Los gladiadores del Juramento

Dorados combativos en el río salteño, con algunas tarariras a pez visto, que ponen la adrenalina al máximo más de una vez. Galería de imágenes.

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El río Salado es un clásico dentro de los destinos bonaerenses, con la mayoría de sus pesqueros de fácil acceso. Y como en todos se pesca desde la costa, son muy aptos para concurrir con la familia. En esta oportunidad elegimos probar en El Destino, pesquero ubicado al lado del puente de la ruta 57 y a solo 15 km de la autovía 2.

 

Partimos un martes bien temprano, previo chequeo del pronóstico meteorológico que auguraba condiciones óptimas. Como es habitual en las visitas que realizamos a la zona, nuestro anfitrión sería Jorge López, un gran conocedor de esta región. El lugar de encuentro fue en el Km 71 de la autovía 2, donde nuestro amigo tiene su local de venta de carnada. Desde allí salimos hacia el paraje El Destino, situado a la vera del río Salado, muy apto para intentar la pesca del pejerrey a lo largo de sus 8 km de costa.

 

 

Buscar el mejor sector

 

 

Al arribar pudimos comprobar que la correntada del río era muy fuerte, nada bueno ya que las líneas derivan muy rápido y esto no es apto para intentar la pesca del pejerrey. Frente a este panorama, entró a tallar la capacidad de Jorge para ubicar una zona de pesca favorable. Minuciosamente fuimos analizando la orilla del río buscando una curva, punta, bahía o sectores donde se forman remansos, es decir, accidentes en los que la línea pudiera derivar más lentamente.

 

Así fue que elegimos una punta saliente que formaba un lindo remanso y nos permitía pescar al lado del río. Allí comenzamos el armado de los equipos: utilizamos cañas telescópicas de 4 metros de grafito y acción de punta. Es muy importante que las varas sean livianas, ya que se trata de una pesca en la que debemos mantener la caña en la mano. El reel será pequeño, con capacidad para 100 metros de multifilamento del 0,16 mm, muy útil cuando hacemos derivar la línea ya que flota y no entorpece su desplazamiento. En caso de usar nailon (0,30 mm) se deberá impregnarlo con flotalíneas.

 

La técnica a emplear consistía en arrojar la línea en diagonal en contra de la corriente y dejarla que derivara en forma lenta. Asimismo, ir acomodándola con pequeños movimientos de la puntera de la caña para que navegue en forma alineada.

 

Los primeros lances los hicimos lejos de la costa, pero la línea derivaba muy rápido y no teníamos pique. Era el momento de cambiar de técnica. Ahora hicimos los lances más cortos, cerca de la ribera. El aparejo derivaba más lento y el agua estaba más clara. Y de esta manera comenzamos a tener piques y a capturar pejerreyes. El primero en tomar la carnada fue un lindo ejemplar de 36 centímetros. La medida realmente nos entusiasmó mucho, pero luego comprobaríamos que iba a ser el mayor de la jornada. Después cobramos varios más, pero el promedio de los ejemplares osciló entre 25 y 30 cm, aunque los chicos también se daban en cantidad.

 

Por lo general, es norma en este río que al arrojar la línea más lejos y dejándola derivar se capturan pejerreyes más grandes. Pero así sucede cuando la correntada no es tan fuerte y permite hacer derivar la línea en forma más despaciosa. En esta oportunidad, el Salado arrastraba mucha agua producto de intensas lluvias y además venía muy turbia, por esa razón la mayoría de los piques se producía cerca de la costa, donde el agua corría menos y venía mucho más nítida.

 

 

Los aparejos

 

 

Utilizamos líneas de flote clásicas para la pesca del pejerrey. En mi caso, un aparejo de tres boyas yo-yo de un diámetro de 0,18 mm en color naranja flúo. Y un puntero lastrado con brazolada con anzuelo y con profundidades que oscilaban entre 25 y 30 cm, teniendo la mayoría de los piques en las honduras más cortas. El pejerrey tomaba la carnada y arrastraba la boya en forma decidida.

 

Por su parte, Jorge optó por una línea de tres boyas sin puntero, aparejo que también funcionó muy bien obteniendo la mayoría de las capturas en la primera boya. Había que estar muy atento al desplazamiento de las boyas, ya que el pique era muy rápido y había que clavar velozmente. Lo interesante fue que todos los pejerreyes venían clavados de la boca, ninguno tragado, lo que nos permitía devolverlos al agua sin daño alguno.

 

Como carnada utilizamos mojarritas, filet de dientudo y Mortífera (tiritas de pescado coloreadas y saborizadas, usadas solas o combinadas con filet o mojarrita). Un detalle a tener en cuenta es que no debemos dejar la misma carnada mucho tiempo, ya que se lava y pierde efectividad.

 

La mayor cantidad de piques se dio entre las 9:30 y las 12:30. Luego aumentó la intensidad de la correntada y el pique disminuyó.

 

Otro buena opción que presenta este generoso río es para los amantes de la pesca de fondo con lombriz, que permite capturar una rica variada. Pudimos observar aficionados pescando de costa con líneas de profundidad y capturar una gran cantidad de peces que incluía patíes, bagres y carpas, con algunos ejemplares de muy buen tamaño.

 

La jornada la dimos por terminada con más de 30 piezas. Y no dudamos de que con el correr de los días, a medida que el río se normalice y disminuya la intensidad de la correntada y el agua se aclare, la pesca del pejerrey irá en aumento y hará las delicias de la gran cantidad de aficionados seguidores de este atractivo pez que hace honor a su nombre.

 

 

 

Nota publicada en la edición 488 de Weekend, mayo de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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