérea de los Estados Unidos puso en marcha el programa Propulsión Nuclear de Aeronaves (ANP, por sus siglas en inglés), el cual sería el puntapié del desarrollo del bombardero Convair NB-36H.

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El primer desafío con el que se encontró el equipo de diseño fue el de lograr utilizar de forma segura y eficiente un reactor nuclear para impulsar el motor de un avión. Después de analizar varias posibilidades, se optó por equipar a la aeronave de un solo reactor HTRE-3, que tenía una configuración de ciclo directo.

Con este sistema, el aire ingresaba al motor a través del compresor el turborreactor y pasaba hacia el núcleo del reactor. El aire actuaba como refrigerante y continuaba su camino por la turbina del motor hasta que salía por un tubo de escape. Con este sistema, el avión empezaría utilizando combustible convencional y después pasaría a reacción nuclear cuando el reactor alcanzara la temperatura adecuada.

Una vez resuelto el tema de la propulsión se empezó a dar forma al primer prototipo. Para ello se tomó bombardero Peacemaker B-36, que tenía unas dimensiones increíbles: 70 m de envergadura, 50 m de longitud, 14,2 m de altura y una superficie alar de 443 m². A la aeronave original se le hicieron muchas modificaciones, pero la más distinguible fue la incorporación de un sistema de impulso General Electric J47 y 4 turborreactores.

Una vez finalizado, el bombardeo pasó a llamarse Convair NB-36H o “The Crusader”. Entre 1955 y 1957 se realizaron 47 vuelos de prueba, muchos de ellos con el reactor R-1 encendido, pero no para alimentar a los motores, sino para probar y recopilar datos sobre la viabilidad del proyecto. Los informes arrojaron que el blindaje antirradiación era seguro, pero si se producía un accidente había un alto riesgo de contaminación.

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A pesar de que la mayoría de las pruebas fueron muy exitosas. En 1961, el presidente John F. Kennedy dio de baja el programa. Con la intensificación de la Guerra Fría, Estados Unidos consideró más importante enfocarse en bombarderos con motores convencionales. Aun así, los resultados de este proyecto ayudaron a investigaciones posteriores, como por ejemplo los reactores nucleares utilizados por la NASA.

 

Fuente: Xataka

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