Cómo usar las palas groenlandesas

Cada vez las eligen más palistas, porque resultan ideales con viento u oleaje. Pero exigen remar de una manera diferente.

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Las palas de diseño esquimal o groenlandesas llegaron para quedarse entre los kayakistas locales. Lo que empezó como una moda pasajera se transformó en un aluvión de usuarios que remada tras remada se vuelven más fanáticos de este tipo de pértigas. Algunos lo hacen por el apego emocional a las viejas tradiciones de los kayakistas esquimales, y otros porque estas angostas palas –estéticamente, hermosas–  tienen un muy buen rendimiento en la remada y en las técnicas del rol y de los apoyos laterales. No así en la velocidad. Ahora bien, para lograr que estas cucharas –de hoja muy angosta y pensadas para kayaks minimalistas– entreguen el 100 % de impulso y energía como para propulsar un kayak de travesía moderno, hay que prestarle mucha atención a la técnica de remada que, dicho sea de paso, es diferente de la normal con las cucharas asimétricas.

La remada. Normalmente construidas en madera, son palas muy flexibles y, por ende, más amigables con las articulaciones y los músculos. Las que se comercializan en la Argentina son las denominadas del Este de Groenlandia. Los pueblos inuits las confeccionaban con madera y huesos, como el omoplato del perro. Hay tantas palas esquimales como diseños de kayaks, aunque la groenlandesa es la que mejor se adapta al canotaje como deporte moderno. Al ser más cortas y sin giro, permiten un agarre estrecho que facilita la remada cerca del cuerpo y con los codos juntos, es la denominada “remada seca”, ya que en esa posición la palada moja muy poco al palista, algo imprescindible en las heladas aguas del ártico.

Las manos. Se separan entre sí unas cuatro veces su ancho. Al principio puede desorientarnos la forma de introducir la cuchara en el agua, ya que tienen un formato no tan hidrodinámico como las cucharas europeas, pero bastarán algunas cientos de remadas para comprender la dinámica del movimiento. Así es: estas cucharas pasan por el agua acompañadas por una fuerte rotación del torso, que debería pivotear de un lado al otro durante el movimiento. La fuerza de tracción proviene en primer lugar del torso, la espalda y las piernas, que deberían efectuar el pedaleo. De esta forma el cuerpo trabaja rítmicamente y al unísono. Claro que siempre se debe destacar que cada palista debe descubrir su forma más eficiente de palada.

Consejo de especialista. Greg Stamer, un estudioso de los kayaks esquimales, aconseja que el brazo que empuja debería moverse recto a lo largo de la borda, utilizando un fuerte empuje-tracción de la parte superior del torso. A diferencia de la palada con hojas asimétricas, donde muchos remeros emplean técnicas de travesías más relajadas y sin tanta rotación del cuerpo, con la palada groenlandesa es imprescindible aplicar la fuerza en conjunto para poder traccionar con más fuerza y compensar la escasa superficie de la hoja.

Dónde descollan. Estas cucharas son excepcionalmente útiles cuando se rema con viento o cuando hay mucho oleaje, porque prácticamente no ofrecen resistencia a las ráfagas o a las crestas que rompen. Los esquimales también las usaban como estabilizadores de flotación. En estos casos, debemos mantener las manos muy bajas y la pértiga a unos 35º en relación a la cubierta. El mango no es completamente ovalado y su forma de cubo con los bordes redondeados suele resultar incómodo. Ese agarre más ancho puede generar tendinitis en algunos palistas. Al tomar la cuchara el agarre es más corto y esto da la falsa impresión de no poder efectuar una buena palanca sobre la cuchara.

Experiencia. Con el paso de los minutos notaremos que la palada pasa con mucha facilidad y logra un muy buen avance y control. Ni qué hablar cuando efectuamos apoyos laterales, que con estas cucharas es un placer realizarlos ya que la hoja angosta se desliza por el agua con una suavidad asombrosa. También el rol se efectúa con mucha sencillez por la facilidad del barrido y la robustez de la pala que permite efectuar la maniobra sin temores a las roturas. Además, son muy útiles en travesía porque su escasa superficie de tracción descansa al palista, es decir, se efectúan paladas más relajadas y sin tanto arrastre de agua, lo que implica con el paso de las horas un menor desgaste físico.

Nota completa en Revista Weekend del mes Septiembre 2018 (edicion 552)

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