Martes 16 de agosto de 2022
ARMAS | 08-07-2022 13:29

¿Es correcto abogar por la libre portación de armas?

¿Se puede lograr? Los dichos del diputado nacional Javier Milei cayeron bien en una gran parte de la sociedad. Qué dijo y cuál es el análisis.
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En el tema que nos concierne, las frases textuales de Javier Milei –diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, docente, precandidato a presidente de la Nación Argentina en las elecciones presidenciales de 2023 y líder del espacio político La Libertad Avanza– fueron tres: “Estoy a favor de la libre portación de amas, definitivamente”,Si los honestos portasen armas, habría menos delincuencia” y “Aquellos estados que tienen libre portación de armas tienen muchos menos delitos”. Antes de analizar sus frases y el contexto en el que fueron pronunciadas, es conveniente definir lo que legislación argentina entiende por portación de armas de fuego.

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Diferencia de conceptos

Según nuestras leyes, se entiende por portación a la acción de llevar un arma de fuego en condiciones de uso inmediato en la vía pública o lugares de acceso público. Es decir, cargada y en una pistolera o bolsillo. La diferencia con la tenencia legal radica en que esta última es la posesión de un arma de fuego con la autorización de la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC). La tenencia, entonces, autoriza a un Legítimo Usuario (LU; todo ciudadano que cumpla con los requisitos exigidos por la reglamentación) a trasladar el arma (de la cual es tenedor legal) descargada y en su funda (con las municiones separadas), practicar tiro, comprar municiones y hacerla reparar cuando sea necesario. La Ley principal que ordena todo esto es la 20.429, conocida como Ley de Armas y Explosivos, y el Decreto Reglamentario que la regula es el 395/75. Si bien los requisitos para alcanzar la categoría de “Legítimo Usuario” de armas de fuego son muy estrictos, esa condición es posible de lograr para inscribir las armas que se adquieran bajo ese legajo.
Ahora bien, la Ley 20.429 también otorga la portación, pero con un carácter “eminentemente restrictivo”. Durante décadas, desde la creación del organismo regulador anterior –Registro Nacional de Armas, RENAR–, era posible obtener un permiso de portación para usuarios comerciales, o sea, inscribiendo un comercio o empresa. Normalmente se permitía la inscripción demostrando movimientos de dinero y otros valores. Las portaciones individuales fueron, por lo general, más difíciles de obtener y requerían mayores probanzas. Luego del año 2003, inicio de la era del kirchnerismo, las restricciones se incrementaron enormemente y, salvo la recomendación de algunos referentes políticos o personas de gran relevancia en el poder, fue y es casi imposible obtenerla.

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Análisis del tema

Sin duda, los candidatos en campaña dicen frases para seducir al electorado. Este es ni más ni menos el caso de Javier Milei y sus dichos polémicos respecto a las armas y su empleo. No es posible otorgar portaciones de armas libres a todo ciudadano porque, primero, deberían ser legítimos usuarios. Luego, pasar exámenes psicofísicos para portadores y, además, sortear un muy estricto examen de idoneidad de tiro para portación. Solamente en estos casos se la debería autorizar. Es claro que no todos los ciudadanos están entrenados o mentalmente aptos para llevar un arma en condiciones de uso inmediato.
Portar un arma requiere tener un equilibrio emocional muy sólido y es una gran responsabilidad, acto en sí mismo que hace que la acción sea restringida a gente idónea y equilibrada. Es necesario, diría que hasta imprescindible, que se termine con el carácter subjetivo de otorgar portaciones a discreción por parte de la ANMaC. Si el solicitante demuestra ser apto, es decir que pasa todos los test requeridos, la portación debería ser otorgada sin más trámite. A tal efecto, en épocas de José Genaro Báez, ex director y creador de la “caja política recaudatoria” (Ley 23.979) RENAR, se formó en ese organismo una Comisión de Portaciones. Nadie sabe quiénes integran actualmente dicha comisión, qué idoneidad tienen para evaluar a quién puede o no portar un arma de fuego en la vía pública ni los criterios que emplean. Por otro lado, vale la pena recordar a uno de los hermanos Lanatta, los condenados por el triple crimen de General Rodríguez, quien confesó que vendía portaciones que salían del organismo regulador. Por ese y otros motivos es necesario terminar con la posibilidad de “adquisición” política y solo hacerlo con responsabilidad mediante la toma de pruebas objetivas para todo solicitante de portación.
Volviendo a Milei, solo dice lo que muchos quieren escuchar, a fin de obtener votos de quienes están hartos de la impunidad de los delincuentes. Asimismo, habría que modificar las responsabilidades legales de los portadores autorizados. En los Estados Unidos, en cualquier daño o muerte ocasionado a terceros en toda situación de legítima defensa se imputan siempre a los delincuentes que cometieron los crímenes. Esto es tanto para civiles autorizados y para personal policial. Muy lejos del criterio garantista zaffaroniano (por Eugenio Raúl Zaffaroni, abogado penalista, juez, jurista, escribano, criminólogo argentino miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación entre 2003 y 2014), que tanto afecta a los ciudadanos argentinos honestos.

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Más armas, menos delincuencia

Las otras dos frases de Milei replicadas al comienzo de esta nota son verdades comprobadas. En los EE.UU., los estados donde la portación y la tenencia están aseguradas para la mayoría de los ciudadanos son los que tienen más bajo índice de crímenes contra las personas y la propiedad. Lo mismo está sucediendo en Brasil, con la política pro-armas de Bolsonaro. Es que los delincuentes van a atacar donde saben o presumen que no hay gente con voluntad o posibilidad de defenderse con armas. Prefieren víctimas desarmadas, lo mismo que muchos jueces y fiscales, y también que la mayoría de los políticos. Respecto de las masacres que aparecen en los medios del país del Norte, la mayoría ocurren en lugares libres de armas, o sea, donde nadie puede estar legalmente armado. Es ahí donde la restricción no alcanza a los criminales.
Quienes escuchan discursos políticos como los de Milei deberían considerar el contexto en el que esas afirmaciones se vierten. Portación libre es una promesa inviable si no se observan los requisitos imprescindibles mencionados, pero tampoco estaría mal trabajar en pos de ello para cambiar el pasado y el presente, y aspirar a un futuro diferente en materia de portación de armas tomando como base los índices de otros países.

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Hernán Rodríguez

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